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Tareas laborales, escolares y del hogar se mezclan en cuarentena

María Mercedes Valencia trabaja junto a su hijo Julián y también supervisa sus tareas

María Mercedes Valencia trabaja junto a su hijo Julián y también supervisa sus tareas

María Mercedes Valencia trabaja junto a su hijo Julián y también supervisa sus tareas. Foto: Diego Pallero / El Comercio

En el espacio en donde antes del covid-19 se desarrollaba la vida familiar, hoy se combinan varias tareas: teletrabajo y educación virtual, además de labores domésticas y hasta juegos con balones, que solo se podían hacer fuera de casa.

Es un tiempo para ajustarse a los cambios, reflexiona la docente e investigadora en psicología de la Universidad Católica (PUCE), Marie-France Merlyn. Ha sido complicado -señala- pero, tras un mes confinados, ya se puede hablar de nuevas rutinas familiares.

Para personas como Melania Romero, esto ha representado estrés, preocupación y más cansancio del habitual. Su pareja tiene un computador con el que da clases en línea. A ella le dieron uno en su trabajo. Pero su hija Luna tiene clases virtuales, a partir de las 08:00. Así que deben compartir.

A las 08:30 Melania tiene la primera reunión con sus jefes. Se las ingenia para usar el celular o la computadora de su pareja, cuando se puede, para no interrumpir las clases de Luna.

No solo eso le angustia. Cuenta que nunca antes se preocupó por la comida. Entre su trabajo y el de Luna, Melania se organiza para cocinar. Pero desde que el covid-19 llegó a Ecuador, en su casa se desayuna, almuerza y cena más tarde que antes.

Le resulta difícil, admite. “El trabajo en casa debe ser compartido, pero en la práctica no es así”. Cuando apaga el computador, tras su jornada laboral y luego de subir las tareas de Luna a la plataforma de la escuela, “tiene un respiro”.

Algo que complica más esta época -anota la socióloga Miriam Ernest– es que la mayor parte del trabajo de casa siempre han estado bajo la responsabilidad de las mujeres.

Supervisar las tareas de los hijos, la cocina o la limpieza -señala- son labores que llevan su tiempo. Con los niños en la escuela era más fácil realizarlas, dice la socióloga, sin las demandas constantes para mamá. Ahora a eso se suman reproches de parejas que no cooperan, con frases como “cocinas feo” o “no estás cuidando bien de los niños”.

ONU Mujeres Ecuador ya advirtió que hay mayor carga para mujeres en confinamiento y para las que salen a trabajar que, además, se ocupan de los hijos y de la casa. Por ello la organización insta a incluir la perspectiva de género en la respuesta frente al covid-19.

Según las cifras del INEC, en las ciudades de Ecuador las mujeres destinan 17 horas semanales en la ciudad, y 25 en zonas rurales, a tareas de cuidado y trabajo doméstico no remunerado. Esto -alerta ONU– se ha intensificado durante la cuarentena.

María José Cruz
vivió el teletrabajo antes de ser esposa y madre, y sin una pandemia de por medio. No es igual, dice. Hoy, ella y su esposo logran laborar gracias a que viven con sus padres, quienes se encargan de su hija Sophi. Es alumna de Educación Inicial y necesita la compañía de un adulto para sus clases virtuales.

El Ministerio de Trabajo registra hasta ahora 361 530 teletrabajadores. En el régimen escolar Sierra y Amazonía, 1,9 millones de alumnos estudian desde la casa. Y desde el 4 de mayo se sumarán a esa cifra otros 1 800 000 del régimen Costa.

Para los hijos, esta época puede ser de aprendizaje -considera la psicóloga Merlyn-, ya que miran cómo sus padres lidian con el estrés, manejan la crisis y organizan la vida.

¿Qué haces papi?, ¿qué son esos colores? Son preguntas que todos los días hace Joaquín, de 2 años, a su papá, Diego Paredes, mientras él trabaja. Ahora, los diseños para redes sociales de sus clientes los realiza con su esposa, Cindy Laverde, desde casa.

Ambos se turnan durante el día para cumplir con el trabajo y los niños: Joaquín y Julián, de un año. En aislamiento -cuenta Diego- logran algo que antes no podían: desayunar juntos.

Luego Cindy revisa pedidos de los clientes, les responde y solicita información, mientras Diego empieza con el arreglo de la casa y cuida a los pequeños. Después cambian de papeles. Él empieza a diseñar y Cindy hace tareas del hogar y cuida de sus hijos.

En medios europeos se lee que Finlandia es uno de los países de la Unión Europea con más teletrabajadores antes de la crisis sanitaria, con 13,3%. Allí ya se hablaba de trabajar cuatro días a la semana, en jornadas de seis horas para mejorar la vida familiar.

El objetivo es dar más tiempo a seres queridos, pasatiempos y cultura, dijo la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin. Ella quiere seguir el ejemplo de Microsoft Japón, donde la productividad por trabajador aumentó un 40%.

La socióloga Ernest señala que en esta pandemia, el tiempo de traslados dejó de ser un problema para quienes pueden trabajar desde casa. Hay que pensar cómo eso puede beneficiar al medioambiente, por la reducción de combustible y de transporte. Incluso “reduce la culpa de padres por pasar tanto tiempo fuera”.