20 de June de 2009 00:00

Los turistas serranos animan la época playera en Atacames

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Redacción Esmeraldas

Un grupo  de bailarines va y viene sobre la pista al ritmo frenético que le impone la música electrónica. “Esta noche está prohibido bailar entre nenas.



El 70% del pueblo
De 11 251 habitantes del cantón , la mayoría (70%) se dedica al turismo.

Tampoco se permite estar trompudos.  Atento, seguridad”. Con el micrófono en la mano, Juan David Mieles, el animador de 18 años, inyecta sabor a la rumba en Guidos bar. La cabaña de piso de madera y techo de paja, sin paredes, es uno de los 100 bares y discotecas levantados al filo de la playa de Atacames. Desde el centro del tablado se  observa la luna que se refleja en las inquietas aguas del mar.

Desde el jueves en el popular balneario, famoso por sus noches de rumba,  comenzó la fiesta.



Un tiempo animado
Se calcula que cada turista gasta USD 20 diarios,  según la Cámara de Turismo de la provincia. Es por ello que todos quieren ganar en la temporada.
En las discotecas se escuchan todos los ritmos,   reggaetón,  salsa, el rock; sin embargo, conforme avanza la madrugada, las baladas son las preferidas de los cientos de bailarines. 
Los artesanos   aguardan a los turistas; ofrecen una buena variedad de objetos de coral, trabajados en concha, etc.   


Las luces multicolores y la música, que retumba hasta las dos de la mañana, dan la bienvenida al arribo masivo de los turistas de la Sierra. “Esta es la temporada alta. Se extiende desde mediados de este mes hasta septiembre, mientras duran las vacaciones escolares serranas”, dice  Antonia Montaño, presidenta de la Cámara de Turismo de Atacames. Para el 70% de los 11 251 habitantes del cantón esmeraldeño, que viven, directa e indirectamente, del turismo, es un bálsamo.

“¡Que locura. Así rico. Póngale sabor, maestro!”, grita Mieles. Su voz suena sobre los sonidos  de los sintetizadores. A su vez,  Francisco Ochoa, el ‘discjockey’, vestido de pantalón de camuflaje verde, gorra y camiseta negras, sincroniza los ritmos entre una canción y otra.

Con la cabeza inclinada y el hombro alzado presiona un audífono, mientras que con sus manos acciona una consola negra.  Luego abandona la consola y se une al baile.    Los reflectores amarillos, verdes, azules... dibujan figuras en las caras sonrientes de los bailarines. La mayoría es de  estudiantes de sexto año. “¿Dónde está la gente de Quito, de Ambato, de Riobamba?”,  pregunta el animador.

En la pista se destacan los 21 chicos de la especialización Contabilidad, del Colegio Consejo Provincial del Carchi. Con las caras sudorosas y las espaldas coloradas, que evidencian el intenso sol de la mañana, no se cansan de bailar. Margarita Herrera, la profesora, considera que será un fin de semana inolvidable para los estudiantes, pues el 4 de julio, luego de rendir los exámenes de grado, se despedirán para siempre.

“Eso. Así míster alimaña”, continúa el  animador. Ochoa sonríe, mira a su compañero de espectáculo, y lanza un reggaetón.
Los bailarines gritan más. Aceptan la propuesta. El baile, repleto de movimientos sensuales, atrae la mirada de otros turistas que permanecen sentados en los columpios colocados frente a la barra.

Varios cocos, piñas, plátanos, una licuadora, vasos, botellas con licores de colores... adornan el brillante mesón de madera.
Algunos visitantes hacen comentarios y sonríen. Un hombre  mezcla crema de leche, hielo, azúcar y ron, sacudiendo con fuerza una coctelera plateada, que sostiene con las dos manos. Así se preparan los tragos bautizados con curiosos nombres, como: la venganza de Rasputín, menta playera, Rusia negra, que cuestan entre USD 4 y 6.

Pero la mayoría prefiere cerveza helada, de USD 1,50, coinciden  los empleados del bar. La brisa fresca ahuyenta al calor tropical.

En la parte exterior de Guidos, una marea de personas, vestida con ropas ligeras, desfila por la acera. Pasan frente a los 300 hoteles de la localidad -cuya tarifa va de USD 12 a 80 por persona-. La mayoría tiene colgados rótulos cerca de las puertas que indican  que sí hay habitaciones. Pero los visitantes buscan los bailaderos. Si están más animados, mejor. Tumba bar, Disco Scala, Caída del sol, Bar Gemelos... atraen a los visitantes con ofertas variadas.

Dos tragos por el precio de uno. Regalos. La farra más animada... 20 compañeras del sexto de Secretariado Bilingüe, del Colegio Gran Colombia, de Quito, se dejan seducir por la pantalla gigante del Bar Gemelos.

Maribel Ortiz, de 18 años, sonríe con Anita Cachago, mientras espera un merengue, su ritmo preferido. Las chicas saborean ensalada
de frutas. Y una que otra pide las primeras cervezas de su vida, bromea Ortiz.

El artesano Carlos Borja, de la Asociación La Perla de Atacames, no deja de pulir un anillo de coco;  así recibe al nuevo día.
“Los serranos son los mejores turistas. En un día normal gano USD 15 diarios, en temporada alta hasta USD 100”, asegura, tras una mesa repleta de pulseras de hilos tejidos, anillos y pulseras.

Solamente los balnearios del cantón Atacames (Tonsupa, Atacames y Súa) esperan a 500 000 visitantes durante la  temporada en las  concurridas playas .

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