28 de febrero de 2021 00:00

Las oportunidades no son las mismas para todos, y los países deben trabajar en reducir brechas, dice Wendy Chávez

La consultora Wendy Chávez Páez posa en su domicilio, en Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La consultora Wendy Chávez Páez posa en su domicilio, en Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor (I)

La meritocracia es un concepto puesto en crisis desde la filosofía política. La economista guayaquileña Wendy Chávez Páez desgrana en esta entrevista algunas aristas del debate.

¿Qué es y en qué ha devenido la meritocracia?

En sentido general, se basa en la creencia de que el sistema de gobierno debe ser manejado por personas más calificadas que el resto de la población, ya que ese perfil garantiza, de alguna forma, una mejor toma de decisiones. Y se aplica a otros ámbitos. Estudiosos de la pobreza, la ine­quidad y el desarrollo llevan años discutiendo. Es interesante y hasta chistoso que, hace 15 años, defendía y llevaba el portaestandarte de la meritocracia sin cuestionarme nada. Me parecía que era clarísimo ver que una persona más calificada que otra merece estar en un puesto dado. Aún pienso igual, pero voy un paso más profundo hacia la reflexión.

En apariencia es un concepto sano y natural, ¿qué cambió?

Aunque sé que entre dos personas se debería escoger a quien puede desempeñar mejor el puesto, llevo mucho tiempo entendiendo que esas diferencias en las capacidades no siempre son un ‘accidente’. El acceso a oportunidades para calificarte es inequitativo. El simple hecho de acceder a puestos por mérito puede implicar que la persona lo tiene porque tuvo muchas más oportunidades que otras: padres más educados, barrios menos peligrosos, mejores maestros, mejor acceso a la salud y alimentación, entre otras cosas.

¿Eso desvirtúa la ‘debida recompensa’ que plantea un modelo político-económico basado en el mérito?

Es clarísimo que las oportunidades no son las mismas para todos, y por eso los países deben trabajar en reducir brechas de acceso a educación, salud y financiamiento; y eliminar formas de violencia y discriminación. Por otro lado, sí presenta una paradoja el hecho de que entre dos personas: una calificada y otra no calificada, si existe una ‘palanca’ gane la no capacitada, dejando en desventaja a la persona calificada. En esos casos hay que reflexionar hacia dónde quiere ir la sociedad y por cuál vía.

¿La meritocracia justifica y redistribuye privilegios, pero solo entre ciertas clases?

La idea es poner en alto el mérito que las personas han obtenido y lo comparto como ideal, pero es complejo si no se equilibran oportunidades, pues dado que la realidad es ine­quitativa existen paradojas. No solo tiene que ver con el esfuerzo propio. Tampoco debemos olvidar a las personas que luchan desde un difícil entorno para poder educarse y salir adelante, que han vivido en continua pelea contra la inequidad en la que nacieron o crecieron y un sistema meritocrático les garantiza también una recompensa por su esfuerzo.

¿El mérito es una mejor vía que la palanca?

¿Es la debida recompensa una mejor opción que la palanca para ocupar un cargo del que depende la administración de un hospital, por ejemplo? Es muy probable que la meritocracia sea la mejor vía de todas formas; de hecho, si en realidad tuviéramos igualdad de oportunidades, la meritocracia sería la vía perfecta para convivir.

¿Por qué tantos políticos de centro e izquierda han adoptado un modelo al que se le endilga un halo de perversidad neoliberal?

Creo que porque los resultados para la democracia del padrinazgo, el compadrazgo, la palanca serían nefastos, orientados solo a pocos intereses y no a la justicia social ni a la comprensión de la necesidad de cerrar brechas de acceso. El problema siguiente, entonces, es cuáles son los ‘méritos’ que valen la pena en la administración del Estado.

¿El error puede ser que en lugar de atacar a la desigualdad y trabajar en temas como la dignidad del trabajo, se acentúa a la educación superior como único mecanismo de movilidad social?

Creo que sí es un error no ver que la inequidad es el problema principal. Soluciones como la meritocracia tratan de salvar lo mejor de la sociedad pero tienen limitaciones en ciertos aspectos y casos, como hemos comentado. Por otro lado, falta hacer un concienzudo análisis de lo que se consideran méritos, pues desde mi opinión, la educación superior y el trabajo son meritorios. Creo que hay mucho trabajo que falta respecto de reflexionar sobre las realidades de grupos sociales que no han tenido las mismas oportunidades.

Wendy Chávez

(Guayaquil, 1978) Docente, consultora y economista en Gestión Pública. Es máster en Administración Pública por el John Jay College (EE.UU.) y en Asentamientos Humanos por la Universidad de Leuven (Bélgica), consultora internacional de Cepal para ONU.

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