3 de octubre de 2020 00:00

Las terapias educativas se pasaron al modo virtual durante la pandemia

Sara Delgado, logopeda, especialista en alteraciones del lenguaje, en una de las sesiones en línea, con la niña Julia Fresán. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Sara Delgado, logopeda, especialista en alteraciones del lenguaje, en una de las sesiones en línea, con la niña Julia Fresán. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Mariela Rosero

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El segundo quimestre del ciclo anterior había comenzado y los padres de Naomi, de 9, estaban preocupados por sus bajas calificaciones. Los profesores del quinto de básica les dijeron que su hija tenía problemas para tomar notas y que se demoraba más de la cuenta en completar los trabajos.

Antes de que la pandemia del covid-19 se sintiera en Ecuador, la niña fue evaluada en el Centro Terapéutico Crecemos. Los resultados fueron entregados en una reunión virtual. También a través de la plataforma Zoom, los padres y la psicóloga educativa Cristina Tapia se juntaron con los maestros y les contaron el diagnóstico: aprendizaje lento.

En abril, Naomi comenzó a recibir terapia dos veces por semana. “Ha sido una alegría ver cómo nuestra hija sale a flote; ha mejorado bastante en la escuela; así que incluso su autoestima se ha elevado”, cuenta
la madre, Maritza Valencia.

La tecnología no solo se ha usado para continuar con la educación a través de medios telemáticos. Además, ha permitido que se mantengan las terapias para chicos con dislexia, dislalia, autismo, Asperger y hasta con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), entre otras.

“En lo personal, estos meses me han llevado a explorar en el uso de recursos tecnológicos”, anota Tapia, quien cuenta que prefiere actividades que permitan al niño interactuar a través de la pantalla del computador. Usa páginas web internacionales; además, recursos propios que ha creado con apoyo de un diseñador. Por ejemplo, piezas que se arman de forma digital.

Mónica Espín, psicóloga, terapista de lenguaje y facilitadora familiar sistémica, empezó las sesiones con sus pacientes diciéndoles que imaginen que están viendo la televisión, al inicio de la pandemia.

“Vamos a jugar a ser entrevistadores”, les dijo, para que se acostumbren a las terapias realizadas a través de pantalla de computadores. Y al igual que otros psicólogos educativos, fue aumentando el tiempo de sesión. Organiza el trabajo en minutos para pasarles videos, por ejemplo del Mono Sílabo, en procesos de lectoescritura, que enseña con juego, canto y repetición. Y para revisión de una web de ‘matemática maravillosa’, para practicar suma y resta, entre otras actividades que hacen juntos.

Gloria, mamá de Darío (nombres protegidos) es médica. Y siente que la terapia ‘online’ le ha sentado bien a su hijo, de quinto de básica, quien tiene dislexia. Ha avanzado más y lo nota menos cansado. Antes de la pandemia, ella pagaba a una chica que lo llevaba a la terapia y lo regresaba a casa en taxi. Entonces cenaba y luego de las 20:00 y entonces recién se ponía a hacer deberes.

Su terapista es Sara Delgado, logopeda, estudiosa del lenguaje y sus patologías.

El balance de las terapias virtuales en general -señala- es espectacular. Los niños se adaptaron, manejan sus aparatos, las tabletas, computadoras, teléfonos y así no han perdido su tratamiento.

“El lenguaje pasa en el cerebro, tras procesos neurofisiológicos que suceden en el sistema nervioso central para que podamos hablar”, explica y detalla que trabaja con chicos con alteraciones del lenguaje escrito como dislexia, disgrafía; o con labio y paladar fisurado, disfemia, etc.

“Los padres de familia me han dicho: ‘yo no vuelvo más a tu consultorio. Así evito el tráfico de Quito”, recuerda Delgado. También, que la modalidad ‘online’ le ha permitido tratar a un paciente en Inglaterra y a otro en Canadá.

Mónica Espín ha retomado la consulta con pacientes de Guayaquil y Loja, que la habían dejado por la distancia. Aunque advierte, esto no es para todos, hay condiciones que requieren lo presencial, al menos hasta generar rutinas, como en el caso del TDAH.

Cristina Tapia dice que el 40% de sus niños ya volvió a las sesiones presenciales. El 60% se mantiene en lo virtual.

La mamá de Naomi, Maritza, admite que se quedarán en la modalidad ‘online’. Su esposo también trabaja fuera de casa. Viven en Pomasqui y Crecemos está en La Coruña.

No olvide que

Si su hijo tiene un diagnóstico y le sugirieron que haga terapia, no debería suspenderla.

Los departamentos de consejería aceptan reuniones virtuales, para apoyar a los niños.

Los chicos con dificultades atencionales tienen más retos al recibir clases vía ‘online’.

En lo posible, enséñele una rutina, con un horario para hacer deberes y trabajos escolares.

La maestra debe conocer la condición o diagnóstico de su hijo, para que pueda ayudarle.

Cada niño tiene un ritmo de aprendizaje. Es importante que padres y docentes lo conozcan.

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