Análisis internacional

La columna se enfoca en alguno de los más importantes temas de la semana de impacto mundial y latinoamericano. Aspectos políticos y de coyuntura con fuentes de medios internacionales acreditadas. Otros artículos del autor: http://bit.ly/GnzloRuiz

Gonzalo Ruiz

Gonzalo Ruiz Álvarez

Gonzalo Ruiz Álvarez es Subdirector Adjunto de este Diario desde 2008. Ha sido articulista de opinión en EL COMERCIO desde 1991. Dirige el espacio de opinión matutino en Radio Quito y Platinum FM. Ha trabajado en radio y TV desde 1978.

Afganistán: la geopolítica mueve sus fichas en un estado fallido

Cuando hace unos pocos días entraban los guerrilleros del Talibán a Kabul, luego de una ofensiva que se tomaba poco a poco las más grandes ciudades de Afganistán, la estantería se venía abajo sin remedio.

Los últimos soldados extranjeros en Afganistán dejaron a fines de agosto ese país ocupado. La destrucción de algunas naves de guerra tenía un claro mensaje: No dejar nada al Talibán. Nada, es un decir, se dejó atrás desprotegida a la población civil de un país desarticulado y eso es bastante y muy complicado.

Las fotos de la prensa mundial muestran helicópteros destruídos en los hangares y también vehículos blindados ocupados ahora por los efectivos de la milicia del Talibán.

La arenga a la guardia militar en el aeropuerto de Kabul del líder político es la constatación de quien ejerce el poder por la fuerza, mientras los militares afganos y los dirigentes políticos, empezando por el hasta hace poco presidente, ya pusieron pies en polvorosa.

Es curioso el tono de las informaciones que dicen que recién el Talibán está tratando de formar un gobierno. Es claro que el país asiático ha vivido un caos generalizado donde las fuerzas del Talibán van sometiendo los pocos focos de resistencia civil por el temor, pero todavía no son un gobierno organizado.

La presencia de hombres armados en el estudio de televisión, donde un atemorizado locutor entregaba las noticias, era una clara demostración de fuerza para sembrar el miedo en la población.

En Occidente sigue el debate. Unos llevaron años pidiendo que cese la ocupación militar. Otros se quejan ahora por haber abandonado la escena y dejar al país en manos del temible Talibán.

Estados Unidos tomó la decisión. Trump ya anunció el retiro de tropas, Biden lo ejecutó desde abril y las causas lucían legítimas: miles de muertos norteamericanos y millonarias pérdidas.

La ocupación se hizo fuerte cuando se buscaba al saudita Osama Bin Laden, responsable del ataque terrorista del 11 de Septiembre, y protegido del Talibán con quien mantuvieron una alianza estratégica integrista.

El Talibán había gobernado Afganistán imponiendo las más duras formas fundamentalistas, la persecución a los opositores y el total sometimiento de las mujeres por la fuerza. Uno de los tantos anacronismos de los que se viven en el planeta. Pero Occidente no pudo dar soporte a las fuerzas afganas y ese país sucumbió de nuevo al Talibán.

Habría que seguir desmenuzando la historia de ISIS (autoproclamando Estado Islámico) su nacimiento, su incursión bélica en Iraq y Siria y sus atentados ahora en Kabul. ¿Cuál es el mensaje?

Por ahora Pakistán, que además tiene la bomba atómica, pide al Talibán integrar su gobierno. Habría que desentrañar sus intenciones de influencia en una zona que por ahora cae en manos de los integristas, pero que es pieza codiciada.

China mira espectante. Afganistán es el nuevo trofeo de caza de la geopolítica, con un Occidente que se retiró desgastado. Afganistán tiene fronteras con varios otros países y su situación en el tablero es envidiable desde la antigüedad.