25 de marzo de 2020 11:22

Uruguay y coronavirus: el miedo al miedo

En Uruguay, el Gobierno ha ordenado evitar eventos con aglomeración de personas para evitar el contagio por el coronavirus. Foto: EFE

En Uruguay, el Gobierno ha ordenado evitar eventos con aglomeración de personas para evitar el contagio por el coronavirus. Foto: EFE

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Agencia AFP

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Florencia dice que tiene miedo de su miedo. A que una cuarentena general la obligue a quedarse sola con su propia cabeza, olla a presión de sus trastornos de ansiedad y del estado de ánimo en Uruguay, un país que antes del coronavirus ya sufría otra epidemia: la de depresión.

“Por ahora voy llevando bien la situación porque sigo teniendo varias de mis rutinas vigentes. Mi gran temor es quedarme sola conmigo misma” si se decreta un confinamiento total, dice esta periodista uruguaya de 26 años que todavía sigue yendo a su lugar de trabajo diariamente, hecho que, añade, “como persona ansiosa y con depresión es bastante bueno”.

“Las personas con ansiedad necesitamos nuestros rituales, no pensar demasiado”, explica, agregando que se “desespera” al pensar en la posibilidad de trabajar desde su casa ya que su temor no es al contagio, sino al aislamiento. “Aunque vivo con mi pareja, no es lo mismo mantener contacto con otra gente. Por ahora, lo que tengo es miedo de mi miedo”.

En Uruguay, que cuenta hasta este miércoles con 189 casos confirmados de covid-19, el Gobierno instó a la población a restringir las actividades sociales y evitar las aglomeraciones y pidió a las empresas que fomenten el teletrabajo, entre otras medidas, pero por ahora ha desestimado decretar una cuarentena general obligatoria.

Esa medida drástica, imperativa según el gremio médico, puede conllevar efectos psicológicos en toda la población, y en particular en personas más vulnerables emocionalmente en un país que vive “desde hace tiempo una epidemia de depresión y de trastornos por ansiedad”, reconoce el psiquiatra y epidemiólogo Pedro Bustelo, presidente de la Fundación Cazabajones, que trabaja con esas patologías.

Epidemia silenciosa

Si bien no hay un número que grafique el alcance de los trastornos depresivos en el país, existe una estadística que puede servir de pista: Uruguay tiene una de las tasas de suicidios más altas de América Latina, con una cifra de 18,4 cada 100 000 habitantes, solo superado por Surinam y Guyana, según datos de 2018 recabados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El promedio de la región es de 9,8 y el mundial, de 10,6.

En 2019 se alcanzó un nuevo récord con 705 suicidios, de acuerdo al Ministerio del Interior.

“Un uruguayo tiene más probabilidad de morir por suicidio que por un homicidio o accidente de tránsito”, ilustra Bustelo, exconsultor de la OMS.

Dentro de las razones subyacentes, la más importante es la depresión (64%), seguida por el alcoholismo (15%), la esquizofrenia (3%) y la ansiedad (3%), señala el informe Una mirada a la salud de los uruguayos y las uruguayas en el largo plazo, publicado en febrero por el Gobierno junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Para Bustelo, esa “epidemia de depresión” es silenciosa porque está sin reconocer. De cada 100 personas con esta patología, “80 no están siendo tratadas por ningún profesional de la salud”, asegura.

Más psicofármacos


Otro indicador del alto índice de trastornos del ánimo en el país es la venta de medicamentos. Uruguay “se destaca en el concierto internacional por el alto consumo de psicofármacos”, apunta el informe de la OPS.

Las ventas en la farmacia de la Fundación Cazabajones, que suministra antidepresivos, ansiolíticos y estabilizadores del ánimo a sus 15 000 pacientes registrados, se dispararon la semana pasada, indica Bustelo, al tiempo que señala que el aislamiento social “exacerba los factores de riesgo” y “profundiza las depresiones”.

El epidemiólogo recomienda alentar la comunicación telefónica y videollamadas, y tratar de evitar “la infodemia”, en referencia a la saturación de información sobre el coronavirus.

Un “gran problema” es “estar todo el día hurgando sobre la infección. Todos estamos teniendo una sobrecarga de información y los más vulnerables son más saturables”, coincide por su parte el médico Vicente Pardo, expresidente de la Sociedad de Psiquiatría de Uruguay.

Ambos profesionales sostienen en que han aumentado notoriamente las consultas clínicas por efectos del coronavirus, pero en modalidad a distancia.

En ese contexto, el Sindicato de Psicólogas y Psicólogos del Uruguay elaboró una plantilla de asociados dispuestos a brindar servicios honorarios en línea a “quienes soliciten apoyo o recomendaciones puntuales en lo referente a salud mental, y acompañar el tránsito de todas aquellas situaciones de aislamiento social, crisis de ansiedad y estrés”.

Por ahora, Florencia sigue asistiendo a terapia de manera presencial. “Es central para tener equilibrio en mi vida”, dice.

Y añade que no está consumiendo más fármacos que antes. “Pero en caso de que me sienta peor tengo medicamentos para salir del paso, para bajarme las revoluciones”.

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