12 de abril de 2019 00:00

El vallado busca frenar la venta informal en  Quito

En la calle Calvas, que sube de la avenida Maldonado a Chiriyacu (en el sur), se colocaron vallas desde hace un mes. Foto: Misael Morales / EL COMERCIO

En la calle Calvas, que sube de la avenida Maldonado a Chiriyacu (en el sur), se colocaron vallas desde hace un mes. Foto: Misael Morales / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal

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El bullicio, la mercadería tendida en el piso y la incomodidad para caminar por aceras de vías como la José María Alemán (calle J, en Solanda), la Mariscal Sucre (Las Cuadras) o la Lizardo Ruiz (Cotocollao) cambió hace siete meses.

Ahora, en su lugar, hay largas hileras de vallas metálicas azules que solo dejan espacio en las esquinas para cruzar la calle. Se trata de un proyecto impulsado por el Cuerpo de Agentes Metropolitanos de Control, que empezó en Las Cuadras y ahora se aplica en otros cinco puntos de la urbe.

La medida se complementa con el trabajo de entre 50 y 70 agentes que patrullan estos sitios por turnos cada día.

Eduardo Mosquera, secretario de Seguridad encargado, explica que se inició en Las Cuadras porque era la zona más problemática, por la gran cantidad de ventas ambulantes. El plan es extender la medida a otros puntos de la ciudad, con operativos sorpresa, como el que se realizó en Nueva Aurora la semana pasada.

El proyecto tiene tres fases: recuperación del espacio público a través del vallado, generación de un plan urbanístico para cada sector conflictivo y conformación de grupos de trabajo con la comunidad.

Mario Martínez, presidente de la Asociación de Comerciantes Legales de la calle J, recuerda que en ese sector de Solanda se colocaron vallas el 6 de septiembre del 2018, como respuesta al pedido de la gente de enfrentar problemas más allá del comercio autónomo. A la gente le preocupaba que en medio de la venta informal se camuflaban la delincuencia, el microtráfico y la prostitución.

Según Martínez la medida ha rendido sus frutos, porque ahora el temor a los asaltos bajó, la gente puede caminar libremente por las aceras y el comercio está ordenado. Cuenta que la idea es que las vallas estén allí alrededor de un año, para evitar que la informalidad regrese. La comunidad presentó un proyecto para diseñar un ecobulevar en esa calle y cambiar las vallas por plantas ornamentales.

Dice que eso está en trámite y que espera que sea tomado en cuenta para mejorar el aspecto de esa zona comercial.

En la calle Calvas, desde la av. Maldonado hasta el mercado de Chiriyacu, también hay vallas. Es una calle llena de locales de todo tipo: productos naturistas, abarrotes, DVD, restaurantes, accesorios para celulares, mochilas, zapatos.

En uno de ellos trabaja Maribel Rico. Dice que las vallas llegaron hace casi un mes y han afectado al negocio porque ahora los autos no pueden estacionarse allí. Pero en seguridad han ganado. “Había mucho ladrón camuflado entre los vendedores y no había ni cómo pasar”. Con ella coincide Celio Ortiz, quien vive en el barrio y cree que los vendedores deberían concentrarse en el mercado y no en las veredas.

Aunque las vallas, de momento, han logrado su cometido, la gente que no está acostumbrada se extraña. En ese sector, una familia se sorprendió el martes al ver el cerco metálico. Una joven comentaba con el grupo que le daría temor caminar sola en medio de las vallas. “Esto se ve feo y, además, si asoma un ladrón, no voy a tener adónde correr”.

Es normal que la gente que no frecuenta un sitio en estas condiciones reaccione así, señala el sociólogo Gabriel Ramírez. Ver eso genera un impacto negativo en una ciudad como Quito, que es Patrimonio de la Humanidad y que debe ser atractiva. “Los turistas se van con una imagen de falta de seguridad y falta de planificación y orden territorial”.

Considera que el Estado debe diseñar políticas públicas para combatir el desempleo y promover el trabajo digno. En tanto que el Municipio debe organizar las ventas a través de carnetización, asignación de sectores e incluso algún tipo de identificativo que demuestre que la persona está autorizada a vender en esa zona.

Las vallas, sin embargo, no son una solución -explica- porque no combaten el problema estructural que nace de la pobreza, el desempleo, la inseguridad y el desorden. “Esto no está eliminando el problema sino transfiriendo el riesgo a otros sectores”. Si se bloquea un barrio, dice Ramírez, los delincuentes lo estudian y buscan nuevas modalidades.

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