13 de September de 2009 00:00

Las telenovelas cruzan la frontera de la Cenicienta

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Pablo Fiallos  Redacción SIETE DÍAS

Al parecer, los productores, guionistas y realizadores de televisión han cambiado los cuentos de hadas por la realidad cotidiana. Y aunque en la programación regular de vez en cuando aparece un ‘Patito feo’, la grilla evidencia que la tendencia televisiva apunta más bien a los sucesos cercanos que se viven día a día.



“El cambio del rol de  la mujer en la sociedad ha hecho que las telenovelas revisen sus temáticas”.
Andrea GonzálezLa fórmula del cuento infantil, particularmente la de ‘La Cenicienta’, aparentemente, ha quedado de lado. Durante años, este fue el paradigma de producción de las novelas de la TV. El modelo de la sirvienta atormentada en espera de un ‘príncipe azul’ que la enamore y le saque de su miseria, que cambie sus harapos por elegantes atuendos e incluso que le devuelva la vista, parecería   haber quedado en el pasado.

Andrea González, productora de ‘El exitoso licenciado Cardoso’, opina que es el cambio del rol de la mujer en la sociedad  lo que ha hecho que las novelas busquen historias en las que la mujer ya no sea representada como víctima. “En la actualidad, la mujer es trabajadora y, en algunos casos, incluso mantiene a su familia.  El público busca ahora historias más reales, cosas que le pueden pasar a tu vecino en la casa al lado”.
 


Cenicientas  del cine   
Cenicenta callejera. En ‘Pretty Woman’, Julia Roberts es una prostituta que en un golpe de suerte conoce a un millonario. En poquísimo tiempo esta estrecha relación de trabajo se convierte en puro  amor.
Cenicienta latina. En  ‘Maid in Manhattan’, Jennifer López es una madre soltera que trabaja en un hotel de lujo como camarera, hasta que un político en campaña la rescata.
 Cenicienta adolescente. En ‘Una Cenicienta moderna’, la maltratada Hillary Duff   sueña con ingresar en Princeton, conocer a su príncipe azul en Internet y llamarlo por su celular por la medianoche.‘María Mercedes’, ‘María, la del barrio’, ‘Marimar’, o ‘Simplemente María’… durante décadas se transmitió novelas calcadas casi exactamente, todas ellas plagadas de malos muy malos y buenos demasiado buenos, tirando a tontos.

Más recientemente, la fórmula trató de maquillarse con propuestas un poco más agresivas. Muñecas bravas, gatas salvajes, amigas y rivales, hijas de mariachis, floricientas, y hasta una cholicienta brasileña  extraviada entre actores guayaquileños y galanes cubanos y venezolanos.

El personaje de la chica de origen humilde que su madrastra  odia pero su padre  adora,  que acabará enamorándose de un rico heredero mujeriego empedernido y con coches último modelo en lugar de carrozas se repetía. Y aunque todo el mundo se sabía de memoria   la fórmula,  esta funcionó eficazmente durante décadas.

Incluso en novelas que han tratado de salir del molde con personajes más originales, como ‘Betty la fea’ y sus respectivas versiones de los otros países, se ha utilizado la misma estructura.

Para el guionista Mauricio Samaniego, algunas propuestas que en principio proponen una temática distinta a esta fórmula se terminan por resolver utilizando los mismos recursos dramáticos. “Los guionistas suelen recurrir a los temas y conflictos más tradicionales de la novela,  como el amor imposible, el salto de estatus social o su combinación”.

Pero en la actualidad, son los hechos reales la fuente primaria de inspiración,  por encima de las fábulas y los relatos infantiles. Basta con darse una vuelta con el control remoto y resulta fácil encontrar, más allá de la calidad dispareja de los distintos productos, mucha variedad, que según Samaniego resulta saludable.

Así continúan las historias, con mujeres desesperadas que someten su cuerpo a dolorosas cirugías con tal de conseguir un puesto en el paraíso, con relatos envueltos entre capos de la droga, adictos al reggaetón, conflictos en sets de televisión, ciudadanos que son estafados por una captadora de dinero y estrellas de la música popular muertas en trágicos accidentes.

Los detractores de las telenovelas suelen descalificarlas porque  están contando la misma historia, mientras que los amantes del género utilizan la misma razón para defenderlo. Al parecer, la repetición de esta fórmula puede llevar al cansancio  en la misma medida en que puede fascinar.

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