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Decenas de velas se encendieron la noche de este 23 de enero para recordar a las víctimas de femicidio

Ruth exige justicia por la muerte de Valentina. Murió en el 2016, a los 11 años. Fue violada y asesinada. Foto: EL COMERCIO

Ruth exige justicia por la muerte de Valentina. Murió en el 2016, a los 11 años. Fue violada y asesinada. Foto: EL COMERCIO

Ruth exige justicia por la muerte de Valentina. Murió en el 2016, a los 11 años. Fue violada y asesinada. Foto: EL COMERCIO

La noche de este sábado 23 de enero del 2021, dos docenas de personas llegaron hasta El Arco de la Circasiana (El Ejido, centro-norte de Quito) para exigir justicia por las mujeres que han perdido su vida en manos de esposos, exnovios, profesores, padres, abuelos, padrastros.

Lo hicieron portando pancartas, velas, tambores y bombos, y una gran llama encendida en lo más profundo del corazón, que las motiva a seguir con la lucha.

Ruth fue una de las personas que se concentró en ese lugar. Llegó para reclamarle al Estado por su lentitud en el proceso que busca determinar al responsable de la muerte de su hija. Cursaba el séptimo año de Educación Básica, hace cuatro años, cuando alguien la violó y asesinó.

Ruth recuerda que su hija tenía que asistir a un ensayo de música luego de terminar la escuela. Nunca llegó y en la institución educativa, en la que estudiaba, jamás escucharon ni vieron nada. Al siguiente día -a pocos metros de la escuela- encontraron su cuerpo sin vida y ultrajado.

Esta madre se llena de tristeza e indignación cuando recuerda que la escuela fue obligada a cerrar sus puertas, “pero más tarde las abrió con otro nombre”.

Así es como funciona la justicia en el país, dice Ruth. Por eso, no descansará hasta que el Estado cumpla con las deudas pendientes; con la suya y con las de sus compañeras y compañeros, que la tercera semana de cada mes se reúnen en ese espacio público de Quito.

El plantón se realizó en el el Arco de la Circasiana, en El Ejido, centro-norte de Quito. Foto: EL COMERCIO

La toma de ese lugar -apunta Ruth- no es aleatoria. Lo hacen para que la gente entienda que las mujeres tienen derecho a caminar libres, sin temor a ser violentadas.

El encuentro arrancó a las 18:30 y se extendió hasta las 20:30. Integrantes del colectivo Batuka Batumbá dieron inicio al plantón llamado Sonidos de la Memoria. Fueron siete y llegaron con sus bombos y tambores. Así es como ellas también exigieron justicia por sus ‘hermanas’ víctimas del femicidio. El colectivo funciona desde hace dos años. Acompañan diferentes luchas sociales y relacionas con el ambiente.

Al caer la noche, Slendy Cifuentes Rubio, hermana de Johanna, asesinada por su exnovio con 17 puñaladas, tomó el micrófono para sumarse al pedido de justicia.

El presunto asesino fue arrestado tras permanecer 10 años prófugo. Contó que, en el 2006, luego de quitarle la vida a la joven de 19 años, que soñaba con ser veterinaria, huyó a Venezuela, donde obtuvo la ciudadanía.

Slendy señaló que cuando la justicia tarda no es justicia y por eso acompaña a sus compañeras en la lucha. “Yo sé lo que se siente”.

Según registros oficiales, 450 mujeres han sido asesinadas por sus parejas desde agosto del 2014 cuando se tipificó el femicidio en el Código Integral Penal (COIP), hasta este enero del 2021. Hasta el 2014 las muertes de mujeres eran tratadas como asesinatos u homicidios, pero la inclusión de ese delito se dio después de la conmoción y el debate que generó el crimen de Karina del Pozo.

Al final de la jornada de esta noche, encendieron las velas, distribuidas en forma de espiral sobre el piso. Sus voces volverán a retumbar el mes que viene.

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