8 de June de 2009 00:00

El socialismo que yo reclamo

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Héctor San Martín Jordán

El más claro ejemplo de que no es a través de la guerrilla y de la violencia que se puede obtener el poder ciudadano es el triunfo de Mauricio Funes.

Durante años, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional no estuvo lejos, en sus prácticas, de las FARC o de Sendero Luminoso, como los paras y contras de derecha que llenaron de sangre a El Salvador y permitieron el surgimiento de ese enorme grupo de desencantados y resentidos sociales que son los Maras, principalmente la Salvatrucha, que intentan de alguna manera incorporarse a la vida pública, política y social, de sus países en Centroamérica.

Hombre de sólida preparación, de amplia cultura, versátil y duro y penetrante periodista, lo que para algunos de nosotros sería una verdadera ‘bestia salvaje’, Funes hizo de su práctica periodística el camino para llegar a la Presidencia de El Salvador, para que vean ciertos detractores que cuando la lucha es bienintencionada, no importa si se es o no periodista, ya que eso no lo inhabilita.

Gracias a su temperamento y a su lucha convenció a los salvadoreños que era la hora de pasar de los viejos gobiernos de derecha y de Arena,  para dar paso a uno de izquierda, pero de una izquierda racional, moderna, fundamentalmente democrática, inclusiva, respetuosa de la prensa, claro está, y de los derechos humanos.

Lo hace sin  las altisonancias ni estridencia de otros que se llenan la boca de socialismo y revolución, que  como Chávez, por ejemplo, solo pretenden perpetuarse en el poder inmiscuyéndose en la política de los demás países.

En su toma de poder no dudó en saludar a los EE.UU. y a su nuevo Gobierno, de reclamar el levantamiento del embargo de Cuba y de presentar un programa de Gobierno coherente, apartado del populismo y de la demagogia, criticando con dureza pero con altura a los gobiernos de derecha de su país, de tomar como ejemplo al presidente Lula y de aspirar a una América unida más allá de las ideologías de sus líderes y de sus pueblos.

Ese es el socialismo que reclamo y que siento,  ya que el socialismo no solo es una práctica política sino una forma de ver y entender la vida.

No basta con decirse socialista o de izquierda, hay que serlo en la praxis diaria. Lo demás es pura palabrería, pura demagogia.

La ruta del cambio está señalada, hay que seguirla bajo el imperio de la ley y la democracia, so pena de caer en gobiernos totalitarios y dictatoriales, de izquierda o derecha, contra los que estamos llamados a luchar.

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