Soraya Herrera transformó el dolor de perder a su hija en fuerza

Soraya Herrera está delante de un collage de imágenes que forman el rostro de Nicole. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Soraya Herrera está delante de un collage de imágenes que forman el rostro de Nicole. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Soraya Herrera está delante de un collage de imágenes que forman el rostro de Nicole. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Soraya Herrera dirige el Centro de Apoyo a Víctimas de Accidentes de Tránsito que surgió para honrar la vida de su hija, Nicole Paredes.

El celular que estaba sobre el velador de la habitación sonó una y otra vez. Eran las 07:00 del sábado 1 de septiembre del 2007. Soraya Herrera recuerda que contestó y que Polo Paredes, su esposo, estaba desesperado. Con voz entrecortada le dijo que su hija, Nicole, había sufrido un accidente de tránsito, que un auto la había atropellado y una ambulancia la trasladaba de urgencia hacia el Hospital Militar.  

14 años después, Herrera dice que al escucharlo perdió la razón por unos minutos, que luego comenzó a llorar desesperadamente. En casa estaban sus otros dos hijos, Esteban y Sebastián, que entonces solo tenían 13 y 11 años. Se despertaron por los gritos de dolor. Ellos trataron de ayudarla.

En medio de la confusión llamó a su cuñada para ir en su carro hasta la casa de salud. “En el trayecto pensaba en Nicole y oraba para que esté bien”. En el hospital confirmaron su deceso. Tenía 16 años.  

La mujer hace una pausa entre sus actividades para conversar con este Diario. Deja a un lado los documentos del Centro de Apoyo a Víctimas de Accidentes de Tránsito Nicole Paredes (Cavat), una fundación que creó junto con su esposo. Llora cuando recuerda el hecho. “Es el momento más doloroso de mi vida”.

Pero asegura que eso la impulsó y hoy, a sus 54 años, dirige la fundación. Esta actividad la combina con la empresa familiar, que se dedica a la compra y venta de bienes raíces.

¿Por qué creó Cavat?  Paredes asegura que su esposa tuvo la idea de formarlo tras el “viacrucis” que significó hacer los trámites legales para que el responsable por el deceso de su hija fuese sentenciado.

Después de dos años y seis meses del proceso, fue condenado a ocho meses de prisión y una reparación de USD 3 000, que finalmente no cumplió. “En las diligencias sentíamos que no había justicia. En primera instancia lo declararon inocente y tuvimos que apelar para que lo sentenciaran. Nos perdíamos en un mar de trámites legales. No queríamos que alguien pasara por lo que pasamos: la indolencia del Estado”.
 
Hasta este lunes 19 de abril del 2021, su hijo Esteban también trabaja como psicólogo en la fundación, una actividad que ha crecido poco a poco.  

En la casa en la que viven actualmente, en Cumbayá, recuerdan la primera vez que Herrera ayudó a una persona. Ocurrió a los tres días del fallecimiento de Nicole. Un amigo de la iglesia cristiana a la que asistían les contó que un chico, de 14 años, también había sido atropellado. No murió, pero quedó en estado vegetativo en el Hospital Eugenio Espejo.

Soraya le dijo a su esposo que debían ir y hablar con la madre del chico, que todas las mañanas estaba junto a su cama.

“Le dimos fuerza y al mismo tiempo nos dio fuerza. Nuestro dolor era reciente, pero esa mañana disminuyó”, comenta Polo Paredes. Desde ese día la pareja ha ayudado a más afectados por choques y arrollamientos. Les ofrecen apoyo emocional. Han participado en plantones, en la Plaza Grande, cuando familiares de las víctimas se reúnen.

También brindan asesoría legal. De hecho, tras la muerte de su hija, Soraya estudió Jurisprudencia. Ya se graduó y sus conocimientos le sirven para intervenir en procesos que se abren tras los accidentes. Hoy hace el seguimiento de un caso en el que murieron 14 personas en el 2017. “Sin un fallo, las víctimas no pueden cobrar una indemnización. Es injusto”.

Esteban dice que pese a que sus papás se metieron de lleno a su lucha por Nicole y por otras personas afectadas, nunca los descuidaron de pequeños. Polo aclara que para su esposa los hijos son prioridad.

Él cuenta que Nicole sacó el lado deportista de su mamá. Soraya fue seleccionada de atle­tismo en el Colegio 24 de Mayo; su hija se alistaba para competencias de triatlón con otros atletas de la Concentración Deportiva de Pichincha.

El accidente en el que falleció se produjo cuando practicaba ciclismo en la extensión sur de la av. Simón Bolívar, pues esta aún se encontraba en construcción y había prohibición para el paso de carros.

Pese a ello, un conductor entró en la vía y la impactó. “En el juicio dijo que estaba atrasado a un mitin político”, recuerda Polo. Él había acompañado a su hija. La escoltaba para que no le pasara nada. En una curva fue rebasado por un auto deportivo. “Iba a exceso de velocidad”, cuenta. Luego vio a su hija en el suelo. El conductor trató de huir, pero fue impedido por trabajadores del Municipio que intervenían la vía.

Desde el Cavat, Herrera ha representado a Ecuador en citas internacionales sobre seguridad vial. Ha participados en congresos realizados en Colombia, España, EE.UU. y Costa Rica. En ocasiones, la organización del país anfitrión pone el pasaje. Otras veces, el hospedaje. El resto de los gastos los cubre la fundación.

Soraya incluso ha intervenido en el Consejo Consultivo de la Agencia Nacional de Tránsito desde el 2018 y en el Pacto por la Seguridad Vial, el 2017.

Ahí propuso reformas legales. Una de ellas es propiciar el uso de dispositivos de seguridad para niños en los vehículos. Sus propuestas de cambio a la Ley de Tránsito no avanzan, porque las reformas están estancadas en la Asamblea.
 
Su esposo resalta su fuerza. Asegura que sin su perseverancia no tuvieran la empresa que actualmente manejan ni la fundación ni el hogar que lograron mantener estable en medio de la tragedia.

Hoy, el recuerdo de Nicole quedó impregnado en un retrato hecho con carboncillo y que está en un muro de la casa de los Paredes-Herrera.