La Tuna Quiteña es una canción que retrata la capital, sus personajes, música y tradiciones de los años 40 y 50. En la actualidad, es un himno para homenajear a Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

La Tuna Quiteña es una canción que retrata la capital, sus personajes, música y tradiciones de los años 40 y 50. En la actualidad, es un himno para homenajear a Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Jueves 05 de diciembre 2019

#LACALLE

De Quintanas y bohemia: ¿Cuál es la historia detrás de la canción La Tuna Quiteña?

Redacción Afull (I)

Es un ritual: los pies se levantan; comienzan a zapatear y los ‘chullas’ entonan uno de los himnos festivos que homenajea a Quito, La Tuna Quiteña. “En el santo del Quintana vamos a pasar muy bien. Asómate con tu hermana para tomar lo que den”, cantan los quiteños amenizados por la temperatura de un auténtico canelazo capitalino. Entre historia, picardía y fiesta, la canción transporta al Quito Eterno de los años 50 cuando los faroles iluminaban la ciudad y la tertulia encendía las madrugadas. Pero ¿cuál es su historia?

Hablar del pasacalle Tuna Quiteña, dice el consagrado músico riobambeño Paco Godoy, es transitar a través de un capítulo biográfico de Quito. Él -que se define como “un quiteño nacido en Riobamba- dedicó en su juventud alrededor de un año para investigar el origen de esta melodía, parte del pentagrama musical de la capital.

Su impulso, relata, germinó cuando -con tan solo 10 años- llegó a Quito. Entonces, el corazón de la capital lo acogió. “Me abrió los brazos por este don que tengo, el de la música. Ya en mi adolescencia comencé a estar en las grandes ligas, cuando conocí Radio Quito, que funcionaba en la calle Chile, entre Benalcázar y Cuenca, y me invitaron a tocar para alegrar a la gente”, relata Godoy.

Allí -entre conversaciones e historias relatadas por César Larrea, Jorge Rivadeneira y René Torres- el músico supo de Leonardo Atahualpa Páez Maldonado, el compositor de La Tuna Quiteña. “Comencé a investigar y me di cuenta de que el pasacalle no era solo una canción, sino la descripción de todos los personajes que protagonizaron la mitad del siglo XX del Quito Hermoso

Cuando el pianista comenzó a indagar sobre esta pieza musical, vio la necesidad de remitirse al Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Ahí vio que, como figurativo, tuna es aquella vida libre y 'vagabunda' y, como adjetivo o sinónimo, es lo más cercano a pícaro. Con este antecedente, precisa que en el caso de la tuna quiteña, Páez Maldonado da cuenta que no es así: "Es tuna de gente buena / es una tuna de la legal”.

Páez -guitarrista, libretista, locutor, cantante- era un auténtico ‘chulla quiteño, aquel bohemio para quien la ‘farra’, los enamoramientos y la visión sencilla y simple de la vida eran sus principales atributos. Esa misma idea fue inmortalizada por el músico en la Tuna Quiteña.

Godoy precisa que el personaje de la canción es Avelino Quintana, propietario del fonda bar El Desafío, ubicado en plena avenida 24 de Mayo, entre las calles Cuenca e Imbabura. Para más referencias, junto a a lo que un día fue el Teatro Puerta del Sol y a pocos metros de la cervecería La Victoria.

Pero Avelino también era un ‘chulla’ especial, solidario. “Cuando llegaba el santo de Quintana, el solía llevar la cerveza de La Victoria en carretilla. En ese entonces, Quito era una ciudad pequeña y él se paseaba brindando la bebida. Se tomaba gratis y se disfrutaba. Eso era lo hermoso de esa época”, rememora el pianista.

La Tuna Quiteña retumba en desfiles artísticos para homenajear a Quito en sus fiestas. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

La Tuna Quiteña retumba en desfiles artísticos para homenajear a Quito en sus fiestas. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

En otro verso, Páez compuso: “Esta noche yo me animo/Con la Tránsito Román/ Y si quiere nos casamos más arriba de San Juan”. El pasaje musical generó una anécdota escondida en la canción. Godoy relata que el compositor sentía una profunda admiración por una joven llamada Tránsito. Pero la propuesta de matrimonio mencionada en la melodía no era precisamente real.

“Más arriba de San Juan no había nada; era un engaño. Era solamente un decir. Pero la canción tuvo tanto alcance que la madre de la joven se indignó de que la nombraran”, cuenta. Pero el enojo no quedó allí. Ella acudió a la Intendencia, dice Godoy, para poner una denuncia por el daño a la honra de su hija.

Además de picardía, Páez también homenajeó a la música quiteña. “Tocarán nos Curcos Víctor/ Cantarán nos Peñafiel/ Darán mistela rosada/ Y chinguero como miel”, una referencia del dúo conformado por los hermanos Andrade, invitados de casi todas las reuniones de los bohemios capitalinos.

La descripción de ese Quito musicalizado por el compositor también da cuenta de otros sitios tradicionales de la ciudad. El Sapo de Agua (La Ronda), El Cebollar (El Tejar) o Guangacalle (sector de La Alameda).

En otro pasaje musical suena: “Por la izquierda y la derecha, pues el pavo bailarán, zapateando y con hincadas al santo festejarán”. En el Quito de los años 40 y 50, cuando los jóvenes salían a bailar, era usual que alguien se quede sin pareja. Esa persona tenía que pasar al centro de la danza y tenía que imitar a un pavo real.

Este sentido de convivencia y fiesta impactó a Godoy, que compuso el albazo El baile del pavo, un guiño a La Tuna Quiteña que está en el repertorio de la Banda Municipal de Quito. 

Del Quito del Quintana, del que hizo historia Leonardo Páez, todavía quedan las casas coloniales y republicanas del Casco Colonial. Pero también hay nostalgia. En aquella época, los quiteños caminaban sin miedo por las calles, sin vehículos y con seguridad de saludar a otro ‘chulla’ para bailar y celebrar al santo entre comunidad.