6 de noviembre de 2018 00:00

La tecnificación es una de las alternativas a la crisis arrocera

En Santa Lucía, con un dron se puede fumigar una hectárea de arroz en siete minutos. El agrónomo Heitel Lozano (c) impulsa la tecnificación de la producción arrocera. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

En Santa Lucía, con un dron se puede fumigar una hectárea de arroz en siete minutos. El agrónomo Heitel Lozano (c) impulsa la tecnificación de la producción arrocera. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Mónica Mendoza

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En Santa Lucía hay siete drones que se utilizan para fumigar las plantaciones de arroz. Dos están en la propiedad de Heitel Lozano, en el recinto San Pablo, a un costado de la vía Santa Lucía-Palestina, en Guayas.

Los agricultores vecinos ya están acostumbrados al sonido de los aparatos. Desde una tableta se programa qué área será fumigada, se carga con 10 galones de agua e insecticida contra el virus de la hoja blanca o sogata. El dron despega y a 2 m de altura esparce el líquido sobre la superficie verde.

La máquina recorre una hectárea en siete minutos y puede operar durante dos jornadas al día. Mientras que manualmente una persona puede tardar entre cuatro y cinco horas en fumigar una hectárea de arroz.

Arroceros del Guayas utilizan drones para fumigar las plantaciones. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

El trabajo manual se observa en la mayoría de plantaciones de Santa Lucía, un cantón de 40 000 habitantes que depende del cultivo de la gramínea. Tiene 18 000 hectáreas sembradas, el segundo en producción en Guayas después de Daule, considerada la ‘Capital Arrocera del Ecuador’. Pero se calcula que solo el 5% de su producción está tecnificada, que es un porcentaje similar a lo que ocurre a escala país.

Lozano, un visionario ingeniero agrónomo, graduado de la Espol, cree que la tecnificación es un camino para sacar de la crisis al sector. A inicios de los años 2000 él comenzó a prestar servicio con las primeras máquinas cosechadoras que llegaron a la zona. Hoy toda la cosecha es tecnificada y desde hace dos años impulsa el uso de la tecnología para abaratar costos en los 130 días del ciclo de producción, mejorar la calidad del grano y competir con otros países.

La producción de la gramínea

“El principal problema es cambiarle el chip al agricultor”. Explica que el 36% de los arroceros tiene entre 46 y 60 años de edad, 25% entre 61 y 75 años y 20% entre 31 y 45 años. Por eso sostiene que la “esperanza del cambio” está en la tercera generación, pero necesita acompañamiento técnico.

La siembra manual puede demorar hasta día y medio por hectárea, a cargo de 15 a 20 jornaleros. Una máquina sembradora puede plantar tres hectáreas de arroz por día. Además, el suelo se puede nivelar con una máquina que usa tecnología láser en lugar de un tractor.

“Sin tecnología no hay siembra ni granos homogéneos, al final bajan los rendimientos”. Eso dice Lozano. Él también es presidente de la Corporación de Arroceros del Ecuador, que agrupa a 13 organizaciones con 17 000 productores del grano.

Pero el país tiene 80 000 arroceros dispersos en 850 agrupaciones, que según exministros de Agricultura ha significado un problema para establecer políticas agrícolas.

El exministro Rubén Flores señaló, en mayo pasado, que en todos los sitios que visitaba los arroceros coincidían “en que este sector vive una crisis”.

La estructura en Ecuador depende de pequeños y medianos arroceros que representan el 80% de unidades productivas, un 50% de las 300 000 ha sembradas, según la Cámara de Agricultura II Zona.

A eso se suma que el promedio de productivi­dad del país es de 5 toneladas métricas/hectárea. Debajo de Uruguay (8,5 tm/ha) y Perú (7,5 tm/ha).

Víctor Cortez, del recinto Galápagos en Santa Lucía, calcula que producir una hectárea le cuesta USD 1 200, pero obtiene una ganancia de 200. “El precio del arroz hace dos meses estaba en 32 dólares, pero ahora cayó a 24 y 25”.

Según Javier Chon Lama, presidente de la Corporación de Industriales Arroceros del Ecuador (Corpcom), desde que se creó el precio de sustentación, en el 2008, se agravó la crisis del sector. No mejoró el rendimiento, no se tecnificó ni se controló el mercado a través de la Unidad de Almacenamiento (UNA). Ese año el precio arrancó en USD 18 la saca de 200 libras de arroz en cáscara y ahora está en un mínimo de 32,30 y un máximo de 35,50.

“Debe desaparecer o acogerse a la realidad. Ha sido un precio político, que llegó a ubicarse en 35 en el anterior Gobierno”, como la lista de Alianza País. En diez años el impacto es negativo y lo resume con varias cifras: 100 000 ha menos sembradas, el volumen de exportación cayó de 160 000 tm/año a 26 000 (el excedente supera 200 000 tm); 40% de las piladoras cerró. Ahora hay 540.

Tanto productores e industriales coinciden en que el contrabando desde el Perú -que invade provincias como Azuay, Loja, El Oro y Pichincha- ha agravado la crisis. El arroz peruano, grano más largo y graneado, incluso cambió la tendencia de consumo del ecuatoriano y obligó al productor a sembrar una semilla similar.

Los industriales calculan que al mercado ingresan hasta 70 000 tm al año. Kléber Sigüenza, presidente de la Cámara de Agricultura Zona II, señala que la política de comercialización a través de la UNA ha sido un fracaso. Debía comprar el 17% del arroz para evitar la caída del precio y necesita USD 40 millones, pero solo tiene capacidad para 45 000 toneladas. Hoy se realiza un foro del sector con delegados de Perú y de Colombia.

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