15 de marzo de 2019 22:09

Ser venezolano y ser Lgbti, doble vulnerabilidad

Durante el Encuentro Regional de Movilidad Humana Lgbti venezolana en Quito. Foto de la cuenta Twitter @LuisMenesesVzla

Durante el Encuentro Regional de Movilidad Humana Lgbti venezolana en Quito. Foto de la cuenta Twitter @LuisMenesesVzla

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Yadira Trujillo (I)

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“Me vine llorando, tenía que dejar a mi papá, a mi mamá, a mis hermanos. Y mi familia es mi columna vertebral (en esta última frase se le quiebra la voz)”. Estas son las palabras de uno de los testimonios del documental de Ani Arrieta.

Las imágenes se presentaron en el Primer Encuentro Rostros y realidades de personas Lgbti venezolanas en Ecuador, Colombia, Perú, Chile, Argentina y Brasil, que se realizó en Quito el jueves 14 de marzo del 2019. 

Muestras de solidaridad, de apoyo y, sobre todo acciones en favor de los venezolanos Lgbti se expusieron en este encuentro, que fue una iniciativa de la organización Diálogo Diverso, con el apoyo de la Embajada de Canadá en Ecuador y de Acnur, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

En medio de aplausos por los logros conseguidos en este proyecto se conocieron también las historias de personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexo (Lgbti), que se encuentran actualmente en Ecuador y que han sido doblemente vulneradas, por su condición de migrantes y por su orientación sexual.

-Deyker Rodríguez, de 18 años, es uno de ellos. Salió de su país por la constante discriminación a la que se enfrentaba por ser bisexual. Esta es su historia:

“Mi salida de Venezuela fue algo inesperado porque mi situación económica nunca fue mala. Salí de mi país por ser una persona Lgbti y por ser hijo único de un coronel de la Guardia Nacional. Fueron situaciones muy fuertes a las que me enfrenté. Para mí no fue fácil salir. No salí con pasaje. Salí en autobús, también me tocó avanzar a pie, como muchas personas.

Mi papá siempre me decía: en mi trabajo voy a ser el hazmerreír. Si tú eres así, yo te amo, eres mi hijo, pero nadie se puede enterar porque puedo perder el prestigio que me he ganado hasta ahora. Eres mi único hijo varón.

También en la universidad en donde estudié, en mi entorno social, siempre hubo ese tipo de homofobia. Empecé a lidiar con eso a los 11 años y en Ecuador tengo apenas un mes y medio. La homofobia que enfrenté cuando llegué a este país no ha sido tan fuerte como la de mi país pero ya son dos cosas. Allá lidiaba ya con la homofobia, aquí tengo que lidiar con homofobia y xenofobia.

Yo sacrifiqué mi familia, a mi entorno, a mis amistades. Una vida ya construida durante 18 años para empezar de cero. Mi meta como comunicador social era pertenecer al canal más importante de mi país. Logré hacer pasantías pero enfrenté una cantidad de acontecimientos que me obligaron definitivamente a salir. Estos acontecimientos estaban ligados totalmente a la homofobia y a la discriminación que sufrimos por ser personas Lgbti”.

El Primer Encuentro Rostros y realidades de personas Lgbti venezolanas en Ecuador, Colombia, Perú, Chile, Argentina y Brasil, se realizó en Quito.


-José (nombre protegido), tiene 21 años y también es venezolano. Aunque su historia tiene momentos dolorosos, la cuenta seguro de que su condición mejorará:

“Mi salida de Venezuela se debió a que sufría persecución por un grupo político de allá, porque era activista de la comunidad Lgbti. Fui amenazado por el gobierno.

Llegué el 28 de diciembre del año pasado. Fui para una casa de refugio que queda en Tulcán. Ahí me recibieron con las manos abiertas. Lastimosamente un chico abusó sexualmente de mí. Por eso tuve que salir. No lo he denunciado.

Aquí (en Quito) no me ha ido ni mal ni bien. Así como no todos los venezolanos somos malos, acá tampoco son malos todos. Aunque he tenido más malas experiencias que buenas, me han enseñado a crecer.

Aquí también estuve en un albergue, ubicado en la Mitad del Mundo. Ahí intentaron abusar de mí. Me quitaron mi ropa, me amenazaban, me hacían bullying y hasta llegaron a pedirme sexo. Por eso me vi obligado a salir de ahí porque estoy bajo amenaza de muerte, me están buscando para

Estos tres meses no la he pasado tan mal porque me ha ayudado mucho Acnur, el Servicio de los Jesuitas y Diálogo Diverso, que me atendió y me abrió las puertas.

He sufrido xenofobia.
He sentido rechazo en el transporte público. Conseguí un trabajo y por ser gay me botaron. Hay personas que son machistas y he sentido temor a ser golpeado en la vía pública. No me siento realmente seguro porque soy homosexual y hay que tener una doble personalidad para sobrellevar eso, para que no te hagan nada”.

-Juan (nombre protegido) tiene 21 años y es colombiano. También encontró en Diálogo Diverso una oportunidad de salir adelante lejos de su país:

“La paz en Colombia nunca ha sido ni será una paz sólida. Aunque hayamos visto ante el mundo entero que hubo una firma, aún existen grupos armados. Las disidencias se han dedicado a perseguir jóvenes como yo, que defendemos ideales distintos. Ideales de una nueva Colombia, igualitaria para personas Lgbti, una Colombia sin pobreza extrema, más estable.

Yo soy fraile. Soy religioso y soy homosexual. En Colombia fui perseguido por grupos al margen de la ley. La Unidad Nacional de Protección, la Fiscalía, la Policía y todos los entes jurídicos de protección que existen en mi país me negaron un resguardo por mi orientación sexual, por el hecho de ser religioso y ser gay.

Algo que para este siglo es muy común. Porque mi orientación sexual no tiene nada que ver con mi profesión y mi fe hacia Dios. Entonces tuve que salir corriendo de la noche a la mañana. Tuve que huir de mi país como si fuera un delincuente, sin decirle a nadie y dejar mi apartamento, mi carro, mi vida. Dejar mucha gente a la que yo ayudaba.

Aquí he enfrentado discriminación: xenofobia y homofobia. He tenido que dejar de ejercer mi religión por miedo a que se generen represalias.

He tenido que vivir con tener una enfermedad que es muy fuerte, tengo VIH. Y para mí ha sido difícil acceder al sistema de salud. Ha sido complicado poder revelarle esto a una persona. Tener una ayuda psicológica.

Muchas veces me he cansado e intentado botar la toalla pero creo que hay motivos para salir adelante y tengo la firme esperanza de que algún día voy a poder volver a mi país y quizá podré ser parte de la implementación de esa política pública que nos permita ser libres y vivir en una sociedad donde nadie juzgue a nadie, donde todos podamos ejercer libremente nuestra religión, nuestra orientación sexual. Donde no haya color ni raza. Donde no te persigan por una religión.

Yo creo en una Colombia libre. Sé que falta mucho camino por recorrer pero lo vamos a lograr”.

-Érika Cárdenas y Ángela Gudiño tienen 38 y 45 años, respectivamente. Ellas son venezolanas, lesbianas y son pareja. Se movilizaron hacia Ecuador por la crisis económica de su país, hace un año. Pero lo más difícil ha sido conseguir trabajo. Aquí su historia:

Érika: “migrar no es fácil. Principalmente yo lo hice por mi mamá, que es de la tercera edad. No tengo hijos pero ella es mi bebé y eso me hizo salir de urgencia, por su salud, por su bienestar.

La xenofobia aquí ha sido muy fuerte, cada día es peor. Y más para nosotras que somos lesbianas. Pero no somos enfermas ni tenemos que estar aparte de todo ser humano. Somos normales, comunes y corrientes. Simplemente que yo amo a una mujer, que tengo aquí a mi lado y con la que comparto ya 11 años. Y es algo normal”.

Ángela: En el momento en que vimos que el dinero que cobrábamos no nos alcanzaba ni para un cartón de huevos, dijimos tenernos que irnos.

Allá sufríamos de homofobia, pero no tan directamente como acá. Teníamos amigos. Ya sabían, les decíamos abiertamente que somos pareja y nos aceptaban pero de manera limitada. Por ejemplo, cuando hacían fiestas no nos invitaban.

Acá se acentuó todo. Nos han dicho lárgate para tu país. Aquí no te queremos, lárgate. Sin embargo nosotras somos unas personas muy alegres, no le damos importancia a eso. Para nosotros es como si no nos hubieran dicho nada.

Ahorita estamos desempleadas. Estamos hablando con amigos de la organización que nos van a ayudar con comida, porque ya no tenemos. Llegamos hace un año y nos ha costado mucho conseguir trabajo, porque a veces ponen en los carteles de los negocios: no venezolanos, no extranjeros.

Trabajaba en un local y en diciembre me dijeron que tengo dos meses de vacaciones (enero y febrero) porque esos meses son malos. Tenía que regresar el 6 de marzo y me dijeron que ya no me daban el trabajo.

Aquí hacen falta muchas fuentes de trabajo. Y ustedes no se esperaban la llegada de tantos venezolanos a este país. Como dicen, nosotros no somos necesarios acá, pero podemos ser útiles”.

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