12 de julio de 2019 16:40

En época de vacaciones, el Centro Histórico de Quito se vuelve un hervidero por las ventas ambulantes

Calles como la Chile, la Mejía, la Imbabura, la Cuenca y la Venezuela se llenan de comerciantes informales.

Calles del Centro Histórico como la Chile, la Mejía, la Imbabura, la Cuenca y la Venezuela se llenan de comerciantes informales durante las vacaciones de verano. Foto: Evelyn Jácome / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Coordinadora (I)

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No hace falta que sea fin de semana. Los vendedores ambulantes se toman las calles del Centro Histórico de Quito todos los días. Empiezan a aparecer a partir de las 09:00. Algunos incluso madrugan para vender empanadas con café para el desayuno.

Calles como la Chile, la Mejía, la Imbabura, la Cuenca y la Venezuela se llenan de comerciantes informales. Caminar por una de esas vías se puede volver incluso complicado debido a la cantidad de vendedores, sobre todo los viernes, sábados y domingos.

La mañana de hoy, jueves 11 de julio del 2019, a lo largo de la calle Chile, entre la Imbabura y la Cuenca, se ubicaron al menos 30 vendedores ambulantes.

vendedores ambulantes


Los gritos de las personas ofreciendo sus productos se escuchan por todos lados. Está el señor que vende agua de coco, el joven de los Bon Ice, la chica que vende ropa para mascotas, el adulto que ofrece estuches para todo tipo de teléfonos… Compiten entre ellos, con gritos, para atraer la atención de las personas que a diario caminan por allí.

Foto: Evelyn Jácome / EL COMERCIO

Foto: Evelyn Jácome / EL COMERCIO


El Centro Histórico es la zona de Quito que recibe al mayor número de población flotante del Distrito. Dice el Municipio que son cerca de 282 000 personas diarias las que acuden hasta este sector para realizar trámites o compras de lunes a viernes. Los fines de semana sobrepasan las 310 000 visitas.

Al caminar por la Chile, los vendedores se acercan a los peatones. Algunos llevan sus productos en el brazo, otros en maletas. Hay quienes incluso empujan carros con ruedas o colocan mesas sobre la calzada. Ahora, como se inició la época vacacional, incluso se puede ver niños. Los más pequeños acompañan a sus padres mientras los más grandes se encargan de vender por su cuenta.

En la esquina de la Imbabura hay un pequeño que no debe tener más de nueve años sosteniendo cordones y plantillas en sus manos. Cuando se le pregunta sobre sus padres, dice que también están trabajando. Con voz baja revela que al día vende USD 5 y que ese dinero les entrega a sus progenitores.

Foto: Evelyn Jácome / EL COMERCIO

Foto: Evelyn Jácome / EL COMERCIO


Aymeri García, de 19 años, venezolana, cuenta que vende micas de vidrio para celulares desde hace seis meses. Logró ubicarse en esa zona gracias a unos amigos coterráneos que se lo permitieron, porque admite que a los comerciantes no les gusta que otras personas lleguen a quitar clientes.

Cada día, gana entre USD 8 y 12, dependiendo de la venta. Con eso paga su parte de la renta de unos cuartos en el Centro, en donde vive con tres personas más. En esa misma calle almuerza. Se la ve caminando por allí hasta que el sol se oculta.

Hay momentos en los que los comerciantes se tornan agresivos. Cuando ven una cámara de fotos, o notan que alguien está filmando un video, reaccionan violentos. Preguntan para qué les filman, se aglomeran, dicen que les dejen trabajar en paz, que ni a los ladrones les persiguen tanto como a ellos.

Foto: Evelyn Jácome / EL COMERCIO

Foto: Evelyn Jácome / EL COMERCIO


El 27 de junio, una agente metropolitana de control fue víctima de agresiones por parte de ambulantes mientras recorría este sector. Según la Secretaría de Seguridad, de enero del 2018 hasta el 10 de junio del 2019 se han reportado 77 agresiones contra agentes metropolitanos en la capital. 61 ocurrieron el año pasado y 15 durante el 2019.

Según los dueños de los locales formales, la presencia de los ambulantes perjudica a sus negocios. Carmelina Cárdenas atiende un local de venta de zapatos y asegura que los ambulantes representan una competencia desleal.

Cuenta que ella debe pagar USD 400 de renta cada mes, más otros impuestos. Además entrega factura y sus productos tienen garantía, por lo que su producto se encarece. “Los informales en cambio no pagan nada de eso y venden cosas de mala calidad. No se les puede decir nada porque son bien bravos”, cuenta Carmelina.

Señala que hace cuatro años, llegaba a vender hasta 40 pares de zapatos al día. Hoy, existen días que no vende ni ocho. Pide a las autoridades del Municipio que controlen las ventas informales y que envíen más personal para que la zona sea segura.

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