1 de marzo de 2021 18:35

Un año sin clases presenciales, ¿deja huellas psicológicas en los estudiantes?

Imagen referencial. Instituciones educativas particulares han adaptado sus cronogramas, según las edades de sus alumnos y la revisión de las mallas curriculares. Foto: Pixabay

Imagen referencial. El 13 de marzo del 2021 se cumplirá un año de la suspensión de clases presenciales en los planteles por la emergencia sanitaria. Foto: Pixabay

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Mariela Rosero

El próximo 13 de marzo del 2021 se cumplirá un año desde que 4,4 millones de estudiantes del país dejaron de acudir a clases presenciales en los planteles del país, por la emergencia sanitaria causada por el covid-19. ¿Qué pasa con la salud mental y emocional de niños y adolescentes?

Verónica Egas, quien dirige el Centro de Psicología Aplicada de la PUCE, recuerda que a las escuelas y a los colegios, los chicos no solo acuden para aprender sino para socializar, entablar lazos con otros, hacer amigos.

La psicóloga considera que es más complejo para los alumnos que no se conocían antes de la pandemia y que solo se han visto y se han relacionado a través de medios tecnológicos. También es mucho más difícil para los niños de 3 a 5 años, que no están habituados a trabajar con pantallas.

"La falta de contacto físico con humanos nos afecta a nivel emocional y afectivo; la vida cotidiana, la rutina se ha trastocado. En el caso de la educación virtual, los pedagogos nos dicen que el Zoom o las videoconferencias cansan mucho más. A todos, también a los adultos, nos costará retomar las relaciones cara a cara, cuando esto pase. Entonces veremos los reales efectos que ha tenido sobre nosotros".

Organismos no gubernamentales como Unicef hablan del impacto pedagógico de no acudir a clases presenciales. Según sus estudios, seis de cada 10 alumnos opinan que están aprendiendo menos desde el cierre de los planteles, por el coronavirus. También señalan que el 18,8% de chicos de la Sierra ha considerado el abandono escolar. Y el 24,5% de la Costa.

Unicef también señala que por la falta de interacciones diarias con sus compañeros y la reducción de la movilidad, los niños están perdiendo su forma física y su salud mental se ha visto afectada. En Ecuador, 4 de cada 10 adolescentes afirman haberse sentido angustiados o muy tensionados, en la pandemia, según el organismo.

Verónica Egas, psicóloga, comenta que una de sus pacientes adolescentes de un plantel fiscal, le contó que ella y sus compañeros se reúnen a través de Zoom para hacer tareas. "Sienten la necesidad de encontrarse, verse, reírse y hacer algo diferente juntos, aunque no sea un trabajo grupal. Pero no hay un solo remedio para todos, depende de los casos y las condiciones, los padres de familia deben identificar situaciones, estados de ánimo y actuar".

¿De qué señales deben estar pendientes los padres? Los niños y adolescentes no solo pueden parecer tristes o deprimidos, en otros casos quizá se muestren cansados, digan que se sienten aburridos, muy sensibles, enojados, irritables, violentos, o que lloren.

Y en el caso de los adolescentes, dice, todo será una apuesta de los padres. No es lo mismo, indica, que permitan que se encuentren con unos amigos en un centro comercial que quizá en un sitio al aire libre. Todo dependerá de las necesidades de los chicos y la decisión de los padres.

Para María Fernanda Porras, psicóloga clínica, especializada en temas educativos, es necesario que se concrete el retorno progresivo, alternado, no masivo a clases presenciales, por ahora no en las zonas urbanas. ¿Por qué? Los procesos de aprendizaje requieren de manera obligatoria socialización, si no se puede discutir, compartir, reflexionar sobre el aprendizaje, este no se interioriza. Ella resalta además que las escuelas son los entornos en donde se aprende de respeto, a socializar, pero también se identifican riesgos a los que pudieran estar expuestos los alumnos.

Porras cita un estudio de la Universidad Católica, que señala que los índices de maltrato infantil han aumentado en la pandemia porque los niños están al cuidado de padres, que no son docentes, que lidian con problemas cotidianos, como laborales, de subsistencia. Hay mucha inestabilidad, angustia, ansiedad, miedos e incertidumbre.

Los niños, no solo los preescolares, dice, requieren relacionarse con otros de su edad, para aprender a resolver conflictos, jugar, correr, gritar. No le parece saludable que solo compartan con adultos. En el caso de los adolescentes le parece grave que los chicos no puedan estar con pares, porque en esa etapa de la vida ansían separarse de referentes paternos. Algunos manifiestan, apunta, signos de depresión porque no quieren levantarse de la cama, menos conectarse para las clases virtuales.

Hasta este lunes 1 de marzo del 2021, el Ministerio de Salud registra 286 367 contagiados de covid-19. Pichincha y más que nada Quito, ya suman 100 572 casos. Los hospitales registran casi lleno en las unidades de terapia intensiva. Si bien la mayoría de niños que se infecta con ese virus no desarrolla síntomas graves, un grupo que sí lo hace puede requerir hospitalización.

Padres de familia consultados temen debido a que en el país aún la vacunación no se hace de forma masiva. Recién el próximo mes se anuncia que se vacunará a profesores, pero no aún a la población en general. Los hogares comparten con abuelos y ellos son la población más vulnerable.

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