1 de octubre de 2020 18:18

El mayor radiotelescopio comienza en Chile su reapertura gradual tras cierre por la pandemia

El Gran Conjunto Milimétrico/submilimétrico de Atacama (ALMA) decidió comenzar este 1 de octubre del 2020 el largo proceso de recuperación ante la mejoría en la situación con el coronavirus en Chile. Foto: AFP / ESO

El Gran Conjunto Milimétrico/submilimétrico de Atacama (ALMA) decidió comenzar este 1 de octubre del 2020 el largo proceso de recuperación ante la mejoría en la situación con el coronavirus en Chile. Foto: AFP / Observatorio Europeo Austral

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Agencia AFP

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El radiotelescopio ALMA, que con sus 66 antenas es el más avanzado del mundo, reinició este jueves 1 de octubre del 2020 el proceso de reapertura después de permanecer seis meses cerrado, aunque descarta retomar este año las observaciones científicas, informó el observatorio.

La pandemia impuso una pausa obligada en los grandes observatorios astronómicos instalados en el norte de Chile, cerrando los ojos del mundo al Universo y motivando un retraso en las investigaciones científicas de nuestra galaxia.

Desde fines de marzo todos los observatorios levantados en el árido norte chileno, que concentra casi la mitad de la observación astronómica mundial, detuvieron sus operaciones y fueron puestos en “modo seguro”, con poquísimo personal a cargo de su mantenimiento.

El Gran Conjunto Milimétrico/submilimétrico de Atacama (ALMA) decidió comenzar a partir de este 1 de octubre el largo proceso de recuperación ante la mejoría presentada en la situación con el coronavirus en Chile.

En este país, desde hace al menos dos meses, los casos se mantienen estabilizados en alrededor de 1 800 por día, lejos del pico de casi 7 000 registrados diariamente a mediados de junio pero todavía en un rango alto de acuerdo a especialistas.

“El camino hacia la recuperación de las operaciones y, en última instancia, las observaciones científicas -un hito que no se llevará a cabo este año- se ha planificado cuidadosamente”, dijo un comunicado del observatorio.

Durante los últimos seis meses, “ALMA estuvo cerrado, sin siquiera energía ni agua. Solo una sola pieza clave de su equipo, el máser de hidrógeno, siguió recibiendo energía, gracias a que fue revisada diariamente por un pequeño equipo, el Caretaker Team, que ha garantizado la seguridad y protección del Observatorio durante su cierre”, describió la nota de prensa.

El desierto de Atacama concentra las observaciones astronómicas en Chile gracias a condiciones privilegiadas para la observación nocturna. Foto: AFP

El desierto de Atacama concentra las observaciones astronómicas en Chile gracias a condiciones privilegiadas para la observación nocturna. Foto: AFP

Inicialmente, comenzó la preparación del Centro de Apoyo a las Operaciones de ALMA (OSF, por su sigla en inglés), ubicado a 2 900 metros sobre el nivel del mar en las alturas del desierto de Atacama, para el regreso del personal y contratistas.

Luego, comenzará el proceso de reinicio del sitio de operaciones del Conjunto de Antenas, ubicadas a 5 000 metros de altura, en el llamado llano de Chajnantor, en pleno desierto de Atacama.

Este desierto concentra las observaciones astronómicas en Chile gracias a condiciones privilegiadas para la observación nocturna, con una atmósfera limpia, escasas lluvias y baja humedad durante la mayor parte del año.

Proceso gradual 


En el mismo norte de Chile, las instalaciones del Observatorio Europeo Austral (ESO) -que opera en el país los observatorios ópticos de Paranal y La Silla y el radiotelescopio APEX- también comenzaron su reapertura gradual, después de permanecer varios meses en “modo seguro”.

Desde inicios de septiembre, se reiniciaron las operaciones científicas mínimas en el observatorio Paranal, que alberga el Very Large Telescope (VLT), bajo estrictas medidas sanitarias y de seguridad.

“El inicio ha sido gradual”, con sólo algunos de los telescopios funcionando, dijo ESO en un comunicado.

Con los telescopios cerrados y las antenas apagadas, los científicos se concentraron durante estos últimos meses en la infinidad de datos recopilados durante las largas noches acumuladas de observación.

Pero de todas formas la extensa detención de las observaciones implicará un retraso importante en las investigaciones en curso.

En ALMA se observan aproximadamente 4 000 horas cada año, por lo que el cierre de seis meses implica unas 2 000 horas de observación perdidas, dijo en junio a la AFP John Carpenter, científico jefe de ALMA.

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