26 de August de 2012 00:03

El robo a personas sube en La Mariscal

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Jueves, 18:30. La oscuridad acompaña a los transeúntes en la intersección de las calles Roca y Juan León Mera. A paso acelerado, un joven chatea en su celular. En el mismo sector, cinco personas más llevan sus móviles en mano. Y, entre los caminantes, unos 15 policías se confunden, frente al edificio de la Policía Judicial (PJ).

“Solo en esta cuadra me siento segura”, advierte una de las vecinas del concurrido sector La Mariscal. Para los dueños de cinco locales cercanos, la instalación policial ahuyenta la inseguridad.

La PJ es una de las cuatro edificaciones policiales en el sector turístico de Quito, conocido también como ‘La Zona’. Hasta el edificio de la Juan León Mera y Roca llegan detenidos por delitos, así como víctimas para denunciar. Por ese hecho, hay vecinos que piden su reubicación. “El entorno se dañó por la PJ”, dice Gladys Paz, presidenta del Comité Barrial Benjamín Carrión, a quien le inquieta el desfile de gente, amigos y familiares de presos.

El informe de la Veeduría al Sistema Penitenciario del Ecuador del 2011 establece que la PJ tiene un Centro de Detención Provisional (CDP) con siete celdas (una para mujeres) y capacidad para 80 personas. Las celdas están ubicadas en el subsuelo.

No es la primera vez que la ubicación de la PJ en esta zona considerada como turística, según la Ordenanza 236, es criticada. En junio del 2011, el alcalde de Quito, Augusto Barrera, y representantes de negocios y moradores acordaron una hoja de ruta con siete ejes estratégicos, entre ellos uno sobre seguridad.

El primer punto se refirió a la reubicación de la PJ. Daniela Heinemann, coordinadora del Grupo Zona Mariscal, asegura que esa y otras solicitudes como la implementación de una policía especializada están pendientes. El Grupo reúne a cerca de 40 empresarios turísticos.

El sector se convirtió en centralidad urbana en los 80

Para Heinemann, la PJ es un “foco de inseguridad, pero un foco menor” si se la compara con “el microtráfico, la trata de personas y los locales irregulares”.

En la av. Juan León Mera, entre las calles Pinto y Foch, a una mujer de apretadas mallas se le acerca un hombre de pantalón de vestir y chaqueta. Dan tres pasos juntos, cruzan fugazmente las manos e intercambian un paquete y dinero, antes de tomar direcciones opuestas. En la misma calle Pinto, otro joven se dispone a consumir la marihuana recién comprada a dos hombres.

El Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (OMSC) ha identificado a 51 barrios de Quito como escenarios del expendio de droga para el consumo interno. Trece de ellos son los de mayor incidencia y La Mariscal consta en el primer lugar del listado. El 2 de junio, sesenta personas fueron detenidas en el sector. La Policía dijo que las hallaron con pequeñas cantidades de droga, que se dedicaban a la venta.

¿Cómo llegó este sector a esta situación? Durante su historia, La Mariscal ha sufrido mutaciones, según Marco Córdova, investigador de la Flacso. En los años 20 y 30, emergió como un barrio residencial al que se trasladó la clase adinerada del Centro Histórico. Entre las décadas del cincuenta y ochenta, salieron del Centro las actividades comerciales y se ubicaron en el eje de la av. Amazonas, entre la Patria y la Colón.

Córdova explica que, entonces, La Mariscal se convirtió en la nueva centralidad urbana de Quito. “Las centralidades convocan mucho el delito por la gran concurrencia de turistas y personas que llegan a realizar sus transacciones”. Pero en la última década hubo otro hito: la consolidación de la plaza de El Quinde o Foch como un punto de encuentro de turistas y quiteños.

Según la Gerencia La Mariscal, en la zona actualmente operan 130 agencias de viajes; 70 entidades bancarias; entre 90 y 100 instituciones públicas; 150 centros de diversión; 800 restaurantes; 150 hostales; etc.

“Son 150 manzanas que albergan 6 500 actividades económicas”, asevera Alejandra Montenegro, titular de esa entidad municipal. Ella enfatiza: “No hemos encontrado un barrio tan densificado (con tantas actividades) en América Latina”.

160 000 visitantes y 60 policías para la vigilancia

A las 20:00, la Foch vive el movimiento nocturno. Decenas de visitantes ingresan a los restaurantes y bares. Ahí se encuentra uno de los siete ‘puntos seguros’ de La Mariscal. La noche del jueves, tres motorizados esperan bajo la carpa del puesto de auxilio policial. Dos más han pasado a gran velocidad por la calle Reina Victoria, que atraviesa la plaza.

Pero frente al puesto policial, Sandy P. dice haber sido víctima de un intento de asalto. El OMSC ha identificado a la av. Amazonas, entre Veintimilla y Colón, y a las calles colindantes de la plaza Foch, como zonas con alta incidencia de robo a personas en Quito.

Este 2012, los delitos contra las personas y la propiedad aumentaron un 32% en La Mariscal. De enero a julio hubo 1346 denuncias, frente a 995 en igual período del 2011, dice el OMSC. Las muertes violentas aumentaron este año en un 75% en el sector; de cuatro hechos entre enero y julio del 2011 a siete en el mismo lapso del 2012.

“Nos desborda la cantidad de gente que asiste a La Mariscal”, dice Montenegro. Hasta la zona rosa llega una población flotante (quienes acuden por diversión, trabajo o negocios) de 120 000 personas al día y el fin de semana esta cifra asciende a 160 000.

Sandy P. cuestiona que la presencia de uniformados disminuya en la madrugada. “Pasada la medianoche esta es tierra de nadie”, sostiene. El mayor Julio Navarrete, jefe de Operaciones de la Unidad de Vigilancia La Mariscal, asegura que ‘La Zona’“está bien atendida” en relación con el déficit de personal que afronta la Policía a escala nacional. Su unidad tiene 167 uniformados, 60 de ellos operan en las calles.

Para la funcionaria municipal, los esfuerzos no alcanzan para tener un policía por cada 100 personas “porque serían 1 600 policías”. Según Navarrete, la principal causa de la inseguridad tiene que ver con la impunidad. “El 95% de vendedores de droga al menudeo es consumidor, por lo que no pueden ser detenidos”.

21:00. A cinco calles de la PJ no hay uniformados. La mujer de apretadas mallas camina sola, y sin prisa, de una esquina a otra.

Para la prevención

El Grupo Zona Mariscal solicita que en el sector solo operen taxis legales y que las rutas hacia aparcamientos y paradas  de buses tengan resguardo policial.

Quien consume licor en las calles de La Mariscal recibe una sanción de USD 146. Para septiembre está previsto que la multa suba a USD 720.

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