La columna se enfoca en alguno de los más importantes temas de la semana de impacto mundial y latinoamericano. Aspectos políticos y de coyuntura con fuentes de medios internacionales acreditadas. Otros artículos del autor: http://bit.ly/GnzloRuiz
Gonzalo Ruiz Álvarez
Gonzalo Ruiz Álvarez es Subdirector Adjunto de este Diario desde 2008. Ha sido articulista de opinión en EL COMERCIO desde 1991. Dirige el espacio de opinión matutino en Radio Quito y Platinum FM. Ha trabajado en radio y TV desde 1978.

Lula y la foto de los que aplauden

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Domingo 10 de noviembre 2019

El líder del Partido de los Trabajadores dejó la cárcel y desató el jolgorio. Sus partidarios, que son millones, festejan. Lula se reestrena en el tiempo de los discursos. Los teóricos de la ‘criminalización de la política’ hacen fiesta a su sombra.

La verdad es que los 580 días, acaso no serán los únicos que el ex presidente tenga que pasar en prisión, aunque para volver tras las rejas, según el alto tribunal cuyo fallo lo dejó en libertad, se habrán de agotar todas las instancias judiciales de este proceso, pero Lula tiene otros juicios.

Lula fue un líder social formidable. Su experiencia como sindicalista le llevó a continuar y profundizar los programas de atención a los más pobres y a seguir los programas que con ahínco había comenzado el socialdemócrata Fernando Henrique Cardozo.

Pero la ceguera del poder lleva a la codicia. La operación Lava Jato desnudó los escándalos de corrupción de un sistema perverso que funcionaba a la ‘perfección’. Las grandes empresas constructoras pagaban millonarias coimas a los altos dirigentes políticos y a los partidos. Los constructores no perdían. El valor se cargaba al erario nacional, es decir al dinero de todos – los más pobres también, claro – y los políticos financiaban campañas y vivían como reyes.

Así, Dilma ex alto cargo de los gobiernos de Lula fue destituida como presidenta. Lula ha sido imputado y sentenciado. Dicha sentencia se modificó muchas veces. Y quedó en 8 años de los cuales todavía no cumplía el segundo al salir en libertad. Tiene otra en primera instancia por 13 años. Le dieron un departamento como pago a sus favores. Pero ahora no podrá ser candidato hasta que se sustancie el último expediente.

Pero es tremendo que se haya cargado una opción importante de seguir sacando a millones de la pobreza y la ambición personal lo haya hundido, aunque todavía tenga a millones de partidarios.

Por ahora habrá que preocuparse de los que aplauden a Lula. Son el grupo de Puebla: Alberto Fernández, victorioso pese a que cobija a la corrupta Cristina; Enríquez Ominami, que cena distendido mientras Chile se incendia, y un despreocupado Guillaume Long, ¿se acuerdan de él?