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¿Por qué hablar de violencia de género en San Valentín?

Melissa bosquejó esta ilustración el 21 de enero del 2019, cuando la marcha #TodosSomosMartha llenó las calles del norte de Quito

Melissa bosquejó esta ilustración el 21 de enero del 2019, cuando la marcha #TodosSomosMartha llenó las calles del norte de Quito

Melissa bosquejó esta ilustración el 21 de enero del 2019, cuando la marcha #TodosSomosMartha llenó las calles del norte de Quito. Foto: Cortesía Melk.

Ese lunes (21 de enero del 2019), Melissa quería gritar. Las calles del norte de Quito se teñían de negro y al unísono miles de ecuatorianos gritaban ‘#TodosSomosMartha, #TodosSomosEvelyn, #TodosSomosDiana’ en una marcha multitudinaria que clamó en contra de la violencia machista y demandó más acción a la Justicia ecuatoriana. Melissa, que trabaja como ilustradora, no logró ir. Pero en lugar de eso, llegó a su casa y se desahogó dibujando.

Hoy, 14 de febrero del 2019, compartió el bosquejo con el fin -según cuenta- de canalizar a través del arte un dolor social del que debe debatirse en un día que pretende destacar el amor y la amistad en la sociedad ecuatoriana. Lo hace en un contexto nacional que registró más de 600 muertes por violencia de género desde el 1 de enero del 2014 hasta el 18 de noviembre del 2018, según un informe la Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Alternativo. Y en el que la Fiscalía General del Estado recibió 446 denuncias por delito de femicidio entre el 2017 y el 2019.

Melissa, de 23 años, vivió un episodio de violencia psicológica. En el 2016, hackearon su cuenta de Facebook. La información falsa que difundieron no solo resquebrajó su relación sentimental y vínculos familiares, sino que vulneró su reputación. “Hice una denuncia en la Fiscalía pero salí más triste por la falta de atención ante los casos que nos ponen en peligro a las mujeres. Por eso me siento identificada y me duele que nos maten. Hoy, que es 14 de febrero, que todos alistan sus regalos, es un buen momento para saber que lo que queremos no son obsequios, es respeto todos los días. No hablemos de cenas, hablemos de seguridad, de auxiliarnos cuando nos vemos desprotegidas. San Valentín también es una construcción social pero podemos darle un nuevo sentido, uno más humano”, señala.

Nos duele a todos” protagoniza el corazón de la ilustración que -hilado por una aguja- retrata el rostro de una mujer que está llorando mientras se cose a sí misma. A blanco y negro, en la parte inferior, la acompaña un texto que dice ‘indignación’. Pero antes de comenzar a dibujar, Melissa intercambió palabras con su madre. “La abracé con fuerza a mi mamá, pensó que me había pasado algo. Pero le respondí que no podía más con la indignación, del miedo a que la próxima sea mi sobrina o a una amiga. Tomé mi lápiz y comencé a bosquejar a una niña triste porque así me sentía, así nos sentíamos todos. Eran días oscuros, grises”, relata.

Pero el arte también sana. Para ella, el motivo raíz de su mensaje es que “todos -sin ver género- tenemos voz para protestar y liberar todo lo que no nos deja ser felices. Somos humanos, deberíamos siempre darnos la mano”, dice.

Dennis, de 18 años, ha decidido desmontar la idea de San Valentín. Sí, celebrará con su primera pareja sentimental como lo hace todos los días, pero no siguiendo los que -según él- son los mitos del amor romántico.

“Desde pequeños nos han enseñado que hombres y mujeres debemos cumplir un rol específico y no solo en la vida diaria sino en las relaciones de pareja. Creo que ya no debemos defender la idea de la media naranja o la que cultiva que los celos son una muestra de amor porque no lo son. Lo viví en mi familia, con mi madre, que fue agredida más de una vez por su pareja. Ver eso todos los días me cambió y quisiera que la gente entienda que necesitamos discutirlo”, señala.

Francisco, de 65 años, coincide con Kevin. A él, que solía celebrar con acetatos de Julio Jaramillo, el dúo Benítez-Valencia y Carlota Jaramillo– le marcó un mensaje que recibió de su hija Sofía en el 2013. En el texto, ella le pidió que la ayude porque su esposo la maltrató y no podía pararse.

Las lesiones físicas y psicológicas que la agresión dejó en Sofía sanaron en más de cinco años. Después del ataque, ella, junto con su pequeño de cinco años, regresó a la casa de sus padres. “Mi hija intentó que su hogar funcionara pero quizá no entendía el daño que le estaban haciendo. Creció en una familia que siempre la apoyó por eso me dolió profundamente”, cuenta su padre.

Pero Francisco sonríe. Hoy, celebrará junto con Sofía y sus hermanas otro año más de sanación y

Melissa, en cambio, seguirá ilustrando. “El corazón descosido que dibujé también muestra un sueño que se puede alcanzar con una iniciativa común, que es reducir la violencia. Apenas comienzo, pero si puedo llegar a la gente con mis trazos, siento que aporto”, concluye.