Cinco servicios para atender a los migrantes en Quito

El pasado 3 de julio del 2019, un grupo de ciudadanos venezolanos hizo fila para recibir el almuerzo en el albergue San Juan de Dios. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

El pasado 3 de julio del 2019, un grupo de ciudadanos venezolanos hizo fila para recibir el almuerzo en el albergue San Juan de Dios. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

El pasado 3 de julio del 2019, un grupo de ciudadanos venezolanos hizo fila para recibir el almuerzo en el albergue San Juan de Dios. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Asesorías jurídicas y psicológicas, trabajo social, apoyo logístico, atención en educación y salud se enmarcan en los campos de acción emprendidos por los gobiernos de Pichincha y de Quito, en favor de los ciudadanos venezolanos que llegan a la capital.

La Prefectura de Pichincha, por ejemplo, tiene un programa estructurado desde hace cinco años, que se enfoca en la atención directa a personas que se encuentran en situación de movilidad humana, principalmente inmigrantes y refugiados que ingresaron al país.

Desde el año 2014 hasta junio de este año, la Unidad de Movilidad Humana ha atendido a más de 8 500 personas en situación de vulnerabilidad. Así lo señala Jacques Ramírez, director de Cooperación Internacional y Movilidad Humana del Gobierno de Pichincha.

La entidad trabaja en cuatro áreas. La una es asesoría jurídica: se orienta a la persona sobre el tipo de visas y permisos para quedarse en el país. Psicológica: atención a personas vulnerables; recién abrió un servicio especial para los niños. Trabajo social: a través de Misión Pichincha se accede a servicios de salud. Además, tiene dos casas de acogida con capacidad para dos familias.

Apoyo logístico: desde agosto del 2018 se creó un corredor humanitario para los venezolanos que viajan a Perú. Hace tres semanas la Prefectura contrató seis buses para transportar a 280 personas.

La tarea no queda ahí, explica Ramírez. En todo este tiempo han atendido a ciudadanos de 72 nacionalidades, entre ellos de Siria, Haití, África, Paquistán, Irán. Incluso se abrió una escuela de español.

Los beneficios del programa de la Prefectura, sin embargo, son desconocidos para muchos venezolanos.

Uno de ellos es Emilio García, quien llegó a Quito hace nueve meses desde Caracas. En las calles labora como vendedor de ropa interior y con los USD 20 que gana a diario mantiene a su familia. “En mi país trabajé en una empresa llamada Intercable. No me despidieron, yo decidí irme porque el sueldo no me alcanzaba”.

En estos días, Emilio acude al albergue particular San Juan de Dios, localizado en el sector de San Diego (Centro Histórico). Ahí le brindan alimentación y una cama para pernoctar en las noches. Él desconoce los proyectos que impulsan la Prefectura o el Municipio.

En similar situación se halla Michelle Castillo, de 26 años, oriundo La Guaira. Llegó el miércoles 3 de julio del 2019 y se quedó en el San Juan de Dios. Aquí prevé descansar un par de días y luego continuar su ruta al Perú. “Allá me espera un familiar. No tengo dinero, espero llegar con la ayuda de la gente”.

El albergue San Juan de Dios recibe diariamente a decenas de ciudadanos venezolanos que descansan y se alimentan allí. Verónica Jiménez Guerra, trabajadora social del refugio, indica que en la actualidad hay 172 camas disponibles para usuarios externos eventuales. El 90% de esos espacios es ocupado por ciudadanos venezolanos.

Un 8% se distribuye entre colombianos y personas de otros países. Los ecuatorianos utilizan el resto de plazas.

“En el 2018 recibimos mucha más gente, unas 200 personas externas tenían alimentación y hospedaje. La mayoría eran llaneros”, acota la funcionaria.

Cuando alguien llega al albergue, solo puede quedarse hasta 15 días. Los tres primeros reciben alimentación gratuita, luego tienen que pagar USD 0,50 por cada comida.

En el caso del Municipio de Quito, es la Secretaría de Inclusión Social la encargada de coordinar iniciativas de apoyo para los migrantes. Grace Quelal, directora del programa ABC (Ayuda, Becas y Créditos), señala que varios niños llaneros se benefician de la atención en los Guagua Centros. Asimismo, en las Casas Somos hay un componente de capacitación para potenciar las capacidades de empleo.

Para Daniel Regalado, presidente de la Asociación Civil Venezuela en Ecuador, el programa que más ha beneficiado a sus coterráneos es el que lleva a cabo la Prefectura. “Dentro de sus limitaciones presupuestarias, han tenido una ayuda efectiva, yo creería al 100% de su capacidad. El área de Movilidad Humana ha brindado asesoría legal, ayuda psicológica, entre otras.

En cuanto a la labor del Municipio, Regalado señala que el Consejo de Protección de Derechos durante este año ha establecido parámetros que antes no existían y eso es importante. El apoyo municipal más cercano lo ha sentido -dice- a través del Patronato San José. Ha brindado atención y guía para emprendimientos dirigido a madres solteras.

En Quito, según la Asociación, hay aproximadamente 22 000 venezolanos. En Pichincha son más de 27 000.