Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Mundial, día 27: ¡los Balcanes retumban en el planeta!

COMPARTIR
valore
Descrición
Indignado 2
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 2
Contento 23

Alejandro Ribadeneira, Comentarista, @guapodelabarra

Si Yugoslavia no se hubiera desintegrado, habría sido el primer país de la sufrida región de los Balcanes en jugar una final mundialista. Incluso la habría ganado.

La estupidez de la guerra, los prejuicios religiosos y raciales, las consecuencias del totalitarismo y los infaltables intereses de las potencias occidentales causaron la atomización de Yugoslavia en varias repúblicas. Si eso no hubiera ocurrido, si Yugoslavia hubiera resistido unida en una federación democrática luego de que se produjo la caída del socialismo en Europa oriental a inicios de los 90, la selección de ese país habría sido temible (bueno, siempre lo fue). Este día, Croacia dio el gran golpe y accedió a la final, para hacer justicia a una región que siempre tuvo estupendo jugadores y sesudos directores técnicos.

El equipo del estratega Zlatko Dalic, quien siempre lleva un fetiche religioso en el bolsillo para conectarse con lo divino, fue todo corazón para derribar a Inglaterra, pero también fue estrategia y paciencia. Como ha ocurrido desde octavos de final, Croacia empezó abajo en el marcador y debió realizar todo el despliegue posible y además superar los límites físicos para remontar. Otra vez, fueron necesarios los alargues aunque el gol de Mandsukic evitó ir de nuevo a los penaltis y dejar todo 2-1. Este gol fue hasta karmático, pues poco antes el arquero inglés Pickford –la revelación del torneo- le dio un planchazo desleal y luego le gritó alguna cosa.

Pero fue mejor aún el cambio de posiciones entre Rebic y Perisic que ordenó el DT para fomentar las diagonales, dar mejor respaldo a Mandzukic y otorgar más libertad a Rakitic y Modric, los conductores de los ataques. Modric, que alguna vez fue llamado el Cruyff de los Balcanes, volvió a firmar un cotejo brillante y demostró que está en modo Balón de Oro. Deberían dárselo hoy mismo, sin esperar el resultado de la final.

Croacia ha mostrado en todo el torneo un valor extraordinario y merece esta final. Inglaterra, en cambio, que llegó a esta instancia gracias a la obsesión de su entrenador con las jugadas a partir de la pelota quieta, careció de otras virtudes para ampliar la cuenta. De 12 goles, nueve fueron de esa manera. Croacia, en cambio, ha marcado desde todas las posiciones y variantes, con más recursos. Por supuesto, no hay que estigmatizar la preparación de estas jugadas. Al contrario, también son parte del fútbol e Inglaterra, que llegó a Rusia con un equipo vilipendiado, además mostró temple y carácter, aunque careció de más roce por la juventud de la plantilla. Su entrenador, Gareth Southgate, se impuso la tarea de dejar atrás los rotundos fracasos de los representantes ingleses en los mundiales. Aprendió los ‘secretos’ de deportistas de baloncesto, boxeo y rugby de alto nivel. Construyó un equipo dentro de un proyecto más grande, el cual ya ha dado resultados: Inglaterra es el campeón mundial vigente Sub 17 y Sub 20. Ha sembrado para el futuro.

Pero estamos en el presente, y ese le pertenece a Croacia y los Balcanes.