1 de abril de 2020 10:00

Una sopa 'ciudadana' para el personal médico de Bruselas

Isabelle Arpin deleita con sus sopas dos veces por semana al personal de un hospital de Bruselas, Bélgica. Foto: AFP

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Agencia AFP

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Papas y anguila ahumada, espárragos blancos y regaliz, curry rojo tailandés. La galardonada cocinera Isabelle Arpin deleita con sus sopas dos veces por semana al personal de un hospital de Bruselas, en primera línea frente a la pandemia del covid-19.

“Una buena comida rica en vitaminas es buena para la moral y para la salud”, explica esta mujer, mientras sumerge un “bazuca”, una enorme batidora, en una olla para preparar un 'velouté' de berros.

Diez contenedores grises de 12 litros, llenos de bolsas que pueden soportar una temperatura de 80 grados, esperan las perfumadas sopas cuyo destino final será 350 trabajadores del hospital Erasme.

Para esta dinámica cocinera de unos 50 años, acostumbrada a servir refinados y coloridos platos en su restaurante de la reputada avenida Louise de Bruselas, el cambio es radical.

Un día después del último servicio del 13 de marzo, cuando el restaurante cerró sus puertas a causa del confinamiento, Isabelle Arpin y su socia, Dominika, pensaron lanzar un negocio de catering.

Pero un restaurante gastronómico que sirve unos treinta cubiertos a 80 euros de media por la noche no está realmente equipado para este tipo de servicios.

“¡Tampoco íbamos a quitarles las máscaras al personal sanitario para hacer volovanes!”, asegura Dominika, la gerente, que empezó a preparar las sopas, pese a que nunca entró en cocina antes de la pandemia.

Isabelle Arpin deleita con sus sopas dos veces por semana al personal de un hospital de Bruselas, Bélgica. Foto: AFP

Foto: AFP

Ambas mujeres, comprometidas en la ayuda a la investigación médica del hospital por razones personales, se pusieron manos a la obra muy rápido.

Tras unos días para perfilar su proyecto, contactaron de nuevo con sus proveedores, especialmente varias granjas, entre ellas una en la que trabajan personas con discapacidad, y también reciben alimentos no vendidos en supermercados.

Su primera sopa llega el 21 de marzo. “Las sopas son nutritivas, son casi una comida. Es fácil comer rápido”, explica Dominika, de 40 años, explicando que los berros, por ejemplo, son “una bomba de vitaminas”.

“Felicidad” 

Con su máscara negra de puntos blancos, la chef Isabelle Arpin, diplomada de la escuela de hostelería de Dunkerque (norte de Francia), es todo un personaje.

Una foto suya haciendo yoga sobre una rueda de queso comté recibe a la clientela del restaurante que lleva su nombre.

El martes 31 de marzo del 2020, su curry rojo tailandés lleva pimientos, champiñones, calabacines, cebollas, carne de ave, hierba luisa y leche de coco, un plato más que suficiente por sí solo.

“No estoy acostumbrada a cocinar para tanta gente. Por otra parte, siento que he vuelto al objetivo inicial de nuestra profesión, alimentar a la gente”, reconoce la chef, cuyo anterior restaurante obtuvo una estrella Michelin.

Para esta aficionada al boxeo, que vive en Bélgica desde hace 20 años, “en una situación como esta, sin saber qué pasará, debemos ayudar a la sociedad en la que vivimos”. “Es una acción ciudadana y es ahora”, asegura.

Su ronda de sopas, los martes y los jueves, representa en cualquier caso un descanso en las duras jornadas de los trabajadores del Erasme.

“¡Qué felicidad poder respirar unos minutos con mi servicio, viajar a Tailandia o descubrir el sabor del anís con unas hojas de berro (...) en un día a día que se ha vuelto tan brutal y agotador”, dice la jefa de anatomía patológica del hospital, Isabelle Salmon.

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