26 de September de 2009 00:00

Zelaya y el Régimen de facto de Honduras mantuvieron un primer acercamiento

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Tegucigalpa, Nueva York.
DPA y AFP
 mundo@elcomercio.com

El depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya inició contactos informales con el Gobierno de facto desde su refugio de la Embajada de Brasil. Pero  su demanda de volver al poder continúa  trabando una salida a la grave crisis en la empobrecida nación.

Zelaya lleva seis días en la Embajada de Brasil, donde se refugió tras ingresar clandestinamente al país en un nuevo intento por recuperar  el poder que le arrebataron en el golpe militar del 28 de junio. Allí, bajo un sitio de policías y militares armados a guerra que mantienen acordonada la zona, recibió a un emisario del Régimen de facto y a candidatos presidenciales.
 
Los  aspirantes a los comicios de finales  de noviembre conversaron el jueves con el presidente de facto Roberto Micheletti y más tarde con Zelaya.  Uno de ellos, Elvin Santos, candidato del Partido Liberal de Zelaya, fue más optimista. “Las partes mostraron enorme apertura. Siento que el diálogo se puede perfectamente implementar”, dijo  al salir de la legación  de Brasil.

Pero el Gobierno de facto insiste en que la restitución de Zelaya depende de la Corte Suprema de Justicia, que lo destituyó por una supuesta violación constitucional, y del Congreso, que designó al Presidente de facto.
 
Por otro lado, el Consejo de Seguridad de la ONU calificó ayer de “actos de intimidación” y “acoso” las acciones que  lleva a cabo  el gobierno de facto  de Micheletti contra la Embajada brasileña en Tegucigalpa, donde está  Zelaya.

En una declaración leída ante la prensa y consensuada por los 15 miembros del Consejo -entre los que se encuentran Costa Rica y México-, el organismo condenó las acciones del Gobierno de facto y pidió el cese del acoso a la Embajada, llamó a la calma a las partes implicadas en la crisis y pidió que se reinstaure el total suministro de agua, luz, comida y servicio telefónico a la misión.
 
La reunión celebrada en el Consejo se hizo a petición de Brasil, que pidió al organismo que celebrara una sesión de urgencia por temor a que estuviera en peligro la seguridad de Zelaya y de la Embajada brasileña.

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