27 de September de 2009 00:00

A tres personas les alteró la vida la irresponsabilidad del chofer

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Fernando Criollo

El 21 de enero, Wilson Cárdenas acababa de sufragar en los comicios para la elección del   rector de la Universidad Central. Cerca del mediodía, Cárdenas salía de la Facultad de Filosofía junto con una compañera, por el acceso de la Gaspar de Carvajal.

Cuando cruzaban la esquina de la  Alonso de Mercadillo, Cárdenas solo alcanzó a ver que  en un giro intempestivo  un automóvil los embestía. El  dio una vuelta en el aire y cayó sobre el capó del auto. Su amiga fue lanzada  dos metros hacia adelante.

La conductora se detuvo y  ofreció ayuda con la condición de que no llamaran a la Policía. La preocupación de Cárdenas era por su amiga, quien en ese momento tenía un mes de embarazo. Por eso, aceptaron la propuesta y los dos fueron atendidos en una clínica, en el norte.

Cárdenas  tenía algunas contusiones y un fuerte dolor en su pierna izquierda. A su amiga le dijeron que tenía riesgo de aborto. La conductora costeó la atención en dos  centros de salud. Pero la condición de la estudiante empeoró y el 26 de febrero tuvieron que hacerle un legrado.

Luego de eso, la conductora y su esposo dejaron de contestar el teléfono. Cárdenas dice que tampoco pudieron acceder al Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), porque no había parte policial.

La joven atropellada dejó de estudiar y regresó a Tulcán, donde vivía. Cárdenas, por su parte, dice que ya no tiene tanta confianza cuando camina por la calle. “Ahora veo dos veces para cruzar”. En la intersección del accidente  el paso cebra  no se ve.

La imprudencia de otro conductor también  mantiene internada a  María Ibarra en el Hospital Eugenio Espejo. El viernes 4 de septiembre, la mujer de 51 años y su hija esperaban el bus en la av. Simón Bolívar, en la entrada a  Guayllabamba. Ibarra solo alcanzó a escuchar un estruendo antes de que la camioneta que estaba detenida frente a ella y a su hija la atropellara.

Otro vehículo había perdido el control y se impactó contra la camioneta, impulsándola contra la ama de casa y su hija. Luego de 15 minutos fue  trasladada a una clínica en Cotocollao.

Ahí permaneció dos días en terapia intensiva, lo que consumió los USD 2 500 del SOAT. Por eso, fue transferida al Hospital Eugenio Espejo, donde se recupera con su brazo derecho enyesado y su pelvis lastimada.

Ibarra solo sabe que los conductores que fueron detenidos el día del accidente ya están libres. Ella dice que una acción legal en contra del responsable solo le significa mucho dinero...

Los ciclistas son igual de vulnerables que los peatones a un accidente de tránsito. A las 21:30, del 21 de agosto, Pablo Lazzarini circulaba en  su bicicleta por  la av. De los Shyris, rumbo a la casa de su novia, Clare. Un automóvil blanco, que venía a exceso de velocidad, embistió  al ciclista y sin detenerse se dio a la fuga.

Esa misma noche, Nora Stagnaro, la madre de Lazzarini, acababa de llegar del extranjero para visitar a sus hijos. “Quería darle una sorpresa a mi hijo”. El ciclista fue trasladado a una unidad de salud en Cotocollao, donde le practicaron dos cirugías de emergencia. El ciclista de 39 años y padre de tres hijos, tenía dos costillas rotas, un pulmón colapsado y una lesión cerebral grave. A los dos días, Lazzarini ingresó con un coma severo por la sala de emergencia del  Hospital Eugenio Espejo. Mientras el ciclista luchaba por su vida en la unidad de terapia intensiva, los médicos  advirtieron a sus familiares que las posibilidades de vida eran de menos del 5%.

Su madre, hermanos, novia y amigos, quienes se turnan para atenderlo y comprar los insumos y medicinas que hagan falta, se sorprendieron gratamente cuando al quinto día recobró el conocimiento y al undécimo tenía signos de mejoría.

En la casa de salud, Lazzarini superó una neumonía y le colocaron una sonda gástrica para que pueda alimentarse. Pero Stagnaro dice que la condición de su hijo se agravó este viernes. 

Para cubrir los gastos de atención y la cirugía reconstructiva en su rostro, los amigos y familiares de Lazzarini organizan desde hace tres semanas una colecta en el ciclopaseo. Hoy estarán frente al Mall El Jardín.

La Policía   afirma que en este tipo de accidentes hay negligencia de los conductores, pero también hay casos que son por imprudencia del peatón. Los accidentes por imprudencia del transeúnte se mantienen en el 7%. En 2008 hubo  705 y este año el número llega a 724. Por otro lado, los casos de arrollamientos se incrementaron. Hasta agosto de este año hubo 1 958 casos,143 más que en el mismo período del año pasado.

Karina Gallegos de la Asociación de Peatones de Quito asegura que no existe ni la infraestructura ni las condiciones para un tránsito seguro. “Eso mantiene a los peatones y ciclistas en un estado permanente de alerta”.

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