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‘No pude dormir toda la noche pensando en lo que podría ocurrirle a mi hijo’, dice la madre de un detenido en Cotopaxi

Decenas de personas buscaban información de sus familiares en el Centro de Rehabilitación Regional de Cotopaxi. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Decenas de personas buscaban información de sus familiares en el Centro de Rehabilitación Regional de Cotopaxi. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Decenas de personas buscaban información de sus familiares en el Centro de Rehabilitación Regional de Cotopaxi. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

El movimiento en la Centro de Rehabilitación de Cotopaxi se inició temprano este miércoles 24 de febrero del 2021. Un grupo de personas en la parte exterior esperaba información de sus familiares. Ellos soportaban el intenso viento de la mañana y tarde. Estaban cubiertos por chompas y llevaban puestos mascarillas para evitar contagiarse de covid-19.

El personal de la Policía Nacional resguardaba en el ingreso, mientras un helicóptero de la unidad aeropolicial sobrevolaba los alrededores del recinto carcelario. Los uniformados instalaron una carpa y vallas metálicas para controlar el acceso de las personas. Según los uniformados, las visitas a la cárcel estaban suspendidas.

Pedro (nombre protegido) llegó a las 12:00 desde la provincia de Bolívar. Él solicitó información de su tío que ingresó al centro de rehabilitación un día antes del amotinamiento. El hombre, de 30 años, de estatura alta y delgada viajó cerca de tres horas para llegar a Latacunga. “No me dieron información y tampoco hay visitas. Ahora tendré que regresarme sin saber nada de mi tío. Vendré otro día”, contó.

Pedro se enteró de lo ocurrido la noche del martes. Llamó a su tía a preguntarle qué sabía de su familiar, pero no tenía información. “Rogó que viniera a verle y por eso estoy acá. Ella está enferma y no puede viajar, pero me voy igual sin saber nada”.

A pocos pasos está Susana (nombre protegido), de 60 años. Esperaba noticias de su hijo que está detenido hace un año y medio. Arribó a las 11:00 desde el cantón Pujilí. “Me acerqué a la ventanilla y dijeron que está bien y eso me tranquilizó. No pude dormir toda la noche pensando en lo que podría ocurrirle a mi hijo”, afirmó mientras descansaba sentada en la vereda. La mujer se cubría con un gorro de lana y una mascarilla del intenso frío.

A las 14:00, en el centro carcelario se cambio de guardia. Los uniformados salían a pie y en sus vehículos. Además, el tránsito vehicular fue normal por la vía que conduce a Saquisilí y conecta al ingreso a la cárcel de Cotopaxi.

Uno de los guías carcelario dijo que todo está bajo control en el interior de la cárcel. Se reforzó las seguridades en las garitas y en la parte exterior.

A otro lado de la vía Antonia (nombre protegido) intentaba conocer sobre su hermano recluido en una de los pabellones. “Dijeron que no me pueden dar información, pero que los muertos fueron del pabellón A, eso me tranquiliza, porque no he recibido ninguna llamada con malas noticias”.

Los negocios ubicados en los alrededores abrieron con normalidad las puertas. Los propietarios temen que pueda ocurrir algo más grave. “(Ayer) tuvimos que cerrar las puertas e irnos porque las patrulleros ingresaban y salían con policías y militares. Todo retornó a la calma pasadas las 14:00. Hoy todo está tranquilo”, dijo Rosa, propietaria de una de las tiendas del sector.

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