5 de octubre de 2020 00:00

Diez meses sin tratamiento de lixiviados en el relleno de El Inga

En el barrio Inga Bajo viven alrededor de 800 personas. Se ubica junto al relleno

En el barrio Inga Bajo viven alrededor de 800 personas. Se ubica junto al relleno. Foto: Diego Pallero / El Comercio

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Sara Ortiz
Redactora (I)

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En el barrio El Inga Bajo hay épocas en las que las ventanas de las casas nunca se abren. Hoy es tiempo de mantenerlas cerradas. Así se evita que el viento lleve a las habitaciones un olor fétido que proviene de relleno sanitario, ubicado cerca de allí.

“Hasta la lluvia parece traer mal olor”, dice Alquinga, expresidente de El Inga Bajo.

Allí viven unas 800 personas que, a lo largo de los últimos 18 años, se han acostumbrado a tener al relleno sanitario como vecino. Pero en los últimos días, cuenta Alquinga, siente la preocupación de su comunidad porque los olores son cada vez más fuertes.

Desde hace 10 meses, en la planta procesadora de basura se guardan desechos tóxicos que no han recibido tratamiento. Su nombre técnico es lixiviados: líquidos que resultan de la descomposición de la basura; entre los elementos químicos que lo conforman están cianuro, sulfato, mercurio, metano y cobalto.

Un informe técnico de la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos (Emgirs), del pasado 8 de septiembre, indica que en El Inga ya no hay más espacio para almacenar los lixiviados. Hasta esa fecha, el material se encontraba en 10 piscinas, a dos se las denomina Emergencia 1 y Emergencia 2.

Según el documento, cada día se generan 368 m³ de esas sustancias tóxicas. La capacidad a esa fecha era de 2 995 m³. Esto significaba que en ocho días no habría más espacio en las piscinas para los lixiviados.

Por esa razón, la Emgirs construyó cinco piscinas adicionales para desfogar el material. La obra costó

USD 67 095. Pero cada día que pasa los lixiviados se acumulan sin que sean tratados.

Por las noches desde la casa de Ramón Cumba, presidente del barrio Inga Alto, se observan las fumarolas del relleno. “Queman metano para aliviar un poco los gases tóxicos que se concentran allí”, cuenta.

Para él, la solución es que la planta cierre y salga de ahí. Sin embargo, el plan por ahora es sembrar árboles para mitigar el impacto ambiental.

Alquinga cuenta que ha habitado 50 años, toda su vida, en El Inga. Su padre y sus abuelos también son oriundos de allí.

“Pedimos al Municipio que tome cartas en el asunto, el tema de la basura es muy delicado y queremos una solución definitiva, no provisional. No aguantamos más contaminación en nuestro sector”.

El plan de la Empresa Metropolitana es contratar a una compañía para que se encargue del adecuado manejo de las sustancias y las transforme de tóxicas a ambientalmente manejables.

Sin embargo, se trata de la segunda vez en este año que se intenta solucionar el problema de los lixiviados con una adjudicación.

En julio, la Emgirs contrató a la empresa Villacapria para que en 60 días procese 31 500 m³ de lixiviados.

La obra nunca se ejecutó porque la Emgirs no desembolsó el anticipo. Ahora, el contrato está en el Centro de Mediación de la Procuraduría, ya que hay discrepancia entre la gerencia de El Inga y los administradores de Villacapria sobre los valores que se deben liquidar antes de declarar terminación por mutuo acuerdo.

Según la demanda de la empresa, hay rubros que fueron invertidos por parte de la contratista, pero que no se llegaron a cancelar a tiempo.

Hasta el pasado 8 de septiembre ya se habían acumulado 101 191 m³ de lixiviados. Y con la edificación de las cinco piscinas se proyectaba extender la capacidad a 41 000 m³.

Eduardo del Pozo, concejal metropolitano, califica a esta situación como “preocupante”. Agrega que ya en dos ocasiones se ha cancelado la comparecencia de los funcionarios de la Emgirs en el Concejo.

“La situación es compleja. Se necesita vaciar unas piscinas porque allí se debe construir el cubeto 10, para almacenar la basura de Quito. Pero ambos proyectos están retrasados”.

Para Rosario Simbaña, de 34 años, la presencia de los olores provenientes de las piscinas es un problema. Ella cuenta que hasta su casa, ubicada en el barrio El Belén, llega con el viento un olor fétido. “Parece como si de pronto abrieran una funda de basura que ha estado guardada una semana”.

Actualmente, el relleno se encuentra declarado en emergencia. Con esta figura se busca mover recursos para contratar de forma directa los servicios de tratamiento.

Este Diario buscó desde el miércoles la versión de la Emgirs, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

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