28 de octubre de 2018 00:00

¿El sucre agoniza de nuevo?

Las transacciones con el Sistema Unitario de Compensación Regional de Pago (Sucre), prácticamente se han diluido. Ecuador se  incorporó a este sistema en octubre del 2009.

Las transacciones con el Sistema Unitario de Compensación Regional de Pago (Sucre), prácticamente se han diluido. Ecuador se incorporó a este sistema en octubre del 2009. Foto: Archivo

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Xavier Basantes
Macroeditor (O)

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Casi dos décadas después de su ‘muerte’ en el país -para dar paso a la dolarización (2000)-, ahora el Sucre pierde fuerza como Sistema Unitario de Compensación Regional de Pago. El uso de este mecanismo fue acordado en noviembre del 2008, en un principio, por los países que en ese momento conformaron la Alianza Bolivariana para las Américas (ahora se llama Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América). Ecuador en ese momento no integraba el grupo, se incorporó el 2009 (ahora ya no forma parte) y de ese modo se sumó a las iniciativas derivadas del socialismo del siglo XXI. “Es el momento, no tengo duda, de crear una moneda internacional, y qué bueno sería crear, si Ecuador lo permite, el Sucre”, decía Hugo Chávez.

Cuando Ecuador suscribió el convenio (17 de octubre del 2009), el Gobierno de la época destacó que el Sucre se constituiría en uno de los principales aportes de la nueva arquitectura financiera internacional. En este nuevo esquema también se destacaba el papel que tendrían el Banco del Sur y el Banco de la Alba, para responder a las crisis internacionales y así, alejarse de los ‘demonios’ de los multilaterales; es decir, del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Sin embargo, ninguna de esas entidades ha trascendido en el ámbito internacional y solo se han quedado en papeles y promesas.

Países como Argentina, por ejemplo, han preferido acudir a uno de esos ‘demonios’ para aliviar sus líos fiscales, antes que a la instancia promovida en su momento por los Kirchner.

El año en que más transacciones se realizaron con Sucres, entre quienes impulsaron este esquema (Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba y Ecuador, con Uruguay como observador) fue en el 2012 (en pleno auge del ‘boom’ de los commodities), al ejecutar 2 646 transacciones de comercio exterior por USD 1 070 millones. En el caso de Ecuador hubo operaciones por USD 910 millones y la mayoría de transferencias se hicieron con Venezuela.

En esos años, la idea era aceptada desde el punto de vista de poder generar una facilidad de pagos para el intercambio comercial, a través de un sistema de compensación. El Banco Central del Ecuador destaca algunos aspectos positivos en esa propuesta. Por ejemplo, reducir costos de transacción y proporcionar liquidez adicional a los bancos centrales.

Hace casi una década había expectativas positivas por esta nueva arquitectura. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), en un informe publicado en el 2013 por Lucas Castiglioni y recogido por el BID, señala que este mecanismo “no solo es necesario en el marco de una crisis internacional sino que también es posible”, teniendo en cuenta las condiciones sociales, económicas y políticas presentes en la región, encausadas en proyectos de integración regional. Claro, pero todo ello se afianzaba en un ámbito institucional que se sostenía en organizaciones como Unasur, Alba e incluso en la Celac. No obstante, estas entidades que surgieron al calor del debate ideológico hoy prácticamente han perdido protagonismo.

A partir del 2013, las operaciones con el Sucre prácticamente están en caída libre; a la par del desplome de los precios del petróleo, que fue el principal respaldo financiero que tenían estos países. Eso, pese a que sus promotores llegaron a compararlo con la unidad monetaria que logró la Comunidad Europea con el euro.

Además de la crisis por la que atraviesan estos organismos regionales, una de las causas que ponen al Sucre en terapia intensiva es el hecho de que los actores más entusiastas (Venezuela y Ecuador) se ataron mucho al ingreso petrolero.

“Por esta razón, cuando Venezuela empezó a entrar en crisis hace algunos años atrás, también se afectó el uso del mecanismo. Hoy en día (el Sucre) está casi inutilizado”, sostiene Daniel Legarda, presidente de la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor).

¿El Sucre agoniza y está herido de muerte? No, responde Carlos de la Torre, exministro de Finanzas y uno de sus mentores y diseñadores. “No se lo utiliza porque este sistema operó para el comercio con Venezuela y para facilitar la gestión de nuestros exportadores, quienes demoraban hasta nueve meses para recibir sus pagos. Las exportaciones hacia Venezuela han caído considerablemente, por los problemas económicos de ese país”. ¿Pero si también son partícipes del Sucre países como Bolivia, Cuba o Nicaragua, por qué esas naciones no le dan oxígeno? “Porque las relaciones comerciales con esos países es mínima”, dice el exministro.

En un contexto en el cual las relaciones entre Ecuador y Venezuela están en su peor momento y ese país está inmerso en una seria crisis, así como el desgaste de los organismos regionales creados con el fervor de los acólitos del socialismo del siglo XXI y con entidades financieras que nunca despegaron, como el Banco del Sur, ¿qué futuro le puede esperar al Sucre? De la Torre sostiene que algún día se recuperará ese intercambio comercial y ahí estará listo este sistema para favorecer el comercio exterior.

Pero se tejen más dudas alrededor de la eficacia de este sistema. En el sector empresarial también se asegura que fue mal utilizado por algunos actores, que incluso estuvieron involucrados en casos de lavado de activos.
El Sucre nuevamente está en terapia intensiva y con los días de vigencias casi contados.

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