El guapo de la barra

Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.

Alejandro Ribadeneira

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Mundial, día 13: ¡Volvieron los amigos de Messi!

Alejandro Ribadeneira, Comentarista, @guapodelabarra

Qué pena que la puntería de Perú se afinó en el partido final, cuando ya estaba eliminado; pero al menos sirvió para llevarse consigo a una Australia que buscaba la clasificación, festejar un gol y dar una alegría a los peruanos, que desde 1978 no ganaban un partido mundialista.

Este triunfo de 2-0 también fue para que se coree desde las gradas ‘Gareca no se va, Gareca no se va’, y para ver un gol de Paolo Guerrero, protagonista de una telenovela con más sintonía que cualquier serie de narcos (y prácticamente por los mismos motivos). Lo mejor estuvo, sin embargo, en el gesto de Guerrero luego del cotejo, en que dio declaraciones puesto la camiseta de Farfán, jugador que no pudo estar ante Australia por un fortísimo golpe en la cabeza en las prácticas que lo mandó al hospital.

Aunque Australia tenía opciones de entrar a sus segundos octavos de final de su historia, Tom Rogic y Mathew Leckie fracasaron en su empeño de anotar. Perú le cedió la iniciativa al equipo rival (algo razonable, pues el equipo de Bert van Marwijk era el que necesitaba los puntos) pero controló a los australianos en el medio campo, mientras contragolpeaba con peligro. Es inevitable pensar qué hubiera pasado si Cueva no fallaba ese penalti ante Dinamarca, en el debut.

Como es inevitable pensar en que hubo un pacto de no agresión entre franceses y daneses, que aburrieron en el primer 0-0 de este torneo. Ese resultado les convenía a ambos, así que Antoine Griezmann volvió a repetir las grises actuaciones que ha registrado en el Mundial. Lo más destacable de este ¿tongo? fue la marca de Didier Deschamps, que alcanzó a Raymond Domenech como el seleccionador francés con más partidos (79). Pero, de todos modos, el partido mereció un sonoro “¡buuu..!” por parte del público.

Lo de Francia fue paupérrimo, pero la clasificación de Argentina, su rival en octavos, fue una odisea en que, más que fútbol, hubo emociones, heroísmo y entrega. Lionel Messi marcó su primer gol en el Mundial con una soberbia definición en que demostró su señorío sobre la pelota. Además, se juntó muy bien con Ever Banega, por lo que es increíble que este volante del Sevilla no haya sido titular antes. Si esto fue un acierto del DT Sampaoli, fue discutible que Gonzalo Higuaín haya sido el centrodelantero titular y que, cuando los nigerianos estaban sosteniendo el 1-1, metiera al pibe de Meza. Además, Dybala y Lo Celso siguen relegados.

Pero la osadía de Sampaoli dio resultado, en parte porque los ‘Amigos de Messi’ mostraron muchísima más actitud que en los duelos con Croacia e Islandia (la imagen del rostro sangrante de Mascherano, que jugó con garra pero cometiendo errores, genera un revoltijo de sentimientos).Y en parte porque los nigerianos optaron por una estrategia defensiva, cediendo la pelota, además de mostrarse poco capaces de atacar por las bandas y menos aún ganar la raya. Solo hubo una jugada de mano a mano en que el arquero Armani, como presagiaba su elegante apellido, resolvió con estilo. En realidad, el delantero más peligroso de Nigeria fue el VAR, que les dio un penal muy dudoso pero que les negó otro mucho más claro.

El entrenador Gernot Rohr pagó un alto precio por su especulación: al 86, Rojo anotó el 2-1 y recién el alemán ¡se puso a hacer cambios! Así es: metió a Alex Iwobi en el 90 y a Simeon Tochukwu Nwankwo en el 90+2. ¡Al menos métalos juntos! Lo más rescatable de Nigeria terminó siendo la gimnástica pirueta con la que Víctor Moses celebró su anotación.

PD: Maradona en los palcos monta un circo impresentable. No está mal bailar y pasar por divertido, pero esos gestos obscenos y esa propensión a atraer cámaras es enfermiza. Luego, como Abraham Simpson, hasta se queda dormido. La culpa es de quienes lo endiosan, los que le dan cuerda en esto de querer meterse como sea en los triunfos ajenos.