El guapo de la barra

Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.

Alejandro Ribadeneira

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Dejen de perder el tiempo y llamen a Felipe Caicedo

El jugador ecuatoriano Felipe Caicedo (cent.) celebra uno de sus goles en la vitcoria de la Lazio ante el Spal.

El jugador ecuatoriano Felipe Caicedo (cent.) celebra uno de sus goles en la vitcoria de la Lazio ante el Spal.

Hay gente confundida sobre Felipe Caicedo, quien renunció a la Tricolor un 14 de septiembre del 2017, luego de que el nefasto Gustavo Quinteros fue separado del equipo por los papelones que estaba cometiendo en la dirección técnica. El delantero quiso ser leal con su entrenador y se retiró, en parte porque estaba convencido de que el proceso debía terminar, en parte porque estaba cansado de los insultos de la afición, sobre todo del racismo. Caicedo era el segundo artillero de las eliminatorias, pero eso no bastaba.

El tiempo lo cura todo, dice el tópico, pero al parecer para muchos no ha pasado tanto como para dejar este episodio atrás. A pesar de que Caicedo es el mejor delantero del país y uno de los poquísimos futbolistas con verdadero linaje europeo que tiene el país, hay resistencia en convocarlo. Para un sector, su renuncia pública lo descarta por los siglos de los siglos de la Tricolor. Y amén.

Pero no es así. Una vez más, hay que insistir en que una Selección no es el país. No lo representa, o no al menos como pretende esa visión chauvinista y maniqueísta de la Patria en que prácticamente la camiseta es una bandera con mangas y cuello. Es un honor jugar en la Tricolor, pero decir un rotundo “no” cuando surge un desacuerdo no merece ni el exilio eterno ni el olvido. Al contrario, la postura de Caicedo fue muy digna, a pesar de que Quinteros se volvió impresentable. Pero no olvidemos que el racismo de ciertos hinchas también motivó que el jugador decidiera priorizar su carrera y su familia.

El entrenador Jordi Cruyff debe saber que no existe nadie mejor que ‘Felipao’, quien tiene muchos méritos en esta temporada. Pasó de la banca de Lazio a demostrar que puede formar una dupla temible con Ciro Inmobile. Marca goles pero también asiste. Arrastra marca y abre espacios. Y se ganó el respeto de una hinchada racista y fascista, como son las que avivan a los clubes viejos de Europa.

Caicedo debe volver a la Tricolor, no solo por los goles y las asistencias, sino porque su ejemplo es inspirador para los jóvenes futbolistas. Pocos pueden contar cómo dejó Guayaquil para irse a Suiza. Pocos pueden narrar las aventuras que vivió en Inglaterra y Rusia, y lo que vive ahora en Roma, una de las capitales del fútbol.

Con 31 años y en gran forma, tiene la capacidad, pero también el derecho, de jugar por su país otra vez. Su presencia no garantizará triunfos ni goles, así como la de Messi no lo hace en la mismísima Argentina, y es verdad que de todos modos el proceso de Cruyff está recién empezando; pero es indiscutible que el equipo ganará en fuerza y prestigio si ‘Felipao’ se pone la 9. Así que dejen de perder el tiempo y llámenlo de una vez.

Felipe Caicedo celebra uno de sus goles en la victoria de Lazio ante el Spal. Foto: AFP