9 de August de 2009 00:00

Cada vez más abuelos le pierden el miedo a la Red

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Gabriela Paz y Miño  Para EL COMERCIO

La ‘bloguera’ más anciana del mundo murió en mayo pasado. María Amelia López tenía 97 años y, según decía en sus textos, el mejor regalo que le pudo hacer su nieto, fue crearle un blog. Esta abuelita de A  Coruña tenía “la moral caída”. Todas sus amigas habían fallecido y la Red le sirvió para crear nuevos lazos.



Hasta  nintendo puso los ojos en ellos 
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Illinois, EE.UU., a 40 adultos mayores de 60 a 70 años reveló que aquellos que juegan videojuegos de estrategia mejoraban  sus  funciones cognitivas.
Nintendo  sacó al mercado varios juegos   centrados en  las capacidades cognitivas y son  populares entre los adultos mayores. Por ejemplo,  Brain Age y su secuela Brain Age 2 para Nintendo DS.
Según uno de los últimos estudios sobre las audiencias de Facebook, el sector que más está creciendo entre los usuarios es el comprendido entre los 55 y los 59 años. La franja que le sigue es  de 60 a  65 años.
Muchos  usan  Wii como forma de terapia y recreación. En Chicago,  el Centro Hogar para Ancianos Hispanos tiene la consola y ellos juegan bolos,  golf y boxeo, para   conservar su actividad  física. López fue quizás la más conocida, pero no la única persona mayor de 90 años en romper el tabú según el cual a los adultos mayores les está vedado el mundo de las computadoras y de las comunicaciones virtuales.

Espacios como Abuelos en la Red (http://www.abuelosenred.net/) buscan brindar a este segmento de la población una oportunidad de “inclusión digital e intercambio generacional”. Experiencias de vida y el relato de lo que sintieron al sentarse por primera vez frente a una computadora se pueden leer en los blogs.

Los viejos diarios, escritos con letra temblorosa, han pasado a la historia para muchos adultos mayores, también en Ecuador. Cada vez más hombres y mujeres, de 50 años para arriba, se animan a abrirse campo en mundos virtuales.

“Lejos del estereotipo, la tercera edad es un sector apremiado por la necesidad de conocimientos en el sector informático”, explica Víctor Verdesoto, animador cultural de la Mediateca de la Alianza Francesa de Guayaquil.

Allí, en cursos de dos meses y medio, mucha gente mayor adquiere conocimientos básicos de computación. Por USD 60, aprenden a manejar varios programas y a navegar. La mayoría empieza desde cómo prender la máquina.

Verdesoto califica los resultados de ‘sobrecogedores’. “Son personas que jamás creyeron alcanzar a ver dicha tecnología, no se diga manejarla”. Las razones que los empujan son muchas, pero hay una muy común: el auge migratorio.

“Es enternecedor observar los rostros de felicidad cuando logran comunicarse con un ser querido.   Dada la distancia y los costos en lo que respecta a comunicación, el computador se convierte en el medio idóneo. Padres, abuelos, bisabuelos, entran en contacto con sus familiares y amigos, a través de videollamadas, chat y correo electrónico”.

Es el caso del quiteño Marcelo Ribadeneira. A sus 64 años, este jubilado participa con entusiasmo en el curso de Ofimática Básica que se dicta, de lunes a viernes, de 16:00 a 18:00, en la Administración Eugenio Espejo del Municipio Metropolitano de Quito, por un costo de USD 10.

“Tengo una hija en Carolina del Norte. Ella me mandó la computadora. Mi esposa, de 62 años, y yo aprendimos a manejarla. Yo soy contador y ella, profesora de manualidades. Ahora, con mi hija nos comunicamos por Skype y chat”.

Ribadeneira tiene otra motivación: retomar su profesión. “Seguí unos cursos de capacitación en el Colegio de Contadores y los completaré con los de computación”. Si hay algo que este jubilado agradece es la “paciencia del joven profesor. Nos repite cuatro
 veces cada ejercicio. Hasta que podamos solos”.

Ese ‘joven profesor’ es José Luis Núñez, quien a sus 26 años, tiene más de un alumno que le dobla en edad. “El miedo de muchos alumnos es que el profesor se enoje y eso los desmotiva.  A mí no me importa repetir las cosas. El costo beneficio es mayor”.

Más de una vez le ha ocurrido que sus alumnos mayores se alarman porque creen que han perdido un texto. “Es el problema más común, pero lo que ocurre casi siempre es que lo han guardado y no saben dónde”,  explica Núñez con una sonrisa.

Para René Cevallos, de 70 años, se trata de algo más personal. Aprendió a chatear para hablar con su hija que vive en EE.UU.
Pero ha ido más lejos: ahora maneja programas como el Emule y el YouTube. El primero le ha servido para volver a ver películas como
‘Fantasía’ o ‘Siete novias para siete hermanos’.  El segundo le es útil para ver, por las noches, vídeos de viejos boleros.
 
Sin embargo, no para todos es igual de fácil vencer el miedo. Un recorrido por los cibercafés ubicados en alrededores de la matriz del
IESS, en Quito, permite encontrar a gente mayor haciendo consultas o trámites virtuales en Internet. En los locales cercanos, la ‘asesoría’ de cualquier trámite virtual relacionado con el IESS cuesta entre USD 0,25 y  USD 1.

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