20 de September de 2009 00:00

Los uribistas

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Claudia López

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Al inicio de su mandato, el presidente Uribe trajo al país un gran nivel de confianza y seguridad a un costo relativamente bajo.

La situación de violencia, inseguridad y desgobierno era tal en 2002 que bajo su liderazgo se consiguieron beneficios muy altos  con costos sociales relativamente bajos  y otros altos, pero absorbidos, en su momento, por los altos beneficios. En ese contexto, su liderazgo se tradujo en confianza y esta, en fervor.

Sin embargo, al cabo de siete  años en el poder, la curva de rendimientos del Presidente está estancada o es decreciente.

Algunos costos son inaceptables (de la polarización política se pasó a la persecución criminal), los rendimientos son marginales o adversos (la reducción de delitos se estancó o volvió a crecer, la pobreza apenas disminuye mientras la miseria crece y la corrupción se dispara), y la confianza y el fervor se usan para concentrar el poder y perpetuarse en él.

El Presidente se ha encargado de notificar a todos los sectores que el que no está con él está contra él y que estar contra él trae serias consecuencias. Su liderazgo se traduce en desconfianza y esta, en  temor.

Es por oportunismo y temor que cientos de políticos se pasaron en desbandada al partido de ‘la U’ .  Entre más estén en enredos criminales más se acercan a Uribe. No en vano los parapolíticos, los narcopolíticos o sus familiares se aferran a Uribe como si fuera Dios. Solo Uribe los ha acompañado en el desierto y si llegara otro con ganas de hacer justicia estarían perdidos. Los empresarios son oportunistamente uribistas porque derivan sus ganancias más de su cercanía al poder presidencial que de los méritos de productividad.
Otros, distantes o aún independientes de las mieles del poder, callan sus temores porque temen eventuales retaliaciones.

La prueba más certera de que el Presidente ha tomado el camino del abuso no es que cambie la Constitución  ni que enriquezca a los suyos con favores ni que amenace a sus opositores, sino  que sus propios seguidores le teman.

Buena parte de la dirigencia económica y política que llevó a Uribe al poder y legitimó su primera reelección restringe sus críticas al Presidente y a su segunda reelección no por respeto sino por miedo.

Conscientes de la concentración de poder,  los uribistas arrepentidos moderan o callan sus críticas y preocupaciones.

A esos uribistas dubitativos  vale repetirles la pregunta: “¿Ustedes creen que no hay espionaje a propósito de la concesión del tercer canal de TV, el megaproyecto del aeropuerto y las grandes inversiones en tierras para proyectos agroindustriales?”.

Todos ellos saben que el emperadorcito que ayudaron a crear está fuera de control.

El Tiempo, Bogotá GDA

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