24 de junio de 2019 00:00

29 vigías ayudan a monitorear el volcán Cotopaxi

Justo González, Mabel Bastidas y Mario Rocha daban sus reportes desde otras zonas de Mulaló. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Justo González, Mabel Bastidas y Mario Rocha daban sus reportes desde otras zonas de Mulaló. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Andrea Medina
Redactora (I)
medinaa@elcomercio.com

Minutos antes de las 06:30, José Chuqui camina un par de pasos desde su casa hasta un patio comunal para ver directamente al volcán Cotopaxi. Desde allí, en el barrio Tilcatilín ubicado a 8 kilómetros del nevado, él espera la señal en su radio para avisar si hay emisiones, lluvias o la dirección del viento.

“Desde Tilcatilín para reportar que no hay novedades y una ligera llovizna, cambio”, dice Chuqui. Su información llega hasta las instalaciones del ECU 911 y al Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, donde el técnico de turno informa lo que muestran los equipos de monitoreo. El intercambio de datos dura cerca de 10 minutos.

Chuqui pertenece al grupo de 13 vigías del Cotopaxi que tiene la parroquia Mulaló, la más cercana al volcán. Ellos son parte de los 29 vigías que están repartidos en esta provincia y en otras zonas cercanas de Pichincha. Todos informan por radio si ven cambios en el coloso o solo cuentan cómo está el clima.

El reporte de los vigías es diario desde septiembre del 2015, pero actualmente ya no llegan los reportes de todos. Los equipos de algunos guardianes de Mulaló ya no funcionan, en ciertos casos, desde hace más de un año.

El equipo de Mabel Bastidas, de 58 años, está averiado desde el año pasado. Ella no recuerda la fecha exacta cuando dio el último anuncio que enviaba desde su casa, ubicada en el barrio San Isidro de Mulaló.

Al igual que sus compañeros, la labor de Bastidas empezaba muy temprano. Luego de enviar su reporte llevaba consigo el radio inalámbrico durante todo el día. Incluso confeccionó un bolso solo para cargar el aparato y tenerlo siempre, mientras trabajaba con sus animales y en sus cultivos. Solo lo dejaba en casa en la noche para cargar las baterías.

“Era algo tan necesario”, dice la mujer cuando la radio funcionaba correctamente, ya que no solo servía para comunicar las anomalías con el volcán. Al poseer ese medio se volvió una líder en su zona.

“Por ahí (radio) nos avisaban cualquier problema. Cada vez que pasaba algo, venía la gente del barrio a mi casa”. Como anécdota, ella recuerda lo que ocurrió durante el terremoto del 2016, cuando los vecinos fueron a buscarla “corriendo y llorando” porque pensaban que el sismo venía del volcán. “Enseguida llamé por radio y dijeron que no nos preocupemos porque fue en la Costa”.

A Justo González, otro de los vigías de Mulaló, el intercomunicador también le servía para conocer ese tipo de eventos y hasta para reportar otros acontecimientos como posibles robos o el paso de personas “sospechosas” en su barrio San Francisco de Espinosas. Pero desde hace un par de meses su equipo dejó de emitir la señal que le permitía dar su reporte.

“Se nos hizo una costumbre y hasta una obligación y era bueno porque sabíamos lo que estaba pasando. Hasta utilizábamos otros términos para comunicarnos”, dice González en broma y explica que por ejemplo el código 73 (saludos) era el que más usaban.

El mismo lenguaje lo conoce casi de memoria Mario Rocha, otro de los vigías y expresidente de la Junta Parroquial de Mulaló. Su radio tampoco está habilitada, pero él aún se levanta –como todos los días- a las 04:00, sale de su negocio hacia la calle principal y mira cómo se comporta el volcán.

Cuando les entregaron los equipos, cuenta Rocha, los técnicos del ECU911 y del Geofísico les enseñaron cómo usarlos y los términos que deben emplear. Les dijeron que también pueden comunicar por ahí si hay algún incendio forestal o casos de delincuencia.

Para Patricia Mothes, vulcanóloga e investigadora del Geofísico, es muy importante el aporte de los vigías al cuidado del volcán porque ellos conviven con él y ahora ya saben cuando hay señales de alerta.

Su labor, dice Mothes, es un complemento al monitoreo que hacen los equipos que actualmente registran un promedio de 20 sismos diarios.
Sobre los inconvenientes con los equipos no operativos, Mothes comenta que hay un plan que se aplicará a finales de julio para dotar de baterías a quienes tengan ese problema.

Se acudirá a la cooperación internacional. “Mulaló lidera la ronda de intercambio de información”, explica la investigadora del proceso que no se ha interrumpido pese a que hay pocos reportes.

El manejo de los radios está a cargo del ECU 911. Álex Moreno, subdirector de Tecnología de esta entidad, asegura que los equipos de los vigías de Mulaló sí funcionan, pero que en ocasiones presentan interrupciones por falta de cobertura. Es decir, que cuando los vigías se desplazan hacia zonas lejanas la señal de algunas radios puede interferirse. “Está planificada la ampliación de este sistema con la entrega de más equipos a los vigías”, dice Moreno y para coordinar ese plan esperan reunirse con el Geofísico el próximo mes.

A Rocha le gustaría que todas las radios funcionaran correctamente, porque teme que se pierda el ánimo de cumplir con este aporte voluntario.

Con ello coincide Chuqui, quien además espera que las capacitaciones y la realización de simulacros no excluyan a poblados, como el suyo que están más alejados del centro de la parroquia, pero más cerca al volcán. “A veces nos enteramos que hacen simulacros por radios, aunque siempre nos comunicamos. Es nuestra responsabilidad, esto no es un juego”.

En contexto


El volcán Cotopaxi se reactivó el 14 de agosto del 2015, luego de más de un siglo de inactividad. Su actividad permanece baja desde hace más de un año. Los volcanes Tungurahua y Guagua Pichincha también tienen sus propios vigías.

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