Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

La TV nos vende un fútbol con stevia

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Martes 14 de mayo 2019

comentarista,
@guapodelabarra

Resulta absurda la narrativa que se ofrece a los espectadores ecuatorianos por parte de los encargados de transmitir por televisión los partidos de la Serie A ecuatoriana, quienes se esmeran en convencernos de que el fútbol es una actividad en que todo transcurre con una cortesía y una perfección tales que hacen ver a la japonesa Marie Kondo, la reina de la organización, como una improvisada tercermundista.

Es altruista que no se fomente la violencia ni el desorden; en Europa, por ejemplo, la TV no muestra a esas personales que se meten en medio de un partido para pedir autógrafos a las estrellas o para correr desnudas mientras driblan al personal de seguridad por toda la cancha. Pero otra cosa es querer ocultar un apagón, un incidente en las gradas o una bronca en la cancha.

¿Realmente, en estas épocas en que la gente usa las redes mientras mira el partido, es factible ocultar que se fue la luz de un cotejo tan importante como el clásico del Astillero? ¿Es racional pretender que un hecho violento entre los espectadores o una patada de un pasabolas a un jugador, no solo que sea censurado por la TV, sino pretender que nunca pasó?

Basta de ponerle stevia al fútbol. Basta de contarnos una mentira, la de que el fútbol ecuatoriano es una maravilla, como si fuera la portada de una revista de mormones. No lo es, y tampoco tiene por qué serlo. El fútbol es reflejo de la sociedad y no al revés.