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Saqueos, asaltos y bloqueos durante las protestas en Guayaquil

Redacción Guayaquil A pie, cientos de personas recorrieron los carriles de los puentes de la Unidad Nacional. Caminar fue la única opción, pues el paso vehicular por esa vía se cerró desde las 09:00.

En el tramo Guayaquil-Samborondón, cuatro motos de la Policía bloquearon el tránsito. El ruido de los pitos de los autos mostró el enojo de los conductores, atrapados en un extremo del viaducto. “Tomen la ruta del PAN (Puente Alterno Norte)”, era el consejo de los vigilantes que apoyaron la protesta liderada por la Policía Nacional.

Iselda Galarza aceleró el paso para atravesar los dos viaductos. “Todo esto es un caos”. Carros estancados. Gente corriendo con bultos a cuestas. Motociclistas que cobraron USD 1 para trasladar pasajeros de un extremo a otro. Y policías paralizados.

Siete camionetas del destacamento de Durán formaron una trinchera en el ingreso al cantón. Detrás se extendía una fila de carros y buses. Ahí, los únicos agentes que daban declaraciones usaban capuchas. “Los comandantes están politizados, deben dejar sus cargos por dignidad”, dijo un uniformado.

Fuera de sus autos, los choferes comentaban sobre la protesta. Otros oían atentos a los locutores de radios locales, quienes en tono de alerta hablaban de asaltos, saqueos, cierre de vías’ “Mejor me encierro en mi casa”, dijo asustado Luis Erazo, tras escuchar las noticias del momento.

A las 12:00, luego de una tregua parcial, el paso se abrió. Pero en la tarde, nuevamente la Policía se atrincheró en los puentes.

Pocos minutos después del paro policial, en Guayaquil fue casi imposible movilizarse. Estudiantes y trabajadores esperaron por horas en las paradas de buses. Las puertas de las paradas de la Metrovía estaban selladas con candados, por lo que muchos simplemente se resignaron a caminar por las aceras.

Las rutas de las líneas de buses se alteraron por el cierre de avenidas principales como la 25 de Julio. Allí, el olor a llantas quemadas asfixiaba a los peatones.

En el norte, tiendas y negocios dejaron de atender. Pocos guardias privados hacían rondas, sin despegar sus manos de los revólveres que llevaban en la cintura.

Mientras que el centro de la ciudad se convirtió en una tarima de manifestaciones a favor y en contra del presidente Rafael Correa. En la 9 de Octubre, unos 20 trabajadores del Ministerio de Turismo apoyaban al Régimen. Y en una estatua a la entrada del Parque Centenario, los grafitis revelaban la inconformidad con el Gobierno. Ya en la tarde, esta zona comúnmente ajetreada lució desolada.

La falta de vigilancia dejó como consecuencia varios asaltos. Vidrios rotos y perchas regadas fue lo quedó del almacén Jaher, en la vía Perimetral. Se llevaron todos los electrodomésticos.

Mientras que en Tía, un local cercano, se llevaron hasta las perchas. Para verificar los robos, 50 miembros del Grupo de Intervención y Rescate (GIR), que retomó sus labores en la tarde, recorrieron varios sectores. Ellos reportaron siete robos.

El aeropuerto José Joaquín de Olmedo colapsó. Extensas filas de pasajeros disgustados se formaron frente a los ‘counters’. Diez vuelos internacionales se aplazaron, no había policías en Migración.

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