Análisis internacional

La columna se enfoca en alguno de los más importantes temas de la semana de impacto mundial y latinoamericano. Aspectos políticos y de coyuntura con fuentes de medios internacionales acreditadas. Otros artículos del autor: http://bit.ly/GnzloRuiz

Gonzalo Ruiz

Gonzalo Ruiz Álvarez

Gonzalo Ruiz Álvarez es Subdirector Adjunto de este Diario desde 2008. Ha sido articulista de opinión en EL COMERCIO desde 1991. Dirige el espacio de opinión matutino en Radio Quito y Platinum FM. Ha trabajado en radio y TV desde 1978.

10 años de guerra civil en Siria sin un final de conflicto a la vista

La larga guerra civil que azota Siria ya cobra 387 000 muertos.

En 10 años, 12 millones de personas han sido desplazadas de sus lugares de residencia. La población se estima en 22 millones de habitantes, al menos antes del inicio de la guerra civil, en marzo de 2011.

5 millones 600 mil personas han emprendido un éxodo – el más grande de la historia reciente – sin rumbo cierto y sin retorno asegurado.

El destino llevó a millares de sirios a Turquía, Líbano, Iraq, Jordania y hasta al África. La migración causó una tragedia humanitaria en Alemania, entre otros países europeos que vieron llegar mareas humanas (ver cifras de la Oficina de Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur).

La imagen más conmovedora que marcó esta tragedia que enluta a millones de seres humanos fue la del pequeño niño Aylan, ahogado en una playa turca, cuyo cuerpecito fue rescatado por un policía. Una foto que conmovió al mundo en 2015, pero no paró la guerra.

El Gobierno de Bashar Al Asaad parece estar al mando de la situación, pero la devastación ha sido horripilante. Ciudades destruidas, hambruna, familias mutiladas y una hiperinflación incontenible que tiene al 90% de la población en la pobreza.

La historia de esta guerra civil nace a la par que la famosa Primavera Árabe, que derrocó al Gobierno de Egipto y conmovió a varios países de esa zona del mapa mundi. La condición de Siria es especial puesto que comparte fronteras con Jordania, Turquía, Iraq, Israel y Líbano.

El telón de fondo de la guerra civil es religioso, pero entre las decenas de grupos guerrilleros se jugaron intereses del tablero geopolítico mundial. En especial la injerencia de potencias como Turquía y Rusia.

Tampoco se puede desdeñar el apoyo foráneo a varios grupos guerrilleros con armas y mucho dinero, incluso de varios países occidentales, pero esas guerrillas fueron devastadas por el poderoso Ejército sirio, armado hasta los dientes con el potencial bélico que data de la época de la Unión Soviética.

Tal cual. En la Guerra Fría, Hafez Al Asaad, un general sirio, mandatario durante años y padre del actual presidente, mantuvo una alianza estratégica con la URSS y tuvo gigantes empréstitos, material bélico de alto poder y asesoría, lo que signó a Siria como una potencia gravitante en una zona geográficamente estratégica en Oriente Próximo.

La guerra civil desatada hace diez años no pudo ser frenada por la impotencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el poder de veto de grandes potencias en el núcleo del organismo de la ONU.

Un nuevo factor crucial fue el ataque externo que provino de Iraq, a cargo del grupo terrorista auto titulado Estado Islámico, que acrecentó la sangría de muerte y destrucción.

El armisticio – paz armada, ¿equilibrio del terror? – entre Turquía y la URSS pacificaron en algo la situación. Aunque la solución integral no llega. Al Asaad sigue gobernando desde un disfraz de democracia sin condiciones reales para un ejercicio pleno de un voto popular que exprese los afanes de progreso y libertad de la población.

El inicio de la nueva administración norteamericana puso una pica en Flandes en la situación siria, al bombardear posiciones de la guerrilla integrista.

Así, Siria vive una década de terror, guerra y tragedia humanitaria sin solución a la vista.