18 de septiembre de 2019 07:04

Tradiciones, creencias y política en la batalla por el cuerpo de Mugabe

Las brasas del público pasaron junto al ataúd del ex presidente de Zimbabwe, el fallecido Robert Mugabe, durante una visita pública en el estadio Rufaro el 13 de septiembre de 2019, donde su cuerpo permanece en estado por segundo día. Foto: AFP

Las brasas del público pasaron junto al ataúd del ex presidente de Zimbabwe, el fallecido Robert Mugabe, durante una visita pública en el estadio Rufaro el 13 de septiembre de 2019, donde su cuerpo permanece en estado por segundo día. Foto: AFP

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Agencia AFP

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Creencias milenarias, misteriosos ritos tribales y una pizca de política. La feroz batalla en torno al entierro del expresidente de Zimbabue Robert Mugabe puso en relieve la persistencia de las tradiciones mortuorias africanas.

Líder de la independencia, el expresidente dirigió Zimbabue con mano de hierro durante 37 años, antes de ser obligado a dimitir hace dos años tras un golpe del ejército y de su partido.

Mugabe falleció el 6 de septiembre a los 95 años en un lujoso hospital de Singapur donde recibía tratamiento. Inmediatamente después de su muerte, la espinosa cuestión del lugar de su entierro se convirtió en una guerra abierta entre el gobierno de su sucesor Emmerson Mnangagwa y su familia.

Las autoridades exigían que Mugabe fuera enterrado en la capital Harare en el panteón de los veteranos de la “ lucha de liberación ” , mientras que sus familiares y los jefes tradicionales se oponían afirmando que sólo podía ser enterrado en su aldea natal de Kutama (norte) .

Después de varios días de negociaciones, la familia finalmente aceptó que fuese enterrado en el “Campo de los Héroes” dentro de unas semanas, una vez construido un mausoleo en su honor.

¿Fin de la controversia? Seguramente, no. Cuando la aldea de Kutama homenajeó por última vez los restos del expresidente el lunes, algunos jefes tradicionales permanecían firmes con sus ideas.

Uno de ellos que la idea de un entierro en Harare había sido aprobada “por el momento” , pero que aún no se habían definido los detalles. “No puedo decir más, es privado”, prosiguió.

“Espíritu de Kaguvi” 

“En nuestra cultura aquí en Zvimba los jefes siempre han sido enterrados en cuevas, en ceremonias nocturnas secretas ” , recuerda uno de los sobrinos de Robert Mugabe, Dominic Matibiri. “No me arriesgo a asegurar que será enterrado en el Campo de los Héroes”, pronostica.

Incluso en el Zimbabue de principios del siglo XXI, el respeto de las tradiciones y las supersticiones sigue siendo intangible hasta el punto de prohibir toda infracción de la costumbre, defiende un importante curandero, Benjamin Burombo.

“Cuando un líder como Mugabe muere, no puede ser enterrado en el Campo de los Héroes. Está prohibido, sólo puede serlo en una cueva”, afirma. “Mugabe no era sólo presidente, era también una encarnación del espíritu de Kaguvi” añade, haciendo referencia al jefe de la etnia shona (la de Mugabe) reprimida por los colonos británicos a finales del siglo XIX.

Como tal, su cuerpo “debe ser secado, sus dientes extraídos, las uñas de las manos y los pies arrancados” antes de ser envuelto en piel, prosigue el curandero.

“Se puede construir un monumento, pero eso no significa que los restos de Mugabe sean enterrados allí, es sólo para que la gente siga recordando. El expresidente fue educado en la religión católica puesto que estudió con los jesuitas, pero siguió apegado a estas tradiciones”, sostiene Burombo. “Es verdad, iba a la iglesia, pero también seguía las prácticas tradicionales”.

Rencores políticos 

Uno de sus confidentes, el sacerdote católico Emmanuel Ribeiro, confirma que Robert Mugabe era “secreto y discreto”.

Por su parte, la familia se esforzó por mantener el control permanente del cuerpo del difunto desde el momento en que fue repatriado al territorio nacional para demostrar que se había tomado muy en serio las tradiciones. “ Robert Mugabe había estipulado expresamente que su esposa no debía en ningún caso alejarse de su féretro hasta su entierro ” , explicaron sus parientes.

Claude Mararike, profesor de sociología ya jubilado, no cree, sin embargo, que estas precauciones hayan sido motivadas únicamente por el respeto de la tradición. Lo considera también una señal de tensiones políticas más contemporáneas.

“El difunto presidente puede haber expresado sus deseos antes de morir, pero no se sabe nada”, subraya Mararike, “hay que recordar que había sido expulsado del poder”.

Hasta su último aliento, el expresidente mantuvo un rencor tenaz hacia Mnangagwa, quien durante mucho tiempo fue uno de sus allegados y quien, junto a los generales y los dirigentes del partido, lo abandonaron.

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