28 de octubre de 2017 00:00

El sur de Quito y los valles son más propensos a caída de rayos

Si bien en la capital no existen instrumentos de superficie para registrar de forma exacta el número de rayos que caen y los puntos específicos, los sitios en donde más rayos se contabilizan están ubicados en el sur de Quito y los valles. Foto: Diego Pall

Si bien en la capital no existen instrumentos de superficie para registrar de forma exacta el número de rayos que caen y los puntos específicos, los sitios en donde más rayos se contabilizan están ubicados en el sur de Quito y los valles. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal

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Luego de mañanas soleadas y calurosas, esta semana en Quito se registró lluvias intensas que incluyó la caída de granizo y rayos en diversos sectores.

La tarde del 23 de octubre del 2017, una intensa lluvia y granizó se registró en el norte de Quito. EN la imagen se ve el granizo en la avenida Orellana, norte de la ciudad. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Si bien en la capital no existen instrumentos de superficie para registrar de forma exacta el número de rayos que caen y los puntos específicos, los sitios en donde más rayos se contabilizan están ubicados en el sur de Quito y los valles.

El Instituto Nacional de Hidrología y Meteorología (Inamhi) realiza un monitoreo continuo y, a través de imágenes satelitales construye un mapa en el cual ubica la caída de rayos. Así, en el sur y en los valles se registran promedios altos de caídas de rayos, que van entre 9 y 14.

Este promedio se obtuvo de la observación entre 1998 y el 2013 en octubre, que es uno de los meses con mayor actividad eléctrica. El Inamhi trabaja en un estudio más actualizado. Los datos en el mapa reflejan el número estimado de rayos sobre una superficie de 10 km ².

Rodolfo Molina, coordinador de la Dirección de Pronósticos y Alertas Hidrometeorológicas del Inamhi, explica que además hay puntos como San Juan o Toctiuco, en donde hay zonas boscosas que son propensas a recibir descargas eléctricas. En esa zona caen alrededor de ocho rayos en octubre.

Existen otros sectores como El Troje, La Ferroviaria, La Armenia o Guamaní, donde la incidencia de los rayos es alta. Las zonas más propensas son aquellas en donde hay mayor humedad y vegetación, pero la principal característica es que son barrios ubicados en estribaciones de la cordillera. Las zonas despejadas son otros puntos que atraen descargas eléctricas. En Quito, la mayor actividad se registra en zonas hacia el oriente, porque desde allá proviene la humedad.

La Ferroviaria es uno de los barrios donde la gente se ha acostumbrado a convivir con este fenómeno natural. Hace aproximadamente tres semanas, cuando empezaron las tormentas eléctricas, un rayo ‘seco’ cayó en el sector.

Raúl Sangucho es técnico electricista y se dedica a reparar artefactos como lavadoras o secadoras en su casa, que está ubicada junto a la tienda donde también trabaja, en la calle Eleodoro Andrade.

La semana pasada trabajaba allí en la reparación de varios artefactos que le encargaron sus vecinos e incluso en su propia refrigeradora.

Todas quedaron afectadas luego de ese rayo ‘seco’ (no llovió tras la caída). Aunque él prefiere no conducir cuando llueve, no le teme a los rayos. Por estos días, más bien les agradece, porque debido a su impacto tiene más trabajo.

A pesar de que las tormentas eléctricas son comunes en el sector, no todos los vecinos están tan acostumbrados.

Cecilia Villalba, quien nació en el barrio, dice que con los años ha sentido que aumentaron las tormentas eléctricas. Ella cree que se debe a la cercanía al bosque del cuartel Epiclachima. Cada vez que se avecina una tempestad cierra su bazar y espera a que escampe.

En otro local comercial, un grupo de mujeres conversaba en la puerta. Martha Villalba vive hace 61 años en La Ferroviaria, pero la costumbre de escuchar truenos tan de cerca no ha hecho que pierda el miedo.

Cuando hay una tormenta, dice, es común que se vaya la luz y suenen fuerte las ventanas. Villalba recuerda que hace algunos años falleció un joven que cuidaba vacas. Y antes murieron una mujer y su hija. Ambos estaban en descampados.

Por eso, la mujer prefiere reu­nirse con su familia cuando caen tormentas y los refugia en el cuarto más alejado de la casa. Así, todos se sienten más tranquilos y seguros.

Desde inicios de octubre, el clima se ha tornado irregular. Esta época es considerada de transición entre la temporada seca y la lluviosa en la ciudad, por lo que hay más tormentas eléctricas.

Las tormentas fuertes suelen ocurrir, según Molina, cuando las nubes han tenido varias horas para desarrollarse, se transportan y llegan a la ciudad, que ha venido calentándose durante horas. La fricción que existe entre las moléculas deriva en fuertes descargas.

Por otra parte, Molina asegura que las nubes se desarrollan de este modo porque no hay viento en esta época del año, lo que permite el ascenso de nubosidad. Mientras sube se enfría y se forma el granizo, lo que ha afectado a la ciudad en estos último días.

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