El guapo de la barra

Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.

Alejandro Ribadeneira

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Cruyff, entre el covid-19 y las pensiones alimenticias

El entrenador holandés de la Tri, Jordi Cruyff, en la Casa de la Selección, en Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El entrenador holandés de la Tri, Jordi Cruyff, en la Casa de la Selección, en Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El pánico mundial por el coronavirus y la suspensión de las eliminatorias le permiten al entrenador Jordi Cruyff ganar más tiempo para conocer a los jugadores ecuatorianos. Aunque, de todos modos, lo poco de lo que pudo enterarse no era precisamente auspicioso y, en lugar de agregar nombres, estaba tachándolos de su lista.

Renato Ibarra, por ejemplo, era uno de los considerados. Llamado por muchos como el sucesor natural de Antonio Valencia por jugar en el mismo puesto, estaba quedando fuera por su escándalo familiar. En estos tiempos de lucha en contra de todo tipo de violencia, es poco probable de que Cruyff, un señor educado en la modernidad, tolere su presencia.

Tampoco se muestra muy confiable PPP, quien mantiene la eterna tradición de que todo club tiene al menos un jugador que no paga las pensiones alimenticias y es acechado en los aeropuertos. 

Dicen que un potencial arquero de la Tricolor está en las mismas, pero que la suspensión de los cotejos ante Argentina y Uruguay le da aire para arreglar el lío antes de que el escándalo sea público.

Cruyff debe estar algo asombrado de esta faceta del jugador nacional, que va más allá de la parte deportiva, la potencia física, el control del balón y la talla. Hay un enorme déficit en el rubro de la disciplina personal, culpa en parte de la situación económica y familiar de la que provienen los deportistas, culpa en parte de las malas decisiones que se toman cuando se tiene algo de dinero.

El DT también debe haberse quedado de una pieza al ver a un excrack de la Tricolor, mundialista y hombre record, peleando en la calle, de tú a tú con un hincha que se portó algo agresivo y que acabó cuan largo es en el piso.

Pero eso también es el Ecuador. Ojalá, en vista de que tiene tiempo porque el coronavirus lo tendrá estacionado en el país, pueda diseñar una estrategia para ayudar a que el jugador promedio de este país dé un salto de calidad, no solo en lo deportivo, sino también en cuanto a respeto y consideración dentro de su hogar.

El entrenador holandés de la Tri, Jordi Cruyff, en la Casa de la Selección, en Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO