Un espacio para hablar del bienestar que genera la práctica del ejercicio y la alimentación saludable en nuestro día a día. Aquí no hay espacio para solo el atún y la lechuga.
Paola Gavilanes
Licenciada en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Colabora con Grupo EL COMERCIO desde el 2007. Trabajó en la sección Deportes, Tendencias y Construir. Ahora escribe sobre BIENESTAR. Deportista aficionada y amante de la comida hecha en casa.

¿Esa basura es tuya? ¡Llévatela, por favor!

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Jueves 22 de octubre 2020

Fundas de papas fritas, envolturas de chupetes, latas de gaseosas y hasta mascarillas forman ahora parte del paisaje que rodea a las montañas, ríos, cascadas y playas de nuestro querido Ecuador. Ver basura por aquí y por allá es parte de la cotidianidad. ¡Lo sé!

Siempre hay alguien que arroja envolturas por las ventanas de los buses o que baja el vidrio de su automóvil para deshacerse de las colillas de los tabacos o de las cáscaras y pepas de las mandarinas que compran en la calle. También hay gente que arruma su basura en las veredas o que simplemente la arroja a los terrenos baldíos y la quema.

Sin embargo, me asombro porque la cantidad de desechos que voluntarios recolectan en sus visitas al Ilaló o al parque Metropolitano -por ejemplo- ha aumentado considerablemente después de la pandemia provocada por el covid-19.

El Ilaló –en el Valle de Los Chillos- es una de mis montañas favoritas. La visito religiosamente cada fin de año y en mi cumpleaños para llenarme de buenas energías y puedo asegurar que antes del nuevo coronavirus se veía mucho más radiante. Entonces, ¿solo para eso queríamos salir de nuestras cuatro paredes?

Yo realmente estaba convencida de que después de esta experiencia saldríamos renovados y con ganas de cuidar esos refugios naturales que con solo verlos nos revitalizan y nos llenan de frescura y de paz. Imaginen las sensaciones al recorrerlos.

La vez pasada les contaba que sumergí mis pies en el agua que cae de la cascada Cóndor Machay y que luego me sentí realmente poderosa (risas). Qué triste sería que, por culpa de nuestras malas costumbres, sitios mágicos como ese desaparezcan o se sigan contaminando.

Antes de emprender una aventura, asegúrese de guardar en su maleta una funda para colocar los desechos. Foto: Pexels

Antes de emprender una aventura, asegúrese de guardar en su maleta una funda para colocar los desechos. Foto: Pexels

La naturaleza está allí para nosotros y es nuestro deber cuidarla. De allí salen nuestros alimentos y el aire puro que respiramos. No hace falta que vayamos a podar o que sembremos un árbol en cada visita. Basta con que evitemos tocar la fauna y flora y que nos hagamos responsables de nuestra basura.

La pandemia nos enseñó que para sobrevivir necesitamos extremar las medidas de higiene, pero también que requerimos de ese contacto con la naturaleza.

Por esa razón miles de personas alrededor del mundo han llenado sus terrazas, balcones, salas y dormitorios con plantas y con materiales que evocan a la naturaleza.

Las montañas, las cascadas, las playas tienen el poder que sanarnos. Así que, por favor, lo que le pertenece a la naturaleza se queda allí y lo que nos pertenece a nosotros lo traemos en una mochila o en nuestros bolsillos.

PD: Si encontramos algo que entorpezca el paisaje traigámoslo también, así ayudamos a esos voluntarios que cada semana ‘aspiran’ esos refugios para que nosotros los disfrutemos a plenitud. Recordemos que una forma de reducir nuestros desechos consiste en utilizar envases retornables y que en lugar de los ‘snacks’ ultraprocesados podemos recurrir a un par de frutas; en el último de los casos servirá como abono. Sobre las mascarillas, no tengo nada que decir. Me parece una locura que alguien simplemente se la quite y la arroje.

¿Les cuento algo más? Tengo ganas de ir al Quilotoa. Circulan unas ‘fotazas’ en las redes sociales. ¿Qué planes tienen para este feriado?

Los leo en pgavilanes@elcomercio.com