3 de January de 2012 00:02

Un río, clave para el tráfico de drogas

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Por las madrugadas, en las riveras, los pobladores de Pichincha alcanzan a escuchar el ruido de las lanchas de fibra de vidrio en el río.

Las naves avanzan desde ese cantón manabita, a través de un circuito de pequeños afluentes y esteros, al río Daule. Según la Policía, esa arteria fluvial es utilizada para el transporte de droga.

“Las naves están arregladas con motores especiales para alcanzar grandes velocidades”, dice un habitante. “Nadie se atreve a salir o a preguntar por la carga que llevan. Esa gente es peligrosa”.

El cantón Pichincha tiene una extensión de 1 067,3 km². Existen apenas 17 policías para cubrir ese territorio y ellos no cuentan con el equipamiento ni recursos necesarios.

Tienen dos camionetas y dos motocicletas para los patrullajes. Les hace falta personal y lanchas para poder hacer controles fluviales en ese caudaloso río.

Esta situación es aprovechada por el crimen organizado. A lo largo del río Daule no hay controles marítimos. La droga, cocaína principalmente, llega a Guayaquil, según Inteligencia. Ahí, los narcotraficantes la almacenan o envían por diferentes puertos hacia Centro América. El destino final es EE.UU. y Europa.

En el 2011 se embargaron en el país 26 toneladas de droga, según la Dirección Nacional de Antinarcóticos de la Policía; siete toneladas más que en el 2010. Solo en Guayas se hallaron 11,6 toneladas de cocaína y se destruyeron dos laboratorios de refinación.

“El crimen organizado busca sitios alejados, con poco control y en zonas rurales para operar”, dice un agente de Inteligencia. “Tienen sicarios que hacen de custodios de los cargamentos y se encargan de eliminar a quienes se interpongan en su camino”.

En Pichincha (cantón) -agrega- las bandas no solo se dedican a un negocio ilegal, como el tráfico de drogas, sino que tratan de abarcar otras actividades que les puedan generar recursos para mantener sus estructuras.

Hasta hace dos meses, la banda de Los Choneros era la que tenía mayor presencia en Pichincha. Inteligencia sospecha que tenía vínculos con los carteles colombianos de la droga.

El grupo se creó en el 2000 y ganó terreno a través de la venta al menudeo de droga. Más tarde también se dedicó al robo de ve-hículos, sicariato y extorsión. Los envíos de droga los hacía por el puerto de Manta. Pero ante la arremetida de los carteles extranjeros, supuestamente de México, buscaron nuevas rutas para evitar confrontarlos.

Se afincaron en la zona de Pichincha y El Empalme. Ambas poblaciones limítrofes de Manabí y Guayas (respectivamente) están a solo 20 minutos de distancia en vehículo.

El 3 de octubre pasado, los principales grupos de élite de la Policía capturaron a los cabecillas de Los Choneros en Pichincha. Y en El Empalme, en cambio, los líderes de tres bandas de sicarios fueron apresados el 20 de diciembre.

Pero los integrantes de las bandas, que trabajaban para esos cabecillas, aún están libres y mantienen en zozobra a la población.

Tras los operativos no se reforzó la seguridad en Pichincha ni en El Empalme. En este último cantón hay 30 gendarmes para cuidar a una población de 74 500 personas y cinco Unidades de Vigilancia Comunitaria con uno y dos policías de turno.

“Estamos en desigualdad de condiciones”, dice un uniformado de El Empalme.

“Los sicarios tienen armas de alto poder y cualquier cantidad de gente trabajando para ellos. En una emergencia no tenemos capacidad de repuesta táctica”.

La ubicación geográfica de El Empalme también es aprovechada por el crimen organizado. Es un corazón vial que conecta, vía terrestre, con Guayaquil, Quevedo (Los Ríos) o Santo Domingo de los Tsáchilas.

Se pueden cometer delitos y escapar por cualquier vía. Eso ocurrió el 2 de agosto pasado, cuando asaltaron la agencia del Banco Nacional de Fomento de El Empalme.

Cuatro personas ingresaron a la dependencia con subametralladoras en las manos. Amedrentaron a los clientes y trabajadores; robaron el dinero de la caja fuerte y se fugaron en una camioneta por la vía que conduce a Guayaquil.

En el trayecto abandonaron ese vehículo y tomaron otro. La Policía les perdió el rastro.

Esa vía, al igual que la que conduce a Santo Domingo, es desolada. Tiene dos carriles, no ha sido iluminada y está rodeada de espesa vegetación. Apenas se ven casas en pocos tramos.

La zona es utilizaba para abandonar vehículos robados, almacenar objetos robados y también droga y armas.

El 13 de agosto del año pasado, la Policía montó un operativo denominado Independencia, en el barrio del mismo nombre en El Empalme. Se capturó a dos hombres y a tres mujeres que supuestamente se dedicaban al tráfico de armamento y municiones.

La Unidad de Lucha contra el Crimen Organizado (ULCO) estuvo tras las investigaciones de Inteligencia. El grupo de élite es experto en el combate al crimen organizado, especialmente de organizaciones del narcotráfico.

Entonces se informó que en una vivienda de los detenidos se encontró una subametralladora calibre 9 mm, Taurus, de fabricación brasileña, que es utilizada por grupos de asalto. También dos pistolas, cinco revólveres, 125 municiones y cartuchos de diferentes calibres.

Ahora, y tras los golpes de la Policía en la zona, las diferentes bandas de El Empalme y Pichincha están sin dirección.

La Policía espera que quienes quedaron libres no operen por cuenta propia o que sean reclutados por otras bandas que siguen delinquiendo en la zona. “El peor escenario es que los carteles extranjeros de la droga aprovechen el momento para enfilar a los sicarios y comiencen a tomar el control del sector”, dice un agente.

Los crímenes

En el cantón Pichincha  (Manabí) hubo seis asesinatos en el 2011, según la Policía Judicial del comando sectorial. Son cinco menos que en el 2010. No todos los casos fueron denunciados.

La mayor parte de  crímenes se cometen en el sector rural, donde las personas tienen armas sin permisos. Los asesinatos son el delito más recurrente.   
 
Uno de los crímenes que  causó mayor conmoción se produjo en marzo del  2010. Entonces,  el cadáver de una  concejala alterna del cantón apareció en el sector Los Ángeles (Los Ríos). Estuvo desaparecidos  12 días.     

Tras el fallecimiento  de la concejala del Partido Roldosista Ecuatoriano, en  Pichincha, la Policía y el Ministerio del Interior ofrecieron reforzar el comando sectorial en la zona. Pero hasta ahora no se ha cumplido.

En el cantón  hay un  fiscal que se encarga de oficiar los casos. Y también dos jueces; uno especializado en lo civil y otro en  lo penal, aunque actúan como  multicompetentes.

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