Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

El sueño de construir un estadio propio

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Martes 20 de noviembre 2018

Comentarista,
@guapodelabarra

El estadio propio fue (y sigue siendo) el sueño de muchos clubes que han fracasado en su meta de construirlo. Ahí está un equipo que hasta llegó a presentar maquetas, que incluían lujosas suites y hasta un centro comercial.

Y ahí está otro club, hoy todavía aferrado a convertir el terreno que posee, cortesía de la dictadura, en un escenario deportivo a la altura de su linajudo pasado. Pero los sueños son solo eso, sueños, si no van acompañados de gestión y voluntad.

En cambio, hay otros dirigentes que hablan menos y hacen más. Bueno, es verdad que en el caso de Luis Chango, el mandamás de Mushuc Runa, no se guarda nada cuando tiene un micrófono al frente; pero ha logrado que la comunidad de Echa Leche, en los páramos de Tungurahua, tenga un estadio profesional de fútbol. A primera vista se puede pensar que el dinero de la cooperativa indígena del club permitió la construcción de esta obra, pero hay más que eso: se debió tener perseverancia para vencer a la especulación de precios de los terrenos aledaños y convicción para sacar los planes adelante, sin apoyo público de ningún tipo. Y ahí está: mientras unos se esperan a que el Gobierno colabore, aparece un estadio levantado con mingas de la propia comunidad.

Por supuesto, un estadio no garantiza los éxitos deportivos ni tampoco los financieros; pero hay planes deportivos (ser campeón de Ecuador) y sociales (reivindicar a las comunidades indígenas) que hacen de este estadio algo más que un montón de cemento.