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‘Mi hijo, su cuerpo destrozado’; ‘me llegó el video, mi esposo está decapitado’; testimonios de familiares de prisioneros

Decenas de personas aguardan en los exteriores del Centro Forense de Cuenca para identificar los cuerpos de sus familiares asesinados en el Centro de Rehabilitación Social Turi de Cuenca.

Decenas de personas aguardan en los exteriores del Centro Forense de Cuenca para identificar los cuerpos de sus familiares asesinados en el Centro de Rehabilitación Social Turi de Cuenca.

Decenas de personas aguardan en los exteriores del Centro Forense de Cuenca para identificar los cuerpos de sus familiares asesinados en el Centro de Rehabilitación Social Turi de Cuenca. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Cuando el policía que custodia el acceso al Centro Forense de Cuenca gritó: “¡Familiares de José Rosado Chicaiza!”, la madre se acercó rápidamente, lloraba, apretaba con sus manos el rostro y no tuvo fuerzas para ingresar. En su lugar lo hizo su esposo y un cuñado.

Ella forma parte de la gran cantidad de personas que aguarda en los exteriores del Centro Forense de Cuenca para identificar a sus familiares que fueron asesinados en el pabellón de máxima seguridad del Centro de Rehabilitación Social Turi (CRS) de Cuenca.

La mujer lloraba y caminaba de un lado en la calle. De momento reclamaba y acusaba en voz alta. “Ustedes son los culpables. ¿Cómo ingresan las armas?. A nosotros, las visitas, nos revisan hasta las partes íntimas para ingresar”.

Esta madre llegó la madrugada de este miércoles 24 febrero del 2021 a Cuenca, desde Los Ríos, tras conocer del sangriento ataque registrado en el centro carcelario y de ver los dolorosos videos que circulan en las redes sociales.

“Era mi hijo, lo reconocí enseguida, estaba su cuerpo destrozado”, dijo mientras su voz se apagaba de dolor. Familiares de otros internos que fueron asesinados con su hijo, la abrazaron y juntos lloraban. Él estaba sentenciado para 22 años y llevaba seis en prisión. Antes estuvo en las cárceles de Quevedo y Guayaquil.

Un coche fúnebre se acerca a los exteriores del Centro Forense de Cuenca y espera la entrega de un cadáver. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Como parte de los protocolos de seguridad y bioseguridad, las autoridades del Centro Forense y de la Fiscalía establecieron que solo dos personas –con la cédula de identidad- ingresen para reconocer los cuerpos, para luego proceder con la autopsia.

Durante el levantamiento de los cuerpos en el CRS-Turi se había identificado a 24 de los 34 internos asesinados. Pero los cuerpos deben ser reconocidos e identificados por familiares para proceder con las respectivas autopsias.

Hasta las 13:00, solo cuatro personas habían sido plenamente identificadas. 18 cuerpos están desmembrados y en estos casos, un equipo especial del Centro Forense se encargará de analizar las identidades, explicó un funcionario.

El Centro Forense permanece cerrado con vallas metálicas y en los exteriores, el llanto y el dolor de los hijos, hermanos, padres y esposas se enciende cuando los uniformados llaman a la puerta a los familiares del siguiente interno para que sea identificado.

La mayoría son familias procedentes de Guayas, Los Ríos, Manabí y El Oro. Laura (nombre protegido), una joven de 25 años, llegó de Loja. Contó que minutos antes del asesinato su esposo le llamó a su teléfono desesperado y le dijo que Los lobos estaban ingresando al pabellón para asesinarlos.

“Le llamé muchas veces pero no respondió. Casi a la hora supe que lo habían asesinado, habían apagado su voz definitivamente. Luego me llegó el video y está decapitado”. Ella llegó al centro forense la noche del martes, pero nadie le dio información.

La última vez que vio a su esposo fue el sábado 20 que lo visitó en la celda. “Nunca me alertó nada. Todo estaba normal. Él estaba contento, porque en tres meses cumplía la mitad de la pena y posiblemente obtenía la libertad”. Su pareja cumplía sentencia por asesinato.

En cambio, hace tres semanas, José Rosado Chicaiza, le contó a su madre que les estaban preparando un ataque. “Desde allí he vivido intranquila. Alertamos a las autoridades, pero no hicieron nada”. Minutos antes de la masacre su hijo le llamó.

Ella llora al recordar sus palabras. “Pedía auxilio y gritaba desesperado que llame al Director de la Cárcel y la Policía para que frenen el ataque. Nadie contestaba ni el 911. Yo tan lejos (Los Ríos) tampoco pude impedirlo y ahora solo vengo a recoger lo que queda de él”, dijo.

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