La columna expone temas urbanos de las ciudades, las experiencias positivas de las ciudades y sus habitantes, prevención de desastres, la conectividad vial del país y el turismo. Otros artículos del autor: http://bit.ly/bttyJumbo
Betty Jumbo
Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Central, diplomado por la Universidad Andina Simón Bolívar y maestría por la Universidad de Miami (Estados Unidos).  Es periodista desde 1995. Actualmente, es Editora de la Sección Ecuador en El Comercio.

Ellos inspiran y contagian

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Jueves 08 de noviembre 2018

En Napo, Orellana, Manabí, Tungurahua y Chimborazo se han contagiado de algo bueno: emprender. Esa palabra puede sonar a lugar común de tan repetida que es, pero no es así.

Sus habitantes -en su mayoría agricultores- aprendieron a elaborar chocolates o derivados de cacao, mermeladas de frutas y hortalizas, café molido o cremas de café, té de guayusa, ropa industrial, artesanías o dan servicios de turismo comunitario.

Solo son algunos ejemplos de los emprendimientos que se desarrollan en esas provincias. Con seguridad, esa misma fiebre se vive en el resto del país.
Es tanto el empeño y la lucha que le ponen, que parecen inmunes a la crisis, de la que los demás nos quejamos diariamente.

Y en verdad, ellos no se quejan. En Tsatsayaku, un negocio de chocolate de 180 familias de Napo, los campesinos kichwas están empeñados en producir más barras de esa golosina, bombones o en la construcción de una nueva tienda para vender sus productos o la de sus vecinos.

Sus socios -si se los puede llamar así- son la Unión Europea, fundaciones italianas, la Prefectura y otros organismos de apoyo.

En Tena, las mujeres del Centro Comunitario Sinchi Warmi se capacitan permanentemente para hacer sentir a los turistas como si estuvieran en su casa.

En esa misma onda caminan los 9 000 cafetaleros de Manabí, en donde en los últimos tres años han creado 15 marcas de café; o los 880 emprendimientos de Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, Bolívar y Pastaza.

Muchos de esos productos son bien elaborados y se venden en los supermercados del país, además de las tiendas locales. Es un logro de ellos y del acompañamiento que han recibido de los municipios y prefecturas, los cuales se han involucrado activamente.

Cuando se visita sus negocios, como los de Tsatsayaku o Sinchi Warmi, se siente el orgullo que tienen por lo que hacen. Sus historias realmente son inspiradoras, como para no quejarse de esta crisis.