La columna se enfoca en alguno de los más importantes temas de la semana de impacto mundial y latinoamericano. Aspectos políticos y de coyuntura con fuentes de medios internacionales acreditadas. Otros artículos del autor: http://bit.ly/GnzloRuiz
Gonzalo Ruiz Álvarez
Gonzalo Ruiz Álvarez es Subdirector Adjunto de este Diario desde 2008. Ha sido articulista de opinión en EL COMERCIO desde 1991. Dirige el espacio de opinión matutino en Radio Quito y Platinum FM. Ha trabajado en radio y TV desde 1978.

López Obrador y el avión presidencial

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Domingo 23 de septiembre 2018

Un gesto ejemplar del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, AMLO. ‘No me voy a subir al avión presidencial. Subirme a un avión de tanto lujo en un país con tanta pobreza, se me caería la cara de vergüenza’. Él debía regresar a Ciudad de México el miércoles desde Oaxaca, pero una tormenta le dejó cinco horas en el avión comercial. Tampoco irá a vivir a la residencia de Los Pinos; gesto que lo acerca a aquellos de Pepe Mujica y que pone a pensar.

Cuando la transmisión de mando del presidente Febres Cordero, George Bush padre llegó a Quito con un inmenso operativo de seguridad, avión y dos enormes naves equipadas con todo. El Vicepresidente de EE.UU. debía estar dispuesto a asumir la presidencia y gobernar desde cualquier lugar de la tierra: China o Ecuador, si una emergencia se le presentaba al presidente.
Fidel Castro vino a la posesión de Rodrigo Borja con otro despliegue grande de seguridad y hasta comida personal.

En el Consejo de Seguridad de la ONU el presidente Carlos Andrés Pérez, en los años dorados de la era petrolera venezolana (la Arabia Saudita de Sudamérica) se hizo presente. En el avión presidencial llegaban a cubrir la cita unos 70 periodistas, que en cuanto bajaron coparon la sala de prensa.

Rodrigo Borja, miembro del Consejo de Seguridad, viajó entonces en un vuelo comercial de Ecuatoriana. Adelante iba junto con el canciller Diego Cordovez. Unas filas atrás, su edecán y Rodrigo Rangles, jefe de prensa.

El gigante despliegue de aviones presidenciales (en la época del festín, a los jeques ecuatorianos de la Revolución Ciudadana se les ocurrió que debían ser dos), aunque ahora digan que la comida llegaba en tarrina (imaginemos el rancio sabor de un chaulafán guardado en largos viajes) el boato ofende.

Los revolucionarios tropicales nunca aprendieron de gestos como los de AMLO o Mujica, puede más la soberbia de un Maduro comiendo a placer en Turquía y con su pueblo famélico. ‘La hoguera de las vanidades’.