29 de September de 2009 00:00

¿Soberanía?

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Víctor Granda Aguilar

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La defensa radical de la soberanía es otra de las características fundamentales de una nueva izquierda y, en especial, de quienes, como el presidente Rafael Correa y sus cercanos colaboradores, pretenden identificarse con un socialismo nuevo o renovado.

Los anuncios inaugurales del actual Gobierno de no involucrarse en el conflicto interno de Colombia y redefinir el papel de las FF.AA. pronto fueron sustituidos como resultado de la muerte trágica de la ministra de Defensa, Guadalupe Larriva, su joven hija y seis oficiales, sin que el Régimen, la Fiscalía y la Corte Nacional de Justicia hayan establecido y sancionado la irresponsable actuación del obsecuente Mando militar que evidenció también su incompetencia profesional al no garantizar la seguridad del Estado tanto en los acontecimientos de Montecristi  como en los de Angostura.

Si bien el Régimen cumplió, en estos días, con la promesa electoral de terminar el ambiguo convenio para la utilización norteamericana de la Base de Manta,  desde los primeros meses de su gestión se ha venido congraciando con Estados Unidos aplicando, más allá de lo solicitado y fuera de toda proporción, el blindaje de la frontera con Colombia, para lo cual utiliza más de 12 000 efectivos y centenares de millones de dólares del bolsillo de los ecuatorianos en gastos, sueldos y equipo militar, superando con creces las acciones de los gobiernos anteriores y la gestión de ministros de defensa militares, que estando asociados a EE.UU. por convicción, relaciones o conveniencia, por lo menos tuvieron la sensatez de no involucrar formalmente al país y a las FF.AA., en una guerra en la que nada tenemos que hacer.

La adscripción del régimen a la estrategia militar colombo-norteamericana en la frontera se profundizó en los últimos meses, además, para desvirtuar las irresponsables relaciones de algunos de  sus colaboradores con ciertos elementos de las FARC.

El Gobierno debía ponerlos a órdenes de la justicia en lugar de colocar en grave peligro la vida de soldados y civiles  y malgastar los escasos recursos del país.

El control de la frontera norte es, sin duda, una necesidad de seguridad interna inobjetable, pero no debe ajustarse a las exigencias bélicas del vecino o de la potencia hegemónica y no puede ser más importante que la justa demanda de la ciudadanía para que la Fuerza Pública participe más efectivamente en el control del crecimiento de la delincuencia y de la inseguridad en las ciudades y campos del país.

Las convicciones sobre soberanía de un real proyecto alternativo  deberían mantenerse al margen de chantajes externos; no estar supeditadas a las necesidades de mejorar la imagen gubernamental frente a dudosos compromisos y no depender de las conveniencias electorales o los sondeos de opinión.

Columnista invitado

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