19 de September de 2009 00:00

A tajitos... tuvo su fiesta en la CCE

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Redacción Espectáculo

En estilo folclórico, popero y hasta tropical. A tajitos de caña sonó en su homenaje en distintas versiones  la noche del jueves, en Quito.
Y el público que acudió al Teatro Nacional no se cansó de repetirla y aplaudirla en el 35 cumpleaños.

Su aniversario fue la fiesta de la  música ecuatoriana y  del talento lojano expresado por algunos de sus exponentes: Pueblo Nuevo,  Loly Burneo, Katleya, Édgar y Lenin Palacios,  Hernán Sotomayor, compositor del tema,  y sus hijos.
 
El escenario que evocaba el cañaveral que inspiró al músico -también médico homeópata- fue diseñado por su hija menor, Lucía. Entre yute, rosas, cañas, luz y algo de humo, Sotomayor recordó viejos tiempos cantando.

Uno de los momentos en los que  más alegría se vio en su rostro fue cuando se reencontró  en escena con los médicos con quienes fundó Pueblo Nuevo. Contaron que  décadas atrás, el grupo surgió con fines ‘académicos’: un homenaje al doctor Carlos Veloz, su profesor de anatomía en la U. Central inició la historia.

Las anécdotas  venían en cada charla que Gabriel Espinosa de los Monteros entablaba con los artistas invitados. Aunque no cumplió con la ‘amenaza’ de revelar la identidad de la inspiradora de la canción, el público disfrutó de un concierto entre la nostalgia, el ritmo y la alegría.

Sotomayor disfrutó al ver desde el escenario a su hijo Javier junto a su grupo  Mantra. También al   dedicarle versos a capela de la canción Amada mía a su esposa y de  cantar a dúo con su hija, Gabriela, el tema Fiesta ‘e la cruz, inspirado en un niño negro que jugaba cherecos (canicas) en la hacienda Valle Hermoso. El ballet Humanizarte complementó esta presentación, donde el sabor a marimba esmeraldeña puso su sello.

Juan Fernando Velasco fue otro de los invitados. Dijo que para él se trataba de un honor, un gusto y un acto de justicia  ir a agradecer a Sotomayor por su canción y por recibir a los amigos en su casa en Loja con una copita de cantaclaro, siempre disponible.
 
A tajitos de caña cumplió así sus 35 años;  su compositor vivió su sueño: recrear sobre un escenario su historia de amor adolescente.

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