Los artículos tratan sobre hecho noticiosos del ámbito de la economía, emprendimiento y la innovación. Otros artículos del autor: http://bit.ly/pMaldonado Twitter: @pedromal
Pedro Maldonado
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad del Azuay. Es periodista desde el año 2000. Colabora con el Grupo EL COMERCIO desde el 2006. Empezó en la regional Cuenca. Hoy es Editor de la Revista Líderes.

Emprendedores de escritorio

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Viernes 14 de febrero 2020

Cerca de seis años tomó elaborar una Ley de Emprendimiento en Ecuador hasta que finalmente, a inicios de este año, el proyecto llegó a la Asamblea Nacional y fue aprobado por unanimidad. Fue un hecho que generó aplausos y algunas críticas en el sentido de que pudo ser una mejor ley.

No obstante, resultó destacable, en especial porque Ecuador tiene una de las tasas de emprendimiento más altas de la región y del mundo, según distintos reportes globales. Si bien la mayoría de emprendimientos surgen por necesidad, antes que por oportunidad, la Ley aprobada por la Asamblea Nacional se encamina (¿encaminaba?) a mejorar la calidad del ecosistema emprendedor ecuatoriano.

La expectativa era alta hasta que llegó a manos del Ejecutivo, que tenía la tarea de revisar lo aprobado por el Legislativo. Los impulsores de la nueva normativa estaban tranquilos hasta que ocurrió algo inesperado: el Ejecutivo realizó 73 objeciones al documento. En palabras de los expertos, esta acción es un absoluto desconocimiento de lo que significa emprender.

Entre las objeciones se señala que un emprendimiento es el que tiene menos de tres años. También se objetó que el beneficio de acceso a capital semilla sea solo para innovaciones. Además, se elimina la participación del sector privado en el ente coordinador.

Ahora la Ley está en una suerte de limbo porque, además, el Ejecutivo no fijó un plazo para emitir un reglamento. Este momento corre el tiempo para conseguir 90 votos en la Asamblea y lograr que se vuelva a los textos originales de la Ley aprobada en enero.

Al parecer estamos ante un caso de ‘emprendedores de escritorio’ que realizan objeciones, pero que desconocen todo lo que vive un emprendedor de verdad, que arriesga capital, tiempo, familia, etc.

Lo bueno es que los emprendedores de carne y hueso siguen apostando por el país y continúan creyendo en sus ideas más allá de un veto o de una burocracia ineficaz.