1 100 puestos de vacunación contra covid-19 habilita…
‘Termine de bañarse’: jueza regaña a abo…
Lluvias se prevén para las tardes del feriado quiteño
Guarderas dice que, si continúan desmanes, analizará…
Feria de emprendimientos se desarrolla en el parque …
Municipio de Quito ofrece disculpas por bus con gotera
Operativos de control se intensifican en la Shyris y…
Impresionantes imágenes por erupción de volcán Semer…

El rescate del Presidente tuvo en vilo a 72 pacientes del Hospital de la Policía

En el área de Emergencia del Hospital de la Policía aún no se habían reportado novedades. Los médicos y enfermeras estaban pendientes de lo que ocurría con el presidente de la República Rafael Correa, quien minutos antes había llegado al Regimiento Quito 1 para dirigirse a un grupo de policías insubordinados.

Por televisión se había transmitido en vivo cómo el Mandatario, con micrófono y desde una ventana, explicaba a los policías que el Gobierno apoyaba a la Policía y que no iba retirar los beneficios, y que una muestra de ese respaldo era la mejora salarial del 2008.

“Eso hizo Lucio, eso hizo Lucio”, se escuchó de entre la multitud y luego eso se repitió en coro. El Presidente guardó silenció y enseguida mencionó que  eso indicaba que el ex presidente Lucio Gutiérrez estaba detrás de esa revuelta.

Sin lograr que los uniformados  depongan la protesta, el Presidente intentó abandonar el Regimiento en medio del  asedio de una marea de uniformados a pie o en motos. Solo luego de despejar el paso con gran cantidad de gas lacrimógeno, su escolta logró trasladarlo hacia la parte posterior del Hospital de la Policía.

El alboroto en el patio y en la entrada principal alertó a médicos y enfermeras de Emergencia. Eran las 10:30 y el presidente Rafael Correa  con el rostro desencajado y a punto de desfallecer. 

Por la inhalación de abundante gas lacrimógeno,  presentaba  síntomas de asfixia, insuficiencia respiratoria, eritema facial, lagrimeo. Además, tenía la presión arterial y  una frecuencia cardiaca muy irregulares.

Enseguida y durante alrededor de 45 minutos recibió los primeros auxilios en Emergencia. El grupo médico encabezado por Fernando Erazo, jefe de Control del hospital policial, administró al Presidente oxígeno por bigotera (mascarilla), ventilación e hidratación mediante  suero oral.

Una enfermera, que prefirió proteger su identidad por temor a represalias,  recordó que el Primer Mandatario casi no articulaba palabras. 

Aunque al principio insistió   que lo trasladen al Palacio de Carondelet, el Presidente accedió a que lo internaran en el hospital policial. Los médicos recomendaron   que eso era necesario para controlar el estado de su salud y de la cirugía de su rodilla derecha. Hace dos semanas fue operado y aún utiliza apoyos para caminar. Igual recomendación  hizo su escolta, como medida de seguridad.

Personal médico y de seguridad lo subieron en camilla hasta el área de Hospitalización,  en el tercer piso. Lo alojaron en la habitación 325, destinada para atender solo  a los generales de la Policía y ubicada en el ala occidental.

Como medida de seguridad, ese sector quedó restringido incluso para enfermeras y médicos del hospital.

En ese momento, en las otras salas del piso estaban internados unos  30 pacientes con diferentes dolencias  y un total de 72 en toda la casa asistencial de la Policía.

Solo a través del personal de seguridad y asistentes se sirvió algo de comida   para el Presidente y para las personas de seguridad que lo acompañaban.

Desde la ventana de la habitación  se aprecia una vista panorámica, en especial de la avenida Mariana de Jesús que está al costado norte  del edificio y que fue el escenario de las protestas y enfrentamientos. 

La  ubicación de la sala  incluso permitió ver  cómo,  desde  las 13:00, algunos uniformados empezaron a agredir con insultos, golpes y puntapiés a varios transeúntes sin importar la edad y en qué condiciones estaba.

En reiteradas ocasiones se vio cómo algunas personas eran rociadas en sus rostros con gas pimienta. Una de ellas fue la asambleísta de País, Irina Cabezas, mientras intentaba entrar al hospital para unirse al Presidente.

Frente a  ese ambiente exacerbado, Rafael  Correa fue trasladado a la sala 308, ubicada en el otro costado. Allí el Presidente se mantuvo casi hasta el momento de su salida, acompañado por su escolta y algunos allegados.

Además fue atendido por Pablo Ramos, especialista que operó su rodilla derecha. Había llegado para comprobar si no sufrió lesiones en esa parte del cuerpo luego de la forzada caminata, los empujones y golpes que recibiera el Presidente en el Regimiento. El médico aprovechó para   extraerle  los puntos de   sutura de la operación.

El Presidente no aceptó ser atendido por alguno de los cinco médicos de traumatología del hospital policial. Tampoco se le dio algún medicamento. Solo tomó antiinflamatorios, que guardaban sus asistentes médicos. 

La habitación 308 también  fue sitio para recibir a sus coidearios como el canciller Ricardo Patiño y el asambleísta   César Rodríguez. Estos lograron ingresar al sitio a las 15:45 entre empujones y prepotencia, incluso tumbaron la puerta principal de Emergencias.

Adicionalmente, fue el espacio para las negociaciones en tres ocasiones y en diferentes momentos con delegados de los miembros de tropa y una última, entre las 17:00 y 18:00, con los oficiales de la Policía.

Cada delegación salía en busca de los uniformados insubordinados para explicar los alcances de las negociaciones. Pero ninguno logró convencerles, por lo que las protestas no paraban.

La cama de una plaza y el resto de muebles desacomodados y el colchón sobre el piso se mantenían el viernes como evidencia del alboroto que hubo allí.

Aunque durante la balacera, para mayor seguridad se trasladó al Presidente hacia Neonatología, en la parte posterior del edificio. En ese momento, allí estuvo hospitalizado un recién nacido.

En tanto, los pacientes, médicos, enfermeras y más que permanecían allí vivían escenas de pánico.  Los gritos de susto se mezclaron con el ruido por el impacto de los proyectiles y romper de vidrios de las ventanas.

Esas son las imágenes que el viernes recordaba Diego Chiluisa, un uniformado que estuvo hospitalizado en la sala 310 desde el miércoles por una operación de ligamentos.  “Apenas atinamos a lanzarnos de prisa al piso como si estuviéramos en una guerra para salvar de morir en medio de las ráfagas”. Entre unos y otros se ayudaron para salir hasta el pasillo y refugiarse de las balas. 

La mayoría de habitaciones frontales presenta  agujeros en las paredes o tumbados producto del impacto de los proyectiles que atravesaron ventanales y cortinas. Puertas destruidas y ventanas de vidrio convertidas en granito también evidencian el destrozo y el  eminente  peligro al que también estuvieron expuestos los 72 pacientes y el personal médico.

Ellos tuvieron que soportar un ambiente   tenso con agentes de seguridad y gente allegada al presidente Correa  que iban y venían  por los pasillos.

Aun así el personal médico continuó atendiendo  a los pacientes A tal punto que desde las 14:00 empezaron a llegar los primeros heridos al área de Emergencias.

El primero fue un policía que      atropellado por un  camión, cuyo conductor en el intento por huir invadió el carril derecho de la avenida Mariana de Jesús y fue perseguido por varias motopatrullas hasta ser detenido.

El policía aún seguía ayer en la Unidad de Cuidados Intensivos con pronóstico reservado.

También trataron de  salvar a Froilán Jiménez, miembro del GIR, que fue impactado por un proyectil durante el rescate al Presidente. Pero fue infructuoso el intento médico.

Ni el personal   administrativo pudo    retirarse, ya que la salida estaba y  las calles de acceso  estaban bloqueadas por los enfrentamientos. Solo ante el cese del fuego   retornaron a sus hogares, tras vivir una pesadilla.

Suplementos digitales