5 de September de 2009 00:00

La Sinfónica Juvenil de Alemania agradó

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Redacción Cultura

Al ingresar por el pasillo de paredes amarillas, el sonido de los instrumentos llenaba el lugar.



Los conciertos siguen
Mañana, la  Orquesta se presentará  en la  Casa de la Música en Quito  (Valderrama s/n y Mariana de Jesús), a las 18:00. Valor: USD 10.
El lunes 7,   los jóvenes tocarán, a las 20:00,  en  la  Politécnica de Chimborazo;   el miércoles 9, 19:30,   en el Teatro Sucre de Cuenca; el martes 15,  en Manta, y el jueves 17, en Guayaquil. Gratis.Chicas con vestidos negros hasta las rodillas y jóvenes con ternos del mismo color sujetaban sus flautas, violines, violonchelos.
Ellos, en apariencia, no sobrepasaban los 20 años. Así, los jóvenes ensayaban la noche del jueves, en las aulas contiguas al salón del Colegio Alemán, previo a su primer concierto en el país.

Uno de ellos,  Julian  Fahrner, de 19 años, decía estar feliz por  la presentación con la Orquesta Sinfónica Juvenil del estado de Baden-Wurtemberg, a la cual pertenece desde hace seis años.

Pronto, Daniel Orejuela, uno de los coordinadores en el escenario, le alertó   que en  pocos minutos entrarían al salón.

El reloj marcaba las 19:30. En el teatro se vivía otro ambiente. Los 600 puestos estaban llenos. Varias personas debieron sentarse en las gradas alfombradas.

Los jóvenes ingresaron 15 minutos después  y recibieron aplausos.  A continuación, el consejero cultural de la Embajada de Alemania, Simon Kreye, dio la bienvenida a los “amigos de la música”. Tras un breve recuento de la orquesta  agradeció  a varias  empresas y al
Festival Internacional de Música Mendelssohnfest.

Christoph Wyneken, quien desde hace 37 años dirige la orquesta, entró al escenario. Lucía un jean y  una sencilla  camisa negra, lo que sorprendió a todos.

Pidió disculpas, en alemán, porque sus maletas “se habían tomado unas vacaciones en España y recién mañana (hoy) esperaba su llegada”, lo cual arrancó sonrisas de los asistentes. Uno de los cuatro jóvenes en la Orquesta, que habla español, hizo de traductor y contó lo sucedido.

“Estoy feliz de tocar esta noche para ustedes y espero que disfruten la música”,  aseguró el director. Tomó su batuta en su mano derecha y la ‘Obertura de Ruslan y Ludmila’, de Mikhail Glinka, empezó a sonar, a las 19:58.

De esta manera comenzó el primero de los ocho conciertos que la Sinfónica dará en Ecuador.

Seis minutos después, los primeros aplausos llenaron el teatro. Los jóvenes se pusieron de pie para recibir la aclamación; esta misma conducta se vio a lo largo de todas las  obras interpretadas.

Le siguieron ‘La Polonesa brillante en la mayor, op. 21’, de Henryk Wieniawski, donde Tonio Geugelin, de 18 años, demostró su talento con  el violín.
 
Luego vino ‘Andante con moto de la cuarta sinfonía op. 90’, de Félix Mendelssohn, y la Sinfonía nro. 5, op 67 de Beethoven.  

Para Iván Vásconez, pianista de más de 20 años de trayectoria, la Orquesta mostró su gran capacidad. “El violinista  fue perfecto, para su edad es impresionante. La orquesta  tiene un muy buen balance, sorprende que siendo tan jóvenes logren un equilibrio tan bueno.
En la obra   Glinka  lograron un contraste  estupendo”, dijo  emocionado el músico, durante un intermedio. Eran las 20:40.

Los chicos volvieron al escenario a las 21:03. Luego de tocar  ‘Freikugeln Polka (Balas francas), op. 390’, el director cambió el programa. Cuatro chicos tocaron el ‘Quartete, op. 67’ de W.A. Mozart, que encantó al público. También, la ‘Polonesa de Eugen Oneigin, Moderato. Tempo di Polacca’ y  el cuarto movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven,  obra que no era del repertorio.  

Finalmente, las luces del lugar se encendieron en medio de los aplausos que se prolongaron cuatro minutos. Eran las 21:57, cuando los músicos y el director dejaron el escenario.

Tras bastidores, todos sonreían. “Fue un público cálido, fue emocionante”, dijo  Ulrike Bengsch, de 17 años. Su director  felicitó a todos. Wyneken contó a este Diario que  disfrutó del acto  y que cambió el programa, pues vio a muchos jóvenes en  las butacas.

Una de ellas, Isabel Andrade, de 13 años, que estudia violín desde  los 6, salió con una amplia sonrisa. “Me gustó mucho la coordinación entre los músicos, me incentivó para seguir aprendiendo”, comentó la joven del Colegio Americano, antes de salir con sus padres del teatro.

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